Enfermedades infantiles

Botulismo infantil: qué es, causas y tratamiento

Aunque poco común, el botulismo es una enfermedad infantil que puede volverse grave, especialmente si no es tratada rápidamente (o debidamente). Por suerte, es fácil de evitar y de prevenir.

El botulismo infantil es un tipo específico de esta enfermedad que únicamente afecta a los bebés hasta la edad de aproximadamente 1 año de edad. De hecho, existen diferentes tipos de botulismo, que incluyen el botulismo transmitido por alimentos, por inhalación, los que se transmiten a través de heridas y el botulismo propiamente infantil. En esta ocasión, precisamente, vamos a descubrir un poco más acerca del botulismo en niños.

Cada variedad proviene de una cepa de bacterias conocida científicamente bajo el nombre de Clostridium botulinum. Y aunque la enfermedad consiste originalmente en una afección o condición, por lo general bastante rara, es potencialmente mortal, necesitando tratamiento médico inmediato.

¿Qué es y en qué consiste el botulismo infantil?

El botulismo infantil consiste en una infección bacteriana rara, la cual se desarrolla en el intestino grueso de los bebés. Se desarrolla a partir del momento en el que el bebé ingiere las esporas de una bacteria llamada Clostridium botulinum, que por lo general tienden a estar presentes tanto en la miel como en el suelo.

Cuando la condición se desarrolla causa debilidad muscular, pudiendo provocar a su vez dificultades para comer y respirar con normalidad. De hecho, si los médicos detectan la afección a tiempo, es posible aplicar un tratamiento médico de éxito, evitando los efectos negativos que suelen surgir luego en el niño a largo plazo.

¿Cuáles son las principales causas del botulismo infantil?

El botulismo infantil ocurre cuando un bebé ingiere esporas de la bacteria C. botulinum, la cual aunque tienden a estar presentes en el suelo, y ocasionalmente en productos sin lavar, la forma más común se produce cuando un bebé entra en contacto con la bacteria después de haber consumido miel.

Antes de cumplir su primer cumpleaños, el sistema digestivo del bebé aún no se ha desarrollado lo suficiente como para poder hacer frente a la presencia de bacterias dañinas. De ahí que los bebés tengan riesgo de sufrir botulismo infantil antes de que alcancen aproximadamente el primer año de edad.

Los niños más mayores, así como los jóvenes y los adultos, aún cuando ingieran la bacteria su sistema digestivo es capaz de eliminarla antes de que tenga la oportunidad de secretar la suficiente toxina como para poder causar la enfermedad.

¿Qué síntomas produce el botulismo infantil?

Uno de los primeros síntomas de botulismo infantil es el estreñimiento. Pero, como es de imaginar, en muchísimas ocasiones no se convierte en un buen indicador de la presencia de botulismo, dado que, en realidad, son muchos los factores que pueden ocasionar estreñimiento en los bebés (y no necesariamente signifique que el bebé tenga botulismo).

Por este motivo, es en realidad poco probable que un bebé con estreñimiento requiera un tratamiento de emergencia.

Por este motivo, es en realidad poco probable que un bebé con estreñimiento requiera un tratamiento de emergencia.

Sin embargo, a medida que el bebé sí tenga botulismo, y a medida que la condición se desarrolla, sí es posible que empiecen a surgir otros síntomas relacionados, como:

  • Problemas para alimentarse con normalidad.
  • Dificultad al tragar.
  • Respiración dificultosa.
  • Tono muscular débil.
  • Disminución del movimiento.
  • Falta de expresiones faciales.
  • Babeo excesivo.
  • Reflejos lentos (o nulos).

Los síntomas pueden llegar a tardar entre unos días a aproximadamente un mes en aparecer, dependiendo de la velocidad con la que las bacterias crezcan y empiecen a secretar la suficiente cantidad de toxinas en el estómago del bebé.

Por tanto, si un padre o madre nota algunos de estos síntomas, es fundamental acudir a urgencias y pedir que el médico o pediatra examine al bebé lo antes posible.

¿Cómo se diagnostica?

En primer lugar, una vez surjan los síntomas y los padres o el propio especialista médico sospeche de la supuesta presencia de botulismo, lo más común es hablar acerca de los signos de enfermedad que empezaron a aparecer, y desde cuándo. Así, es normal que el médico pregunte acerca de si el bebé ha podido ingerir o no miel, y preguntará acerca de la debilidad muscular y el estreñimiento.

De esta forma, si el médico sospecha de la presencia de botulismo infantil puede tomar una muestra de los vómitos, la sangre o las heces, para poder verificar -o no- la presencia de la toxina botulínica. Aunque para obtener los resultados es posible que estas pruebas lleven algunos días, por lo que el examen inicial, en muchas ocasiones, puede convertirse en el principal medio de diagnóstico, sobre todo si tenemos en cuenta la importancia de administrar un tratamiento al menor tiempo posible.

¿Y el tratamiento?

Ante la presencia de botulismo infantil, los médicos suelen tratarla en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital infantil. En caso de ser necesario, pueden utilizar un ventilador con el que ayudar al bebé a respirar mejor. Y también es posible la administración de líquidos intravenosos si el bebé presenta problemas para administrarse con normalidad.

También es común el tratamiento con botulismo inmunoglobulina intravenosa, que puede ayudar a que el bebé se recupere más rápido.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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