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Destete, con mucho amor

6 minutos

Además de alimento, el pecho es un estímulo para el cerebro del bebé, una muestra de nuestro amor incondicional, un encuentro íntimo. ¿Cómo dejarlo sin perder estos beneficios?

Destete, con mucho amor

Todo es nuevo para la madre primeriza. Apenas está asimilando los cambios que implica la llegada de un hijo, y ya empieza a escuchar los consejos de las madres «experimentadas» de su entorno: «Que si el bebé llora porque se queda con hambre, que si tu leche no alimenta y es mejor darle biberón, que hay que abandonar la lactancia materna cuando se cae enferma...». ¡Son solo rumores! No existe prácticamente ninguna situación que obligue al destete (exceptuando algunos casos excepcionales de galactosemia, una intolerancia del bebé a un azúcar presente en la leche materna), ni siquiera por enfermedad de la madre o ingreso hospitalario. Hay muy pocos medicamentos contraindicados con la lactancia porque la cantidad que llega al bebé es mínima y, además, en muchos hospitales se permite el ingreso conjunto de madre e hijo.

Aun así, si las circunstancias imponen un destete en los primeros días de vida del bebé, el ginecólogo puede recetar unas pastillas que cortan la producción de la leche.

Antes de los cuatro meses: Sin sentimiento de culpa

Cuando el bebé cumple los tres meses, suele producirse un proceso que se conoce como « crisis de lactancia». Los pechos dejan de gotear y amanecen hinchados y duros si no se ha alimentado al pequeño de noche (a esta edad, muchos ya duermen seis horas seguidas). Además, el niño que antes tardaba de 15 a 20 minutos en mamar, ahora apenas está cinco minutos. Así que la madre, en vez de pensar que su pecho se está adaptando y que el niño ha crecido y saca la leche en menos tiempo, cree que se ha quedado sin leche o que esta no alimenta, un rumor muy extendido por otras madres.

Todo esto ocurre justo cuando la atribulada mamá está pensando que en unas semanas tiene que reincorporarse al trabajo. La consecuencia es que muchas mujeres abandonan la lactancia porque creen que es incompatible con la vida laboral, lo cual no es cierto, pues hay muchas soluciones para dar el pecho y trabajar. En cualquier caso, es la mujer la que decide según sus necesidades.

  • Si se opta por el destete, lo mejor es hacerlo poco a poco, así resultará más fácil para los dos. Por suerte, a un niño de pocos meses es más fácil destetarle porque aún no cuenta con «herramientas» para resistirse, solo el llanto (y se le puede calmar de muchas otras formas).
  • Conviene ir sustituyendo las tomas de forma gradual y de una en una en las tres semanas previas a la incorporación al trabajo. De esta manera, el organismo de la madre va reduciendo la producción láctea poco a poco y se evitan las molestias que suelen acompañar a un destete brusco. Se puede quitar una toma y cambiarla por un bibe con leche de fórmula y seguir con esta rutina varios días. Y una vez asentado el cambio, se retira otra toma. Esta opción es también la más respetuosa con los ritmos del bebé.
  • El organismo materno va asumiendo poco a poco los cambios para reducir la producción láctea o cesarla del todo en el caso de que el destete sea total. Hay que evitar extraer la leche en la medida de lo posible y hacerlo únicamente cuando la acumulación en el pecho produzca incomodidad, sacando solo la cantidad necesaria para aliviar las molestias. Si se saca leche hasta vaciar el pecho, se estimula la producción y, por tanto, se consigue el efecto contrario.
  • Tanto ahora, como si el destete se produce más adelante, puede ser útil ponerse en contacto con un grupo de apoyo a la lactancia. Nadie mejor que otras mamás que ya han pasado por ello para resolver las dudas que surgen y, sobre todo, para ayudarnos a afrontar el sentimiento de pérdida o culpa que puede aparecer por destetar al bebé y encima tener que «abandonarle» para volver a trabajar.
  • ¿Cómo compensarle? Dedicándose a él en exclusiva al volver a casa, respondiendo a sus necesidades, colmándole de tiempo, miradas, atenciones, mimos... Si mamá tiene claro que cuando está con su hijo no hay nada más importante que nutrirle de caricias, el trabajo no será un obstáculo en el vínculo amoroso entre los dos.

A los seis meses: Juegos cómplices

Cuando el bebé cumple el medio año de vida, podemos empezar a ofrecerle otros alimentos además de la leche. Llegado este momento, algunas madres que han tenido problemas para compaginar el pecho con la vida laboral deciden destetar. También en esta etapa es conveniente hacerlo de forma gradual, sustituyendo unas tomas por alimentos y otras por leche de fórmula, preferiblemente en vaso, hasta que se abandone totalmente el pecho.

Es posible que el cambio no sea fácil para el bebé, por lo que es lógico que se muestre más demandante cuando mamá llega a casa y que lo demuestre con rabietas o durmiendo peor por la noche. Hay que aceptar su forma de expresar las emociones con paciencia y mucho cariño, para ayudarle a comprender que mamá sigue cuidando de él.

Lo importante es que una vez tomada la decisión de destetar, ella esté convencida de que es la mejor opción y no titubee, así el bebé se seguirá sintiendo tranquilo y a salvo.

A partir del año: No negar, no ofrecer

Los niños se suelen destetar por sí solos entre los dos y los cuatro años. Durante este periodo, la mayoría de las veces maman solo un poco, por una cuestión de apego más que nada.

Eso sí, cuanto mayor es el niño, más se va a resistir a dejar la teta si no es por iniciativa propia. A partir del año, si quiere comer va a levantar la camiseta de mamá y la va a pedir. Y es la madre la que tiene que decidir si se la da o no y cómo contarle su decisión. El niño necesita saber qué va a pasar para sentirse seguro. Podemos explicarle, con palabras que entienda, «que ya no hay más leche en la teta de mamá, que necesita otra comida que también está muy rica y así se hará más grande». Habrá que negociar con él y compensarle ofreciéndole en su lugar otras cosas que le gusten (por ejemplo, un masajito).

Una estrategia que se suele utilizar con los niños mayores es «no negar, no ofrecer». Se le puede dar el pecho en cuanto lo pide, porque retrasarlo o evitarlo provoca que lo busque con más entusiasmo. Pero al mismo tiempo, hay que identificar los momentos en los que lo pide sin hambre y tratar de evitarlos, haciendo alguna otra actividad que no le haga pensar en el pecho. No ofrecer significa no recurrir al pecho para tranquilizarle o ayudarle a dormir y utilizar otro tipo de mimos en su lugar. Una vez que el pecho deja de ser un objeto de consuelo y solo es un alimento, es más fácil retirarlo.

Y en cualquier caso, sea cual sea la edad del niño o los motivos que llevan al destete, en todo lo relativo a la crianza de nuestros hijos es importante dejarse guiar por el corazón y no seguir ningún consejo ni propuesta al pie de la letra, porque al fin y al cabo somos nosotros los que día a día construimos su camino junto a ellos.

 

 

Etiquetas: lactancia

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