Ser Padres

Consejos para evitar la deshidratación por el calor

Cada inicio del verano es necesario recordar cuáles son los hábitos de sencilla aplicación que resultan decisivos para proteger la salud de los más pequeños en los meses del año con temperaturas altas.

Los seres humanos no podemos vivir sin agua. No hace falta ser un científico para saber que es la necesidad número uno de la lista, y que sin ella no sería posible que el equilibrio del organismo fuera tan perfecto como él. Hidratarse es absolutamente imprescindible en cualquier momento del año, pero más si cabe durante el verano, donde las consecuencias del calor pueden derivar en una deshidratación.
Es muy importante ser responsables con uno mismo en este tema: llevar una botella de agua a mano durante el verano siempre es una buena idea, por ejemplo. Pero lo es todavía más si tienes hijos o hijas a tu cargo. Por lo general, ellos demandarán mucha más agua durante el verano porque la sensación de sed aparecerá de forma acuciada en ellos, pero si están entretenidos con alguna tarea o simplemente no tienen esa sensación acuciante de sed, no pedirán beber. Por eso, es necesario que de vez en cuando les invitemos a hacerlo.
Este es el primer gran consejo para evitar la deshidratación por el calor en los niños: ofrecerles agua -no otro tipo de bebidas, especialmente no naturales- sin esperar a que ellos la pidan. No hay que esperar a tener sed para hidratarse. En el caso de los bebés que están todavía en el período de lactancia exclusiva, el consejo es extrapolable: hay que ofrecerles el pecho más a menudo, incluso si ellos no lo piden, para que se mantengan hidratados.
No os olvidéis de este consejo en los viajes largos en coche, muy habituales en esta época del año. En ocasiones, tendemos a querer llegar antes y no paramos lo suficiente y lo aconsejable en estos casos, y eso puede tener consecuencias en los peques, que además siempre pasan más calor por viajar en las sillas de seguridad.

La alimentación es clave

Es importante además insistir a los niños y niñas en que el agua se bebe de forma gradual y no toda de golpe. Ellos cuando tienen sed se beben lo que les pongamos delante, pero lo recomendable es beber poco a poco que no hacerlo todo a la vez y luego no beber en demasiado tiempo.
Además, la dieta es un gran aliado para evitar la deshidratación. El ser humano ingiere agua sobre todo de forma directa pero también a través de alimentos ricos en ella, como es el caso de las verduras y de la fruta. El melón, la sandía, la nectarina, el paraguayo (o paraguaya según para quien) son frutas ideales para complementar la dieta en verano porque además de sus valores nutricionales sobresalientes son una fuente natural de hidratación.

Hábitos aconsejables

Por supuesto, es aconsejable también mantener buenos hábitos en lo que respecta a la protección de la exposición directa al sol en verano. El golpe de calor es una de las grandes consecuencias de no tenerlos, y este está muy relacionado con la deshidratación. Mantenerse en lugares frescos y a la sombra; evitar el sol en las horas centrales; llevar ropa cómoda, ligera y holgada; proteger la cabeza del sol directo; evitar la actividad física en las horas de más calor, etcétera, son detalles que pueden incidir directamente en un cuadro de deshidratación.
Y entre estos últimos, conviene destacar aparte la protección de la piel. No porque sea más importante que algunos de los hábitos recién mencionados, sino porque mucha gente no sabe que no protegerla puede estar relacionado también con la deshidratación. Esta afecta a nuestra piel porque provoca sequedad y acelera la evaporación, de manera que es aconsejable aplicar protector solar también para evitar el aumento de la temperatura de la dermis.
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