Intolerancias alimentarias

Síntomas que pueden alertarnos de una intolerancia a la lactosa en bebés

La intolerancia a la lactosa no es muy habitual en bebés o niños pequeños, de manera que en la mayoría de los casos los síntomas comienzan a surgir posteriormente, cuando ya el niño es mucho más grande. No obstante, en algunas ocasiones -raras-, sí puede dar algunas señales.

Aunque puedas pensar lo contrario, la realidad es que la intolerancia a la lactosa en niños menores de 2 o 3 años es realmente poco común, si tenemos en cuenta los datos suministrados por una revisión actualizada elaborada por el Comité de Nutrición de la Academia Estadounidense de Pediatría. En ella se especifica que la intolerancia a la lactosa atribuible a la existencia de una deficiencia primaria de lactasa es, en realidad, poco frecuente, haciéndose preciso buscar otras etiologías cuando la mala absorción de lactosa se hace evidente antes de esta edad.

Esta afección, que afecta a un 70% de las personas y que es determinada, en parte, por la genética, suele aparecer con mayor frecuencia en niños mayores, adolescentes y adultos. Cuando lo hace, por lo general es médicamente conocida como intolerancia primaria a la lactosa.

En la mayoría de los casos, las personas con esta afección comienzan la vida con un buen suministro de lactasa, la enzima responsable en nuestro organismo de la descomposición normal de la lactosa (el azúcar de la leche). Pero, a medida que envejecemos, los niveles de esta encima pueden disminuir de forma drástica, dificultando la digestión incluso de cantidades muy pequeñas de productos lácteos. Por lo que, al final, acaba apareciendo la intolerancia.

No obstante, estos datos no significan que los bebés no puedan nacer con intolerancia a la lactosa. Cuando esto ocurre, nos encontramos ante una condición conocida con el nombre de intolerancia congénita a la lactosa, la cual se transmite genéticamente, a través de lo que médicamente se denomina como herencia autosómica recesiva. Esto significa que el bebé ha recibido el gen defectuoso tanto de la madre como del padre en el momento de la concepción.

Aunque los estudios son claros en este sentido: la intolerancia a la lactosa es, por lo general, extremadamente rara en los bebés. De manera que suele aparecer en etapas posteriores de la vida, habitualmente cuando son algo más mayores (en especial en la adolescencia o en la juventud).

¿Cuáles son los síntomas de la intolerancia a la lactosa en los bebés?

La deficiencia congénita de lactasa es un trastorno gastrointestinal severo. Si el bebé nace con una intolerancia congénita a la lactosa, por lo general, tiende a mostrar signos o síntomas de inmediato, ya que pueden surgir incluso aunque el lactante sea alimentado con leche materna. De ahí que los primeros síntomas puedan aparecer dentro de los 10 primeros días de edad.

La diarrea acuosa suele ser uno de los primeros síntomas en aparecer, dado que a diferencia de la intolerancia a la lactosa primaria, la enzima lactasa es deficiente, o simplemente se encuentra ausente desde el nacimiento.

Igualmente pueden aparecer o surgir otros síntomas, como:

  • Hinchazón, gases y náuseas.
  • Calambres y dolor abdominal.
  • Desnutrición.

También puede darse una intolerancia a la lactosa del desarrollo, que también está presente al nacer, y que suele ocurrir en bebés que nacen de forma prematura (esto es, antes de las 34 semanas de gestación), ya que pueden tener niveles más bajos de lactasa porque, por lo general, esta enzima se produce al final del tercer trimestre

No obstante, este tipo de intolerancia no tiende a durar mucho tiempo, desapareciendo rápidamente a medida que madura el intestino delgado del pequeño.

Asimismo, la deficiencia congénita de lactasa no debe ser confundida con la galactosemia, que es otra condición congénita que puede afectar de forma similar a la capacidad del bebé para procesar la leche materna, o la lactosa de la leche de fórmula, pero que en realidad no es intolerancia a la lactosa. 

Se caracteriza por ser una condición metabólica rara, en la que el cuerpo no produce nada, o una cantidad insuficiente de GALT, una enzima hepática necesaria para la descomposición de la galactosa, una parte del azúcar de la lactosa. Si el bebé tiene galactosemia, los bebés pueden tener síntomas similares a la intolerancia a la lactosa (como por ejemplo diarrea), aunque si no es detectada de forma temprana, puede llegar a ser mortal.

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Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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