La risa de los bebés

¿De qué se ríen los bebés?

¿Hay algo más bonito, tierno y contagioso que la risa de un bebé? No se nos ocurre nada mejor. Da igual cómo sea esa risa, lo que está claro es que nos provoca la misma reacción, pero, ¿de qué se ríen los bebés?

La sonrisa del bebé es, desde el principio, una herramienta de comunicación muy importante mediante la que los peques pueden hacernos saber cómo se sienten. También es un mecanismo de supervivencia: cuando el bebé sonríe durante las primeras semanas esa sonrisa funciona como un reclamo para atraer a la madre y que esta esté cerca, garantizando la protección del bebé.

Evolución de la sonrisa

Durante las primeras semanas de vida, la sonrisa del bebé es refleja, es decir, no tiene una intención detrás y suelen producirse durante el sueño.
Después, entre la cuarta y la quinta semana ya pueden empezar a parecer las sonrisas sociales, que aparecen ante el estímulo del padre, la madre u otro adulto. El rostro se ilumina, los ojos brillan y se producen estas risas que son reacciones ante un estímulo o acción externa.

Cuando tienen unos cuatro meses ya empiezan a aparecer risas más sonoras, una especie de sonidos y grititos que poco a poco irán siendo más parecidos a carcajadas.

Alrededor de los seis meses las sonrisas y risas son específicas y selectivas, distinguen los rostros familiares y suelen reservarse la mayor parte de las risas para ellos. Empiezan a distinguir entre rostros conocidos y extraños, por lo que las risas a extraños suelen ser menos frecuentes.

No obstante, siempre hay que recordar que estos hitos son aproximados y que cada niño tiene su propio desarrollo evolutivo, por lo que no hay que preocuparse o desesperarse si sus risas tardan un poco más en llegar. Es fundamental respetar el ritmo de cada niño.

¿Qué hace reír a los bebés?

Los primeros sonidos que suelen provocar las risas del bebé son los sonidos, como por ejemplo el de la pedorreta, todo un clásico que no suele fallar.

Hay un factor clave para desencadenar la risa de los peques: la sorpresa. En general, lo inesperado, acompañado de gestos y movimientos suele provocar sus risas.

El juego del cucu-tras es otro ejemplo perfecto que suele provocar las risas de los peques porque cumple con todos esos requisitos: tiene movimiento, sonido, crea tensión antes de la sorpresa final y es repetitivo, por lo que el bebé entiende rápidamente el proceso y se mantiene en tensión esperando el resultado. Entre los seis y los ocho meses este tipo de juegos son especialmente divertidos.

Hay otro infalible: las cosquillas. Suelen ser eficaces a cualquier edad, pero siempre hay que realizarlas con suavidad, adaptadas a la edad del bebé y eligiendo bien el momento para que resulte un estímulo agradable.

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Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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