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Sillas a contramarcha: mitos y verdades

Se han creado en torno a este producto de seguridad vial falsas verdades alimentadas porque son argumentos que los adultos invocan para autoconvencerse de que es mejor para sus hijos viajar a favor de la marcha cuando todos los expertos en seguridad vial recomiendan justo lo contrario.

Silla a contramarcha (Foto: iStock)
Silla a contramarcha (Foto: iStock)

Con las sillas a contramarcha pasa como con los cascos de la bicicleta: los adultos anteponemos nuestra visión, con nuestros prejuicios y las conclusiones que obtenemos de nuestra propia experiencia, a las recomendaciones de los expertos.

Por el mismo motivo que muchos padres dejan que sus hijos no usen el caso con la bici o el patinete, por la supuesta incomodidad que conlleva, damos la vuelta antes de lo aconsejable en el coche a los peques. “Es que como van a ir con las piernas encogidas”, “Es que así no pueden hablar durante los viajes”, “Si es que no cabe”... son algunos de los argumentos que llevan a poner a los peques de cara al sentido de la marcha a partir de los 15 meses de edad, pero la realidad objetiva, en la que coinciden todos los expertos en seguridad vial, es otra: cuanto más tiempo viajan a contramarcha, mucho mejor. 

Así lo recomiendan instituciones como la DGT, los cuerpos de bomberos autonómicos o la Guardia Civil, que además hacen esfuerzos constantes por educar a la población sobre los mitos y verdades que se han extendido entre la opinión pública sobre las sillas a contramarcha. 

Mayor seguridad

Por ejemplo, insisten en que no se han registrado roturas de piernas o lesiones graves en bebés que viajan a contramarcha por la postura. En todo caso, de producirse en un accidente, las lesiones siempre serían menos graves que las que puede sufrir un niño que viaja en el sentido de la marcha porque la propia inercia del golpe y la dirección podrían hacer que saliera disparado o por lo menos que el tirón cervical sea mucho más agresivo. El porcentaje de lesiones graves en caso de accidente por ir a contramarcha se reduce en un 90%. 

También explican que es falso que estas sillas ocupen más que las tradicionales. Esto lo puede comprobar cualquier persona en su propio coche si tiene la oportunidad de comparar un modelo a contramarcha y otro que no lo sea dentro del mismo grupo. Es más, en un alto porcentaje de casos es más sencillo anclar las que van a contramarcha, y por lo tanto más rápido, ya que se apoyan en el suelo y eso da una estabilidad suficiente a la silla para que con los dos puntos de anclaje del sistema Isofix el bebé vaya muy seguro en el vehículo. 

Mitos que desmontar

Un tercer mito que no es otra que una excusa para autoconvencernos de llevarles a favor del sentido de la marcha es que se marean, que es una teoría que se desmonta por sí sola porque los bebés hasta los 15 meses viajan en todo caso a contramarcha. Es decir, no conocen otra cosa. Pasa como con los yogures azucarados y los que no lo son: no necesariamente les gustan más los primeros solo por el hecho de que tú creas que será así. Pues en el caso de las sillas es todavía más sencillo ya que ni siquiera tiene por qué haber probado ir hacia delante cuando llegue el momento de escoger cómo llevarle. 

Y, por cierto, tampoco son más caras, o al menos no hay un salto cualitativo entre modelos de sillas, sino que las diferencias de precios radican más en otros detalles, como el nombre del fabricante. 

Menor interacción con el niño

Dentro de las pocas verdades que sí son ciertas con respecto a viajar de espaldas al conductor es que, evidentemente, la interacción es menor. Pero no quiere decir que el niño se vaya a aburrir porque puede ir haciendo más o menos lo mismo que haría dado la vuelta solo que desde otra perspectiva. Además, podéis colocar un espejo portátil de manera que os vea y que vosotros le veáis a él cuando el tráfico esté detenido para tener contacto visual de vez en cuando durante el trayecto. 

Por lo tanto, es apabullante la lista de argumentos a favor de que los niños viajen a contramarcha durante los primeros años de su vida con respecto a la lista de razones para que no lo hagan. Y, además, daría igual que no lo fuera porque el primer argumento, el del riesgo de lesiones graves en caso de accidente que aportan los estudios realizados entre ambos tipos de sillas, es más que suficiente para ni siquiera tener en cuenta opciones que al lado de la salud son nimiedades. 

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