Olor de mamá

Gracias al instinto, los bebés son capaces de reconocer el olor de su madre

Un estudio científico ha demostrado que los bebés buscan el olor de su madre para alimentarse. Algo con lo que tiene mucho que ver el instinto innato con el que todos nacemos.

Lactancia
Fuente: Istock

El olor es uno de los sentidos más arraigado a las emociones (quizás también lo sea el oído). Y es que, todos somos capaces de trasladarnos a un momento concreto de nuestra vida (aunque sea bastante lejano) con tan solo oler algo que nos resulte característico de entonces. De hecho, seguro que todos podemos saber cómo olían las galletas de nuestras abuelas o aquél perfume que llevaba la persona a la que diste tu primer beso. O, por supuesto, el olor de nuestras madres.

Este último es, de hecho, uno de los que más marcarán nuestra vida. Todos estamos conectados con el olor de nuestras madres desde que nacemos. Y no lo decimos nosotros: lo dice la ciencia.

Un estudio llevado a cabo por un grupo de científicos del Wellcome Trust Sanger Institute (Reino Unido), entre otros, acaba de concluir, al contrario de lo que se creía hasta ahora, que los bebés no usan una feromona para empezar a mamar: lo que determinen que empiecen a hacerlo es el olor único de su madre. En concreto, habla de que utilizan una respuesta aprendida a través del aprendizaje de una combinación única de olores entre los que se encuentra el líquido amniótico de su madre: al que responde buscando el alimento materno. Este aprendizaje lo llevan a cabo durante el embarazo, nueve meses en los que el bebé está expuesto al olor y sabor del líquido amniótico en la tripa de su madre y, por tanto, generan una impronta en su cerebro.

Hasta ahora, la ciencia había adaptado la manera de mamar de los conejos para trasladarla a todos los mamíferos: ellos usan una feromona para iniciar la lactancia en sus recién nacidos y, desde entonces, los científicos han pensado que todos los mamíferos seguirían el mismo procedimiento. Sin embargo, esta investigación reciente demuestra que los humanos seguimos, al igual que los ratones, un patrón totalmente diferente al que se creía. “Por primera vez hemos demostrado que se trata de una respuesta aprendida, fundada en una mezcla de olores: el olor característico único de la madre”, afirma el doctor Darren Logan, autor principal del estudio que comentamos.

¿Cómo se llevó a cabo la investigación?

Para acabar concluyendo esto, los investigadores utilizaron ratones recién nacidos. En concreto, les pusieron delante de varios senos lavados y empapados de diferentes sustancias: uno con líquido amniótico, otro con la saliva de su madre, otro con leche materna y, por último, uno impregnado de orina. ¿La repuesta de los bebés? Solo iniciaron la succión en los senos que olían al líquido amniótico de la madre.

Posteriormente, llevaron a cabo otro experimento alimentando a ratas con alimentos de olor fuerte como el ajo (si el inicio de la succión tuviera que ver con la feromona del líquido amniótico, el ajo no tendría efecto). El resultado fue que solo aquellos ratones que tuvieron una exposición previa al líquido amniótico con el olor de su madre fueron capaces de alimentarse con éxito.

Otras propiedades del olor de mamá

Esta no es la primera vez que oímos hablar de los beneficios del olor de mamá. Hace un tiempo dio la vuelta al mundo el vídeo de un bebé que lloraba sin consuelo y que solo paraba de hacerlo cuando su padre le acercaba una camiseta usada por su madre, que se había ido unos días fuera de casa.

Y es que, es cierto que el vínculo entre madre e hijo es único, es producto de la naturaleza (que es mágica) y dura para toda la vida.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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