Anorexia del lactante o anorexia del primer año: ¿qué es y cómo se trata?

¿Has oído hablar de la anorexia del lactante o del primer año? ¿Sabes cómo puede tratarse y cómo afecta al bebé? Resolvemos todas las dudas de la mano de los expertos.

El término anorexia significa rechazo de alimentos por ausencia de hambre o apetito. La negativa del niño a comer en algún momento de la infancia suele ser normal y puede deberse a una enfermedad subyacente, a un problema de aprendizaje, de conducta o bien ser un problema transitorio sin importancia relacionado con alguno de los factores referidos.

Suele ocurrir en torno al año de vida y, con mucha frecuencia, poco después de que el niño empiece a desplazarse caminando. Lo que muchos padres expresan en ese momento es que, su hijo, que antes comía bien, sin signos de ninguna enfermedad que le impida hacerlo, ha pasado a comer mucho menos que antes y se está volviendo cada vez más selectivo con la comida.

La anorexia del lactante entraría en la categoría de los problemas de aprendizaje alimentario y los niños manifiestan conductas no deseadas, pero que característicamente no ocasionan una malnutrición. Esto implica que el desarrollo ponderoestatural del niño y su desarrollo psicomotor va a ser normal, por lo que, desde el punto de vista médico, no preocupa al pediatra.

Causas de la anorexia del lactante

  • La más frecuente es la anorexia reactiva o conductual. Aparece entre los 6 meses y los 2 años, y se presenta exclusivamente con determinadas personas o situaciones. El niño rechaza comer con alguna persona o algún alimento concreto.
  • También puede aparecer durante el destete tras retirar la lactancia materna y comenzar con la alimentación complementaria. Aparece típicamente entre los 5 y los 7 meses porque el lactante siente frustración. El niño suele comer bien, salvo con la madre, haciéndose patente este conflicto.
  • Otra causa muy frecuente es una apreciación errónea por parte de los progenitores cuando no se tiene en cuenta la proporción de peso ingerido de comida y el peso corporal. Esto es, comparar el tamaño de la comida en el plato del niño con respecto al de un adulto sin ponerlo en relación con el peso corporal del menor.

Cuando el niño está bien alimentado y ya con una dieta completa, la comida y su interés por ella pasan a un segundo plano. Además, cuando es capaz de desplazarse, su prioridad absoluta es explorar, por eso para los padres supone un auténtico problema sentar a su hijo a comer. Ante esta pérdida de interés, es frecuente que los progenitores empiecen a ofrecer al niño distintas alternativas, interpretando que lo que le han dado en un principio no le gusta.

Empiezan también a entretenerlo con contenidos audiovisuales para que coma. Haciendo ofertas antes o después, llegan a alimentos ricos en azúcar, de absorción fácil, que generan en el cerebro del niño una descarga de endorfinas muy potentes, con una sensación de placer claramente superior a la de otros alimentos. El menor empieza a volverse selectivo, rechazando, ya sí de forma activa, los alimentos que menos suben el azúcar y aceptando los que tienen más concentración, más aún si son fáciles de tomar y compatibles con seguir explorando sin sentarse a la mesa. El resultado es un empobrecimiento evidente de la dieta, desplazándose hacia alimentos que, si se mantienen en el tiempo, van a generar:

-Carencia de micronutrientes por escasa variedad de la dieta.

-Tendencia al sobrepeso: no es raro que, desde este momento, el niño vaya subiendo claramente percentiles y a los 2-3 años acuda a la consulta un bebé con claro exceso de peso, cuyos padres traen porque come poco.

Estreñimiento, ya que estos alimentos ricos en azúcar favorecen su absorción, llevando a un endurecimiento de las heces.

La relación del niño con la comida ha empeorado de forma clara. Es un suplicio sentarle a comer, se le convierte en un comedor pasivo y, en muchos casos, genera conductas de evitación de la comida, como claras rabietas cuando se le sienta o manifestar dolores de barriga cuando se le insiste para expresar que no desea comer más. Si estas conductas persisten en el tiempo, pueden condicionar un estado de enfermedad y problemas de crecimiento, dejándose de encuadrar dentro de la categoría de los problemas de aprendizaje alimentario.

Artículo asesorado por Dr. Alejandro López Escobar, coordinador del Servicio de Pediatría del Hospital Vithas Madrid La Milagrosa. Unidad de Investigación Clínica. Fundación Vithas y Dr. Jesús Garrido García, responsable de la Unidad de Pediatría del Hospital Vithas Granada. Creador de mipediatraonline.com

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