Sí o no a las leches especiales

Reflujo y regurgitación, ¿qué opciones hay?

Lo más importante que unos padres deben saber al respecto es que las leches de fórmula etiquetadas como A.R. son productos específicos, de composición modificada, que solo deben administrarse a niños diagnosticados con reflujo para los que el pediatra prescriba este cambio en su alimentación.

Reflujo y regurgitación
Reflujo y regurgitación (Foto: iStock)

En el universo paralelo de las leches de continuación, además de tener que estar atento a la etapa para la que se recomienda cada una y documentarse previamente de cuáles recomiendan los expertos médicos y por qué, también es recomendable estar familiarizado con determinados sellos o siglas que pueden despistar si no se conoce su significado. Es el caso de la leche A.R., que se puede adquirir tanto en los establecimientos físicos donde vendan alimentación infantil como también a golpe de clic. Ese A.R. -antiregurgitaciones- significa que se trata de un producto apto para niños con regurgitaciones, que no es lo mismo que el vómito, pero solo cuando el profesional sanitario prescriba su consumo. 

Su etiquetado ya da pistas de lo que realmente son este tipo de leches, que no son fórmulas como el resto de leches artificiales o de continuación. Su composición es distinta, coexistiendo en el mercado hasta tres fórmulas distintas. Una es incorporar caseína como fuente principal de proteínas para disminuir la densidad del cuajo, si bien estudios específicos advierten la posibilidad de que esta sustancia sea contraproducente, ya que “contribuiría a aumentar el reflujo, a diferencia de las fórmulas con mayor cantidad de suero de leche, que facilitan el vaciado gástrico”; otra, la más habitual, es la adición de sustancias espesantes como pueden ser el almidón de patata, como la que produce Nestlé, o la semilla de algarrobo -las de Nutribén y Almirón son así, por ejemplo-, entre otros; y una tercera vía es la disminución de la concentración de grasas debido a la hipótesis de que esto puede favorecer un mejor vaciamiento gástrico. 

Consulta a tu pediatra

Por este motivo, al ser leches modificadas, están asociadas a un tratamiento médico concreto; es decir, se consumen bajo prescripción médica. No deben tomarla aquellos niños que no sufren reflujo o regurgitaciones, ni tampoco aquellos niños cuyos padres creen que los sufren pero no se han puesto en manos de un especialista. Ya sabemos que la manía por automedicarnos y autodiagnosticarnos también se extiende a los niños. Es más, ni siquiera todos los niños diagnosticados con regurgitación leve deben tomarla, ya que este es un fenómeno común que desaparece con el paso de los meses y no tiene por qué aparecer junto a otros síntomas. 

En cambio, es cuando se diagnostica el reflujo gastroesofágico patológico cuando el pediatra sí puede optar por introducir este tipo de leche como parte del tratamiento dependiendo de las circunstancias concretas de cada paciente. Este tipo de reflujos graves implican una salida de leche mucho más agresiva cuya consecuencia más grave son las lesiones que puede dejar el paso del ácido del estómago por el esófago -pueden dejar dolor, déficit de crecimiento y apetito e incluso riesgo de aspiración pulmonar-. De todos modos, tal y como se especifica en este estudio ya citado unas líneas más arriba, el tratamiento conservador, que “consiste principalmente en tranquilizar a los padres y realizar tratamiento postural, es suficiente para obtener remisión clínica en la mayoría de los pacientes”.

Analiza las etiquetas

Por lo tanto, no siempre un pediatra va a recomendar leche A.R. a un bebé, y en todo caso, si este tiene menos de cuatro meses, dejará claro que la opción escogida contenga una relación caseína/seroproteínas 40/60, similar a la de la leche materna, y no 80/20, que es la que tienen algunas de las modificadas con caseína, proporción más cercana a la de la leche de vaca, que no es recomendable hasta que no se cumplen doce meses de vida. En el etiquetado de cada producto está especificada la proporción exacta que tiene su fórmula. 

De todos modos, como ya te habrás percatado a estas alturas del texto, y como ya te hemos alertado anteriormente, no es un tema sencillo ni en el que los padres pueden afrontar decisiones motu proprio. Ha de ser el pediatra el que las tome, y no se deben administrar bajo ningún concepto si este no lo prescribe.

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