¿Mala madre por no amamantar?

Yo no doy el pecho, ¿y qué?

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¿Te critican por no dar el pecho? Te damos los argumentos para que les demuestres que la maternidad es mucho más que amamantar.

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Yo siempre había tenido muy claro que cuando tuviera hijos les iba a dar el pecho. Era natural, cómodo y limpio, y por supuesto, no había ningún alimento mejor para ellos. Así me lo habían afirmado médicos, libros y revistas sobre la crianza.

Con el primero salió bien. Con la segunda fatal… ¿Por qué razón? Nunca lo sabré, pero tras esta dura experiencia, mi visión, hasta entonces bastante prejuiciosa sobre las madres que no daban el pecho a sus hijos, cambió radicalmente. Nada como sufrir en propias carnes el dolor y la decepción para empatizar con otras personas que han pasado por lo mismo. Y sobre todo, para no opinar alegremente sobre las decisiones de los demás.

Dar el pecho no es tan fácil, digan lo que digan. Madre e hijo tienen que aprender. Hay que saber colocar al bebé, adoptar una buena postura para no fastidiarte la espalda y estar pendiente de que tiene bien agarrado el pecho y succiona correctamente, ya que si no aparecerán las horrorosas grietas, que pueden hacer del precioso momento de dar de mamar una experiencia dolorosa y estresante.

Eso contando con que el bebé esté tomando suficiente leche después de pasarse más de media hora en cada teta, para que luego la balanza del pediatra te diga que no solo no gana peso sino que lo pierde. Por no hablar de las mastitis, las fiebres, los dolores... que a veces truncan la lactancia desde los primeros días, dejando a la mamá sumida en una gran decepción y sensación de fracaso por haber fallado a su bebé.

¿Por qué nos sentimos tan mal cuando fracasa la lactancia?

¿Por qué hay quien está empeñado en que si no se da el pecho no se es una madre “como Dios manda”? ¿O que el niño no va a criarse en buenas condiciones, ni físicas ni afectivas? ¿Por qué si se respeta a las mujeres que dan el pecho, no se respeta a las que no lo dan?

Tras muchos años de maternidad y de experiencia en la vida, he llegado a la conclusión de que hay asuntos en los que la sociedad se mete donde no le importa, sobre todo en facetas que son absolutamente personales y que dependen de decisiones puramente individuales.

La lactancia lo es, sin duda. En ella solo intervienen dos personas, la madre y el hijo. Pero todos opinan: la pareja, la madre, la suegra, la cuñada, el pediatra, las amigas, los tertulianos de televisión, los colectivos de lactancia… Grupos de presión que cuando la mujer es joven y no tiene a su lado un buen apoyo emocional para pasar el trago de los primeros días y las primeras dificultades con el bebé, provocan mucha más inseguridad.

Pero a veces también somos las mujeres las que nos retamos a nosotras mismas, aún cuando las dificultades son evidentes, solo porque pensamos que si no cumplimos con lo que se espera o lo que esperamos de nosotras mismas estamos fallando y fracasando: 

“Me salieron unas grietas tremendas en el pezón derecho con mi segundo hijo” -relata Sandra, madre de dos niños- Un día echó un vómito de color marrón y me asusté tanto que lo llevé a Urgencias. Allí me dijeron que al niño no le pasaba nada, que el vómito marrón era sangre de mi pezón. Me planteé dejar de darle de mamar porque era una verdadera tortura física, pero me sentía fatal. Pensaba que si lo dejaba no estaba cumpliendo con lo que se esperaba de mí como madre”.

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Es normal que una mujer que tiene problemas de lactancia se plantee si es buena madre por dejar de dar de mamar a su hijo, por problemas de salud o porque no ha podido, o no ha querido? No, ni es normal, ni comprensible, ni lógico. La lactancia es un acto natural que debe llenar de satisfacción a la madre y al hijo. Pero si se convierte en una pesadilla o un acto obligado por el motivo que sea, hay que abandonarla, porque seguir erre que erre por presiones o cabezonería puede acabar seguramente mal para ambos, (pecho destrozado, bebé desnutrido…) y dejar un mal recuerdo para toda la vida.

