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Así fomentarás el sentido del humor de tu bebé

Reír y provocar risa es uno de los mejores inventos para socializar y lidiar con situaciones difíciles. ¿Qué hace reír a tu chiquitín?

Así fomentarás el sentido del humor de tu bebé

Un niño con sentido del humor es más capaz de hacer amistades duraderas, ser querido por sus iguales y extender ese buen rollo a sus relaciones adultas para administrar con mayor éxito las frustraciones, evitar los conflictos y, en definitiva, sufrir menos y disfrutar más. Además, el sentido del humor está relacionado con la inteligencia, la autoestima, la creatividad y la resolución de problemas.

Al principio ¡plaf!, ¡bum!, ¡cu-cu!

En los primeros meses la risa de los bebés es estimulada con juegos físicos (cosquillas, etc.,) pero muy pronto, a los seis o siete meses, cuando los bebés empiezan a entender un poco el mundo que les rodea, les encanta ver lo conocido dado la vuelta, es decir, comienzan a disfrutar de la esencia misma del humor.

“Cuando Ariel cogió su biberón de agua y simuló beber por la oreja, casi me caigo de la risa”, cuenta Paloma, mamá del pequeño de 18 meses. “Al ver mi reacción él también se rió y parecía muy complacido con su nueva habilidad.”

Cuando los pequeños “pillan el chiste” es una señal clara de que están desarrollando habilidades intelectuales importantes. Por eso es buena idea celebrar sus risas. Antonio, padre de dos pequeños, comparte un truco infalible: “Dar palmas equivocadamente o ir más allá, coger un muñeco y hacer que de palmas al ritmo de una canción y entonces se equivoque. Una vez conocido el truco, la anticipación de la torpeza les encanta.”

Guapo como el padre, gracioso como la madre…

Los papás y mamás que se ríen fácil y frecuentemente con sus hijos entienden que el humor es una herramienta sin igual a la hora de relacionarse con sus pequeños, y muy útil también para imponer disciplina evitando el conflicto.

Además, la complicidad que crean las risas y los buenos ratos es una especie de lenguaje íntimo: “Yo suelo llamar a mi hija Martina como si fuera Robin Hood de los bosques, fingiendo que mi mano es un cuerno y haciendo “tu, tu, tuuuu”. Ahora Martina, que ya tiene un año y ocho meses, cuando quiere que me acerque a ella o quiere pedirme algo, hace el mismo movimiento y sonido, algo que sólo nosotras entendemos y nos hace mucha gracia,” explica Celia.

¿El sentido del humor puede ser aprendido o es heredado, como el color de los ojos?

Algunos niños parecen haber nacido con un carácter chispeante y positivo y otros en cambio parecen serios y graves desde chiquitines, sin embargo los expertos en psicología infantil afirman que el humor puede ser enseñado y aprendido. En esto se parece a un músculo que debe ser trabajado regularmente. Y no se trata de apuntar al peque a un curso de monólogos para bebés… el truco: ser su mejor modelo. Esto no quiere decir añadir a la ya difícil tarea de ser padres la obligación de ser graciosos -8 de la mañana, preparar tostadas con cara de payaso, 10 de la mañana, contar un chiste de monos, 3 de la tarde “tropezar” con una farola…-. Es mucho más sencillo y liberador: permitirnos hacer el tonto (sí, eso que nos pide el cuerpo a veces y nuestro mundo adulto nos coarta).

Sin prisa (pero con risa)

Lo bueno de la paternidad es que tenemos años para desarrollar nuestro propio sentido del humor mientras nuestro público crece: podemos empezar con un material sencillo de humor físico cuando son bebés, para luego pasar a cantar “Que llueva, que llueva” con una ridícula voz de pato, continuar con una escena en la que nos ponemos un zapato en la cabeza y un sombrero en el pie.

La casa familiar no tiene que convertirse en un programa de comedia pero conviene recordar que ser padres no tiene que ser grave –con tanto consejo sobre cuándo comenzar a usar el orinal, reglas sobre el uso del chupete…- y que hay mucho espacio para el juego y la diversión.
"Mi hija Violeta es una gran imitadora,” dice Estíbaliz, “nos dimos cuenta hace poco cuando le dijo a su muñeca ‘cuuchi-cuuchi, mi bombón’ en su lengua de trapo y nos miró expectante. Mi marido y yo no podíamos creer que imitase con esa precisión a su abuela, ¡nos dio una risa!, y a ella también, claro. Y es que su padre es un gran imitador, la imita a ella chupando su chupete y poniendo los ojos en blanco (Violeta se parte al verlo), a mi tecleando rápida y concentradamente en el ordenador…”.

Asesorado por Imma Abad Algarra, psicóloga infantil

 

Etiquetas: autoestima, bebé

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