Así funciona

Desarrollo del gusto de 0 a 3 años: hitos más importantes

El sentido del gusto es fundamental para el desarrollo del niño desde su nacimiento y a diferencia de lo que ocurre con otros como la vista, ya está muy desarrollado al comienzo de su vida.

Bebé comiendo (Foto: iStock)
Bebé comiendo (Foto: iStock)

A las nueve semanas de gestación, la lengua y la boca del feto ya se han formado, y también sus primeras papilas gustativas, de tamaño muy pequeño, osea que el sentido del gusto comienza a desarrollarse desde muy temprano dentro de la tripa de la madre. 

Además, mientras está formándose y creciendo hasta el día del parto, respira y traga de forma natural el líquido amniótico, que ayuda no solo a sus pulmones, sino también a su sistema digestivo. Al probarlo, y debido a que hasta él llega la variedad de sabores de lo que ingiere la madre, el feto tiene su primer contacto con las diferencias entre unos matices de sabor y otros, de manera que al nacer ya ha puesto en marcha previamente el sentido del gusto.

Ya en el mundo exterior, sus papilas gustativas están muy sensibles, y pueden reconocer los sabores dulces, agrios y amargos. Claramente prefiere los primeros porque así sabe la leche materna, de ahí que para los niños todos los alimentos en los que domine el dulce son los que mejor suele tolerar al comienzo de su vida, una vez comienza la alimentación complementaria. 

Más allá de la leche

A medida que crece, aumenta también el número de papilas gustativas en su boca, y esto tiene un efecto directo en su sentido del gusto, que le permite reconocer cada vez más sabores, algo que también se multiplica a partir del sexto mes de vida por un dato evidente: empieza a tomar algo más que leche materna o de fórmula, lo único conocido para él hasta ese momento.

Antes de este instante, entre los tres y seis meses, su lengua ya habrá crecido y habrás notado cómo se mete en la boca prácticamente todo lo que pilla. No solo es por los dientes, como se suele decir, sino también porque utiliza su boca para probar texturas y también sabores. Además, sobre el quinto mes, su sentido del gusto evolucionará, como si se preparara para lo que muy pronto va a llegar a su vida: la alimentación más allá de la leche. 

En puré o en formato sólido

Una vez arranca la alimentación complementaria, se produce un primer tsunami de sabores para el peque que se transmite a su comportamiento. Lógicamente, se sorprende por el cambio, y por eso hay que tener paciencia y acompañarle por este proceso que supone abrirse a sabores desconocidos hasta aceptarlos. En caso de que no le guste, repite de vez en cuando porque es normal que le cueste más con algunos ingredientes. 

A partir del octavo mes, dos después de que haya comenzado la alimentación complementaria, ya sea en puré o en formato sólido, todo se estabiliza. Hay un cambio cuando deja de mamar que puede provocar o no un nuevo punto de inflexión, dependiendo del niño, pero ya no debería ser tan complicado como al sexto mes de vida.

En todo caso, el sabor le sigue guiando a medida que crece. De hecho, se seguirá metiendo todo tipo de objetos en la boca durante mucho tiempo así que se le debe ir educando a medida que esto ocurre y supervisar en todo momento qué se puede llevar a su boca en todo momento para que no se produzcan accidentes indeseados.

El entrenamiento del sabor

Es labor de los padres también ayudarle a descubrir más sabores y que afiance su gusto por aquellos que corresponden a los ingredientes más beneficiosos para su salud porque el gusto se entrena. Por ejemplo, se puede evitar que el niño tome yogures azucarados o que abuse de los cacaos azucarados para tomar leche, entre otras muchas cosas.

Aceptará perfectamente los sabores no edulcorados de estos alimentos clave en su dieta y encima tolerará mejor los sabores que no sean dulces, teniendo menos dependencia de este último. 

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