Calificar de mala madre a una mujer solo porque no amamanta es desconocer completamente todo lo que significa e implica la maternidad.

En otros casos, es el entorno el que presiona. María también tenía grietas y una leve mastitisque el pediatra le dijo que se solucionaría extrayendo la leche. “Por un lado mi suegra me decía que dejara el pecho, que la niña no cogía peso. Y era verdad, se tiraba mamando una hora y apenas engordaba” -cuenta- “Por otro, mi madre y mi hermana insistían en que tenía que seguir intentándolo porque luego me iba a arrepentir. Nunca en mi vida me sentí tan presionada”. Y ¿a qué conduce esta presión y este fallo en las expectativas? A una mujer desconcertada, insegura, triste y temerosa de no saber qué es lo mejor que puede hacer por su bebé, a pesar de todos los consejos. Y eso no es justo.

Basta ya de hipocresía

Dale hasta los 6 meses, pero vuelve a trabajar antes de los 4…
 

Desde todos los organismos y asociaciones de salud y pediatría se fomenta con insistencia la lactancia natural.

Es cierto que la leche materna es el mejor alimento para el bebé durante los primeros meses de vida, incluso durante el primer año. Pero hay que ser realistas. La mujer de hoy en España se incorpora a su trabajo a las 16 semanas de dar a luz, y las empresas no suelen dejar llevar al niño a la oficina o a la tienda para darle de mamar.

Hay que destetar a los cuatro meses y se quedan con una toma, casi siempre la nocturna, que prácticamente resiste como una toma de consuelo para los dos, como manera de recuperar durante ese ratito las horas que han pasado separados tras cuatro meses de intenso apego.

Hay sociedades y países en los que esto no ocurre. Se fomenta la crianza con bajas laborales de hasta más de un año para que la lactancia natural no se trunque tan pronto y madre e hijo puedan estar juntos mucho más tiempo, como es lo deseable en la mayoría de los casos (no olvidemos que hay mamás que están deseando volver a trabajar lo antes posible y en sus motivos nadie debe meterse, insisto).

Por eso, alrededor de la lactancia materna hay mucha contradicción e hipocresía. Primero la sociedad, dicho de modo general, no solo te aconseja, sino que te incita, te empuja, casi te obliga a dar el pecho a tu hijo, “es lo natural, lo hacen todos los mamíferos”. A los poco minutos de parir, la matrona ya te pone al recién nacido sobre tu pecho para que busque el pezón y comience a succionar lo que pueda, el pobrecito, porque aún no tiene muchas fuerzas. Pero su instinto lo lleva a eso, como cualquier cachorro o cría. Más que alimento, busca el calor perdido al salir del vientre materno. Hasta ahí todo normal.

La contradicción viene cuando, como hemos dicho antes, los expertos y autoridades sanitarias te recomiendan darle el pecho exclusivamente como mínimo los seis primeros meses, pero a las 16 semanas tienes que volver a trabajar.

Si quieres continuar con la alimentación natural, tendrás que sacarte la leche, llenar biberones y guardarlos en la nevera día tras día. Todo sea por el bien del bebé. Pero llega un momento en que una se cansa. Una cosa es dar el pecho como Dios manda y otra es ordeñarse todos los días para que lo tome en el bibe. Porque, ya puestos y siendo el bebé ya mayorcito, y como ya deberían estar introduciéndole sólidos, qué más da darle en el biberón leche materna conservada en la nevera durante horas, que leche de fórmula.

O se adaptan horarios o se amplian las bajas maternales para que la lactancia se cumpla estrictamente al menos los seis primeros meses, cosa que hoy por hoy en España es una utopía, o que nos dejen de contar cuentos. La lactancia a medias es un latazo.

