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Problemas en la lactancia materna

Congestión mamaria los primeros días de lactancia materna

Después del nacimiento del bebé, en las primeras horas o días es muy habitual sentir dolor y sensibilidad en los senos, hinchazón y cierto enrojecimiento, especialmente cuando la producción de leche aumenta pero el pequeño aún no se alimenta lo suficiente.

La conocida como congestión mamaria se convierte en un problema bastante común al comienzo de la lactancia materna, sobre todo durante los primeros días o semanas. Y puede ocurrir con independencia de que sea la primera, segunda o tercera vez que se comienza a amamantar al bebé (es decir, independientemente de que ya hayas tenido más hijos).

Cuando nace el bebé, los senos reciben la señal de empezar con la producción completa de leche. Así, la sangre fluye hacia los senos, y la leche -lo que popularmente se conoce como la “subida de la leche”-, llegará entre 1 a 4 días después del nacimiento. Sin embargo, cuando ocurre la congestión mamaria, los senos se llenan y duelen.

¿Qué es y en qué consiste la congestión mamaria?

Tanto en las horas como en los días posteriores al parto, la circulación aumenta hacia los senos. En un comienzo, producen el calostro, que consiste en un líquido espeso y amarillento, repleto de proteínas y todos aquellos nutrientes y sustancias que el bebé necesita para mantenerse saludable, y desarrollar tanto un sistema digestivo como un sistema inmunitario fuertes.

Entre tres a cuatro días después del parto, el cuerpo produce leche todo el tiempo, y la almacena en el tejido mamario. De esta forma, la primera vez que se produce leche, los senos pueden hincharse, o llenarse con demasiada leche. Es cuando se sienten cálidos y pesados, y la hinchazón y la sensibilidad pueden acabar extendiéndose a la axila.

La congestión mamaria ocurre cuando el tejido mamario se llena en exceso con leche, sangre y otros líquidos. Esto ocasiona que los senos se sientan muy llenos, se vuelvan duros y, también, dolorosos. Además, es común que los pezones se sientan tensos y se muestren ligeramente aplanados.

Aunque es muy común al comienzo de la lactancia materna, la realidad es que puede surgir en cualquier momento, en especial cuando el patrón de alimentación del bebé cambia, y comienza a alimentarse en menor cantidad.

Por suerte, la congestión mamaria suele ser temporal, de manera que, con el paso del tiempo, producirá la cantidad de leche que necesita al bebé, y la congestión disminuirá hasta mejorar (y finalmente desaparecer).

Lo cierto es que es una condición muy común al comienzo de la lactancia materna. De hecho, la mayoría de las madres suelen experimentar algún tipo de congestión en las primeras semanas después del nacimiento.

Con los niveles hormonales tan cambiantes, los senos se agrandan y se hinchan a medida que aumenta la producción de leche. Al agrandarse, es posible pensar que se encuentren llenos de leche, pero la congestión mamaria va mucho más allá que el almacenamiento de leche. El cuerpo dirige tanto sangre como otros líquidos adicionales a los senos, con el fin de aumentar la producción de leche. Así, hasta que el cuerpo no se ajusta, esto causará hinchazón y congestión.

¿Qué síntomas aparecen cuando existe congestión mamaria?

La congestión mamaria puede terminar siendo dolorosa, pudiendo ocasionar algunos problemas cuando el bebé empieza a amamantarse. Cuando existe congestión mamaria es común sentir algunos síntomas como:

  • Mayor sensibilidad e inflamación.
  • Sentir el seno duro al tacto.
  • El seno puede verse más estirado o brillante.
  • El seno se muestra enrojecido, se siente cálido al tacto, y también palpitante.
  • Pezón plano.

La fiebre también suele ser otro síntoma habitual, aunque por lo general la temperatura no suele ser demasiado elevada. Si los senos se sienten duros al tacto se debe principalmente a toda la leche que se encuentra acumulada en el tejido mamario.

¿Cómo se puede tratar la congestión mamaria?

Existen algunos consejos útiles que pueden ser de ayuda a la hora de manejar mejor los síntomas. Por ejemplo, cuando empiezas a amamantar al bebé, si tienes congestión puede hacer que al pequeño le resulte más complicado agarrarse, o puede generar una succión dolorosa e inadecuada. Extraer la leche primero, ya sea manualmente o con la ayuda de un extractor de leche, puede ser de mucha ayuda.

También es posible reducir la dureza de los senos mediante la aplicación de suaves masajes, aplicando una compresa tibia antes de alimentar al bebé, o darte una ducha de agua tibia. No se recomienda aplicar calor, puesto que puede aumentar la hinchazón y evitar que la leche fluya con normalidad.

Una vez que disminuya la cantidad de leche, la congestión mamaria debería desaparecer. Luego, una vez el bebé comience a amamantar, lo más probable es que con la succión ayude a vaciar el seno.

Eso sí, para evitar que la congestión regrese, especialmente en los primeros días, puedes amamantar al bebé de manera más continua, o bien extraer leche con frecuencia, o al menos cada 2 o 3 horas para establecer una rutina. 

Igualmente, en caso de haber omitido una toma, haberle dado un biberón o si el bebé no toma la suficiente cantidad de leche, o no vacía el seno lo suficiente, es fundamental extraer la leche, sobre todo para evitar que la congestión vuelva.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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