Alimentación del bebé

¿Los niños pequeños pueden comer espinacas? ¿Y atún?

Nutritivos y saludables. Las espinacas y el atún son excelentes alimentos para los niños. Lo mejor es que las primeras las consuman a partir del primer año de vida, y el segundo después de cumplir tres añitos. Eso sí, siempre en pequeñas cantidades. Te lo contamos.

Aunque tanto el atún como las espinacas son alimentos saludables que pueden consumirse con normalidad dentro de una dieta variada, y además es posible hacerlo regularmente, lo cierto es que algunos estudios científicos han alertado sobre su consumo a edades algo más tempranas. Esto puede hacer que, a pesar de ser opciones nutritivas adecuadas, no lo sean tanto en determinadas etapas.

¿Qué ocurre con el atún y con el resto de pescados azules?

No hay duda que agregar e incorporar pescado en la dieta de tu hijo es una manera excelente de obtener una importante cantidad de nutrientes. Y, en definitiva, la mayor parte de los pescados y mariscos que se consumen en nuestro país destacan por ser una opción de comida sumamente sabrosa, además de cien por cien segura y, sobre todo, saludable.

Por ejemplo, son especialmente ricos en proteínas, vitamina D y vitaminas del grupo D. Además, pescados grasos como el salmón o la caballa se encuentran repletos de ácidos grasos esenciales omega-3, indispensables para el desarrollo cerebral e intelectual del niño.

Pero existen algunos tipos de peces que no serían muy adecuados, especialmente a una determinada edad, o sí pueden consumirse pero en cantidades limitadas, para evitar la exposición a altos niveles de determinadas sustancias químicas peligrosas para su salud.

En el caso del atún, y del pescado azul en general (entre los que nos encontramos con otros pescados muy consumidos como el salmón, sardina, trucha, bonito, pez espada, rodaballo o caballas, entre muchos otros), distintos estudios han alertado acerca del riesgo de consumo por parte de niños pequeños.

¿El motivo? Fundamentalmente porque contienen una mayor cantidad de mercurio del recomendado. El mercurio es un metal tremendamente tóxico para el cerebro humano. Si tenemos en cuenta que el cerebro de los niños pequeños está aún desarrollándose y en crecimiento, esto es aún peor.

En el año 2012 la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicó una actualización de los niveles de exposición tanto de mercurio inorgánico como de metilmercurio. Mientras que el mercurio inorgánico presente en los alimentos no supondría ningún problema ya que la exposición respecto a su ingesta no excede de las cantidades recomendadas, no ocurre lo mismo con el metilmercurio.

De acuerdo con la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), tanto los niños como las mujeres embarazadas y mujeres lactantes deben tener ciertas precauciones respecto al consumo de algunos pescados que sí presentan niveles elevados de metilmercurio.

Por ejemplo, los niños entre 3 y 12 años de edad deben limitar su consumo a 50 gramos a la semana o bien 100 gramos cada dos semanas. Mientras que los niños menores de tres años deben evitar el consumo de pescados con altos niveles de metilmercurio, entre los que se encuentran el atún rojo, el lucio, el pez espada y el tiburón.

¿Y qué pasa con las espinacas? ¿Y con las acelgas?

En el caso de las espinacas (y también de las  acelgas), la alarma saltó hace algunos años, cuando las autoridades sanitarias alertaron acerca de las consecuencias de consumir grandes cantidades de estas verduras de hoja verde, ya que contienen un producto químico conocido con el nombre de nitratos.

Los nitratos son sustancias químicas que podemos encontrar en una amplia variedad de alimentos, y no solo en los vegetales de hoja verde. También en algunos vegetales de raíz, el agua subterránea de pozos y en las carnes curadas (como el jamón, salchichas o tocino).

Los nitratos tienen la capacidad de convertirse en nitritos en el organismo. Así, cuando se consumen grandes cantidades de alimentos que contienen nitratos, puede producirse una enfermedad conocida como metahemoglobinemia, que consiste en que la sangre de los niños se vuelve de color oscuro, de manera que el color sonrosado de la piel y de los labios se tornan oscuros (azules).

Por tanto, a partir del año sí es posible consumir verduras de hoja verde, inicialmente mezcladas y combinadas con otras verduras. Pero no es adecuado, por ejemplo, dar al pequeño puré de espinacas exclusivamente, ya que se puede correr el riesgo de que la cantidad de espinacas usada para su elaboración haya sido excesiva.

No obstante, los niños mayores sí pueden consumir con libertad este tipo de verduras, las cuales no debemos ver con malos ojos. Al contrario, son especialmente ricas en hierro y otros nutrientes esenciales para la salud del niño.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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