Lactancia materna

Varicela y lactancia: precauciones y tratamiento

La varicela suele ser una infección viral que, en la mayoría de las ocasiones, se contrae durante la infancia, especialmente antes de los 10 años de edad. Sin embargo, cuando la infección no ocurre antes, es posible que surja durante la etapa adulta. Si recientemente has dado a luz, te han diagnosticado de varicela y estás amamantando a tu bebé, es normal que te surjan muchas dudas.

La varicela es una infección viral común que, en la mayoría de las ocasiones, cursa durante la infancia. Se sabe que los niños menores de 10 años de edad son los más susceptibles a la infección, aunque también puede ocurrir en la edad adulta, principalmente porque durante la infancia no se pasó la enfermedad. Sin embargo, cuando la infección se contrae durante la etapa adulta, es común que los síntomas puedan llegar a ser más graves, con un riesgo mayor de complicaciones. 

No en vano, si la enfermedad se contrae durante la lactancia materna, las dudas son más que evidentes: ¿es posible continuar amamantando al bebé con normalidad? ¿Se debe parar? ¿Qué precauciones hay que tomar?

Contraer la varicela durante la lactancia materna

Como madre, es evidente que la principal preocupación sea la salud del bebé. Pero si de repente empiezan a surgir síntomas compatibles con la varicela, es normal que comiencen a surgir temores y dudas.

Aunque lo más normal es contraer la varicela durante la infancia, sobre todo antes de los 10 años de edad, también es posible no pasarla, y acabar padeciéndola más tarde, en la etapa adulta. Si la infección confluye con la lactancia materna, es común que surjan dudas al respecto.

Debemos tener en cuenta que la varicela es una infección viral común que se caracteriza por la aparición en todo el cuerpo de ampollas de color rojo que pican. Desde que la vacuna fue oficialmente introducida a mediados de la década de 1990 los casos han disminuido enormemente, aunque todavía continúa siendo normal contraer la enfermedad, sobre todo en la infancia. Es causada por el virus de la varicela-zóster, y en la mayoría de las ocasiones ocurren por estar en contacto con una persona infectada.

Por tanto, el síntoma más común es la presencia de una erupción cutánea en el cuerpo, que pica. Pero antes de que surjan los síntomas, lo más habitual es que la infección permanezca en el cuerpo en un período comprendido entre los 7 a 21 días. Pero antes de que surjan las ampollas, el virus es contagioso durante uno o dos días. 

En un principio pueden surgir algunos síntomas no cutáneos, como dolor de cabeza, pérdida del apetito y fiebre. Posteriormente, alrededor de uno a dos días después de empezar a experimentar estos signos, empezará a desarrollarse la erupción cutánea clásica.

Antes de su recuperación, es normal que la erupción pase por tres fases: en un principio se originan las protuberancias de color rojo o rosado en todo el cuerpo, luego se convierten en ampollas llenas de líquido, y finalmente se forman costras para empezar a sanar.

Síntomas de la varicela durante la lactancia
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Si la madre tuvo la enfermedad durante la infancia, lo mas común es que la inmunidad natural contra el virus se transmita al recién nacido, la cual dura aproximadamente tres meses desde el momento del nacimiento.

Pero cuando la varicela se contrae durante la lactancia significa que la mamá no la pasó durante la infancia, o en algún momento posterior. Se puede continuar con la lactancia como de costumbre, incluso si se tiene la varicela. No obstante, sí se aconseja tener en cuenta algunos hábitos y consejos básicos como medida de protección.

Consejos útiles cuando se contrae la varicela durante la lactancia

Se recomienda cubrir las ampollas que hayan podido surgir en el pecho para reducir el riesgo de transmitir el virus al bebé. Pero si existen lesiones activas alrededor del área donde podrían estar en contacto con la boca del pequeño, no se aconseja amamantar.

Por lo general, se intenta evitar la lactancia materna si la mamá desarrolla la enfermedad menos de cinco días antes o dos días después del nacimiento del bebé. En estos casos, la leche materna es extraída para la alimentación del recién nacido a través de biberón. Pero, al menos por el momento, no existe la suficiente evidencia que lo respalde. Por tanto, las opciones que se recomiendan siempre tienden a ser individualizadas, por lo que siempre es bueno atender a los consejos del médico.

Si se desarrolla la infección más de cinco días antes del parto, las madres pueden producir anticuerpos protectores, que podrían pasar al bebé a través de la placenta. Si la varicela ocurre después del tercer día del parto, la leche materna podría proporcionar esos anticuerpos al bebé. Durante este tiempo, las madres pueden amamantar y no se requiere ningún tipo de aislamiento.

Por otro lado, sí es aconsejable tener en cuenta algunas de las siguientes precauciones:

  • Cubrirse las lesiones. El contacto directo con una erupción activa podría causar una infección. Por tanto, es recomendable cubrir todas aquellas erupciones que podrían entrar en contacto con la piel del bebé, incluyendo manos, brazos, pecho y, en definitiva, cualquier otra parte del cuerpo.
  • Lavarse las manos. Es fundamental lavarse las manos correctamente con agua y jabón siempre antes de tocar al bebé. También es posible utilizar gel hidroalcohólico o cualquier otro desinfectante a base de alcohol, especialmente si no hay disponibles agua y jabón.
  • Utilizar una mascarilla. La transmisión del virus también es posible a través de la saliva y las gotitas de mucosidad. La mejor prevención es utilizar una mascarilla durante la lactancia. 

En resumidas cuentas, es de vital importancia evitar que el bebé entre en contacto con las erupciones o con el líquido que podría provenir de las ampollas, por lo que siempre es fundamental mantener unas medidas de protección adecuadas.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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