Después de la lactancia materna

Qué cambios se producen en los senos después de la lactancia materna

Durante el embarazo, incluso desde muy temprano los senos empiezan a cambiar rápidamente. Es común, por ejemplo, sentirlos más sensibles, y poco a poco comienzan a aumentar de tamaño. Sin embargo, es después del embarazo, y sobre todo tras la lactancia, cuando los cambios se hacen más evidentes.

Después del embarazo, la nueva mamá debe enfrentarse a una etapa sumamente maravillosa y bonita, pero también intensa y, en algunas ocasiones, bastante complicada. Y es que a los cambios que supone la llegada del nuevo miembro a la familia, lo que implica cuidarlo a todas horas, protegerlo, alimentarlo y, sobre todo, comenzar a conocerlo y adaptarnos poco a poco a él, también se debe enfrentar a un reto -en ocasiones- aún más difícil: los cambios que se han producido en su propio cuerpo durante el embarazo, y especialmente después del nacimiento del bebé.

Se estima que el cuerpo suele tardar alrededor de otros 9 meses en recuperarse tras el parto. Aunque en muchos casos esta recuperación puede demorarse hasta pasados los 12 meses. Este tiempo dependerá directamente de cómo se haya cuidado durante la gestación, y de su propia forma física. Además, también influirá en mayor o menor medida si durante el parto se produjeron complicaciones o no.

En cualquier caso, al aumento de peso propio del desarrollo y de la propia evolución del embarazo también se le unen los enormes cambios hormonales que se producen en el cuerpo. Y, a su vez, con el aumento tanto de la propia barriga como de los senos -que se preparan para la lactancia-, se le unen la aparición de estrías y otros síntomas relacionados.

Lo cierto es que es habitual esperar ciertos cambios en los senos tanto durante como después de la gestación, independientemente de que luego, tras el nacimiento del bebé, la mamá opte -o no- por la lactancia materna. Por ejemplo, después del parto, es muy común que pueda surgir lo que se conoce como congestión mamaria, que produce que los senos se sientan hinchados y doloridos. Al igual que también, con el paso de las semanas, es igualmente posible que ocurran algunas complicaciones igualmente comunes, como por ejemplo podría ser el caso de la mastitis o la candidiasis del pezón.

Qué cambios se producen en los senos durante el embarazo

Si ya has estado embarazada, o si lo estás ahora mismo, es muy probable que ya te hayas percatado de que los cambios tanto en los senos como en los pezones suelen comenzar incluso antes de que descubrieras que esperabas un bebé, dado que suelen empezar al principio del embarazo. Y, posteriormente, continuar a lo largo de toda la gestación. ¿Los “culpables”? Tanto las hormonas como los aumentos que se producen en el flujo sanguíneo.

Así, los síntomas que habitualmente surgen durante esta etapa suelen ser sensación de una mayor sensibilidad en los senos, los cuales se pueden sentir doloridos o pesados, un rápido crecimiento del tejido mamario, y la presencia de venas azules que se hacen muchísimo más visibles debajo de la piel.

Luego, en el segundo trimestre, también se producen algunos cambios notables, que muchas mujeres notan: las areolas (las áreas redondas que rodean los pezones) se vuelven mucho más oscuras, se producen secreciones en el pezón, y pueden aparecer algunos bultos como consecuencia de la obstrucción de algunos conductos lácteos. 

En el tercer trimestre los cambios tienen una mayor relación con la preparación para la lactancia materna. Así, lo más habitual es que surjan mayores fugas en los pezones, y un aumento continuo del tamaño de los senos, que se mostrarán más hinchados y grandes, lo que podría acabar dando como resultado la formación y desarrollo de las temidas estrías en la piel.

Principales cambios en los senos después del embarazo

Una vez el bebé ha nacido, inmediatamente después del parto se continúan desarrollando diferentes cambios en los senos. Las fugas suelen ser los cambios -o síntomas- más evidentes y comunes, especialmente a partir del tercer o quinto día, que es cuando la leche empieza a ser mayormente producida después del calostro, ese maravilloso líquido espeso amarillento que se convierte en el primer alimento del bebé, y que luego, con el paso de los días, se vuelve de color más claro y con una consistencia mucho más ligera.

Los primeros días tras la aparición de la leche, es común que surjan algunas fugas cada vez que la mamá escucha llorar al bebé, o cuando experimentan emociones intensas o muy fuertes. No obstante, estas fugas suelen disminuir después de las primeras semanas, aunque pueden ocurrir a lo largo de toda la lactancia. Por este motivo, las almohadillas o discos de lactancia son de muchísima ayuda a la hora de absorber esta leche y evitar que la ropa se humedezca y se manche.

La congestión mamaria, por otro lado, suele ser otro de los cambios más comunes, ya que ocasiona que los senos se sientan pesados y duros, hinchados, con la sensación de tener la piel caliente al tacto, y también se pueden formar distintos bultos a lo largo del tejido mamario (totalmente normales y benignos). Es muy habitual que estos síntomas surjan pocos días después del parto, y si la lactancia es adecuadamente establecida, y el bebé es alimentado con frecuencia, la liberación de esa gran cantidad de leche ayudará a que los síntomas y las molestias desaparezcan.

Después de la lactancia materna

No obstante, la mayor parte de los cambios ocurren después de la lactancia materna. De hecho, la mayoría de las mujeres señalan que, una vez finalizada, sus senos nunca se ven exactamente igual a como se encontraban antes de la gestación.

Si bien es cierto que, por lo general, los senos tienden a volver a su tamaño original cuando el cuerpo recupera su peso antes del embarazo, al desarrollo de estrías es común observarlos más grandes o más pequeños, o a que cedan y se caigan más. De hecho, lo más común es que la forma de los senos cambie de forma permanente, debido principalmente a la congestión que surge al comienzo de la lactancia, que puede afectar a los ligamentos en el pecho, haciendo que los senos crezcan ligeramente y se caigan.

Por otro lado, se han establecido una serie de factores que suelen influir directamente en que los cambios en los senos tras la lactancia materna sean mayores. La edad, al igual que la genética, son factores a tener en cuenta, además del aumento de peso durante la gestación, el tamaño que tenían los senos antes del embarazo, y sobre todo, la cantidad de embarazos que se hayan tenido.

Y, a diferencia de lo que se puede pensar, alimentar al bebé con biberón no impedirá que los senos no cambien igualmente. Y es que es el embarazo, y no la propia lactancia en sí misma, la que causa la mayoría de los cambios que se producen en estos.

Y recuerda: si bien es cierto que muchos de los cambios que ocurren en los senos naturalmente después del parto, y a medida que el cuerpo se recupera luego del nacimiento del bebé, son totalmente normales, es necesario consultar al médico ante la presencia de cualquier síntoma inusual o preocupante, como dolor en los senos, acompañado de fiebre, o la presencia de un bulto persistente que no desaparece.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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