Lactancia

¿Sabías que la lactancia está conectada directamente con el medio ambiente?

No, no es nuestra condición de mamíferos la única que conecta la lactancia materna con el medio ambiente. Y es que, según diferentes investigaciones científicas, este tipo de alimentación se considera el más sostenible para el planeta por diferentes motivos que te contamos.

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Fuente: Istock

La OMS no se cansa de repetirlo: la lactancia materna exclusiva es el mejor alimento para el bebé durante los seis primeros meses de vida y conviene mantenerla hasta, mínimo, los dos años de edad. Eso sí, después pasará a ser mixta.

Y no es algo que se diga sin pensar: son muchas las investigaciones que se han centrado en conocer cuáles son exactamente los beneficios de la leche materna sobre el bebé y, aunque parezca mentira, también sobre la madre. Y es que, un reciente estudio acabó concluyendo que dar el pecho hace que la madre produzca más hormona de la felicidad y, por lo tanto, mejora su estado de ánimo. Otras también descubrieron que reduce el cáncer de mama y ayuda a no desarrollar enfermedades como la hipertensión.

Además, los beneficios para el bebé no son pocos: les ayuda a dormir mejor, les protege de enfermedades infecciosas, previene la caries o, incluso, aumenta la inteligencia. (y, por supuesto, todo está demostrado por la ciencia).

La conexión entre lactancia y naturaleza

Sin embargo, existe otra conexión (y ventaja) de la que se habla poco: de cómo conecta la lactancia materna con la naturaleza y el medio ambiente. Y no, no hablamos de nuestra condición de mamíferos, sino de algo mucho más trascendental.

Y es que, desde el punto de vista medioambiental, la lactancia ayuda a conservar el bienestar del planeta: “no requiere envasado, transporte ni combustible para su preparación y traslado, no deja huella de carbono y tampoco desechos”, afirma Anna Bach Faig, profesora e investigadora en la UOC. De hecho, ¿sabías que los países más afectados por el cambio climático muestran también las tasas más bajas de lactancia materna? Así lo afirma Natalia Panadero, investigadora del grupo FoodLab.

La literatura científica también arroja datos al respecto. Como los que podemos concluir de una reciente investigación publicada en el British Medical Journal: dar el pecho durante seis meses supone un ahorro de entre 95 y 154 kilos de emisiones de CO2 por bebé, si lo comparamos con la leche de fórmula.

Además, el estudio afirmaba también que la cantidad de agua caliente necesaria para calentar un biberón implica un gasto anual de energía equivalente a cargar 200 millones de teléfonos móviles.

Leche sin envases

Además de los datos arrojados por esa investigación, expertos de la UOC han decidido ir un paso más allá afirmando, de acuerdo a las palabras de María José Lagunas (profesora en dicha universidad), que “el pecho de la madre es un envase estéril, capaz de dosificar la cantidad exacta que requiere el bebé y a la temperatura óptima”.

¿Qué significa esto? Pues, por supuesto, que otra de las conexiones entre la leche materna y el medio ambiente es que no necesita envases, al contrario de la de fórmula. Esto se traduce en un menor impacto en la huella ecológica. “optar por la lactancia materna evita el impacto negativo en la huella ecológica que proviene de los ingredientes de la fórmula infantil, tanto de la leche como de otros componentes añadidos”, opina Rodríguez Lagunas.

Sin duda, estamos ante otro motivo de peso para elegir, en caso de que sea posible, la alimentación a través de la lactancia porque, tal y como afirma esta investigadora: “saber que además de proteger a su hijo se está también cuidando del planeta es un motivo más para decantarse por este tipo de alimentación”.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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