Más contradicción aún y más hipocresía encuentro cuando una mamá libre de ataduras laborales decide dar el pecho todo el tiempo que quiera a su hijo. Resulta que ambos están encantados y la lactancia se prolonga durante dos o tres años, y ¡vaya por Dios! en ese caso resulta que son raros o están incurriendo en una anormalidad. Un niño o una niña de dos años agarrado a la teta de su mami es insidiosamente criticado. “No es normal, es enfermizo” llegan a decir.

¿En qué quedamos? Criticamos cuando una madre no da el pecho, y criticamos cuando lo da demasiado tiempo. ¿No estaremos juzgando cosas que no nos incumben?

El derecho a decidir

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El respeto a los demás es algo fundamental en una sociedad civilizada, pero por desgracia lo practicamos muy pocas veces. Nos creemos con el derecho a criticar e incluso amonestar públicamente, ahora mucho más con las redes sociales, a aquellas personas que no piensan ni hacen lo que a nosotros nos parece bien.

La lactancia natural es un tema importante que preocupa a las madres pero que siempre está envuelto en la polémica entre los defensores a ultranza y sus detractores. Lo mejor para evitarla es respetar lo que cada mujer decida al respecto. Es indudable que la leche materna es el alimento perfecto para el bebé, pero si una mamá elige no dar el pecho por la razón que sea, nadie tiene por qué criticarlo ni dudar de su amor hacia su hijo por decidir darle leche de fórmula.

La maternidad son muchas más cosas que dar el pecho. Es dedicación, amor, cuidado, protección… actitudes que nos van a acompañar siempre. Sin embargo la lactancia, si bien es algo estupendo con extraordinarios beneficios, solo va a durar un tiempo. Después se acabará y el niño se alimentará de otra manera y la madre le dará de comer con el mismo amor con que le daba el pecho.

Por eso es absurdo criticar a quien no lo ha hecho desde el principio y mucho más absurdo es que quienes critican sean otras madres, ya que no hay nadie mejor que ellas para comprender lo que se siente por los hijos y lo que se busca para ellos, lo mejor.


Es triste ver a madres lactantes denostar a otras que no lo son. Las mujeres hemos tardado siglos en conseguir unos derechos y en tener el poder de decisión sobre nuestra propia vida, para que seamos nosotras mismas las que boicoteemos lo que otras han elegido hacer en un asunto tan personal y exclusivo de nuestro género como la crianza de los hijos.

¿Hay apego sin el pecho?


Por supuesto que sí. Es cierto que muchos bebés usan el pecho no solo como alimento sino como chupete, como consuelo para tranquilizarse y sentir el calor de mamá. Pero los vínculos entre madre e hijo se pueden estrechar perfectamente sin dar de mamar, no escatimando en besos y caricias al bañarlo o cambiarlo, cogiéndolo en brazos cuando llore o cada vez que nos apetezca abrazarlo, dejando que se duerma sobre nuestro pecho escuchando el latido del corazón... Para que dar el bibe se convierta en un momento especial e íntimo parecido al del amamantamiento, se puede hacer con el pecho descubierto de forma que el pequeño sienta directamente nuestra piel y nuestro calor.

Pide ayuda pero la decisión la tienes tú. 
Si has decidido dar el pecho a tu bebé, empieza a informarte ya en los cursos de preparación al parto.

El apoyo de los expertos es lo que mejor te puede ayudar. La matrona, en el mismo hospital, debería supervisar desde el primer momento la colocación del bebé para que pueda succionar correctamente. Y después, una vez en casa, el profesional que te revise en el posparto, que también suele ser una matrona, puede resolver dudas y problemas. Si en tu zona hay grupos de apoyo a la lactancia, puedes recurrir a ellos. Pero no dejes nunca que nada te presione ni te influya para abandonarlo ni para continuar,si has tomado una decisión, ya sea en un sentido o en otro.

Etiquetas: bebé, biberón, lactancia, pecho

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