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La importancia de los hábitos

¿Cómo afecta el cambio de rutina a los horarios del bebé?

Todos los expertos coinciden en afirmar que las consecuencias existen tanto en el descanso como la alimentación y el estado de ánimo del pequeño, si bien no todos las sufren igual.

Bebé (Foto: iStock)
Bebé (Foto: iStock)

Cuando los expertos hacen tanto hincapié es la importancia de las rutinas en los niños no es por casualidad. El consenso es total, les ayudan mucho. Y se puede apreciar en multitud de detalles, tantos en los críos que ya no son bebés como en estos.

Aunque el hecho de alimentarse a demanda requiera una mayor flexibilidad que en las rutinas de niños mayores que ya no toman leche materna, los bebés también necesitan una rutina. Su descanso y su estado de ánimo, entre otros factores, lo agradecerán. 

De entrada, descansarán mejor. El cuerpo se adapta rápido a unas costumbres y cuando estas no existen o son modificadas, le pasa factura. Lo puedes comprobar en ti mismo y eres adulto, así que imagínate en un cuerpo y una cabecita tan inexperta. Basta con que tengas un día distinto por alguna circunstancia, como puede ser una cita con el pediatra que coincida con una de sus siestas, para que veas las consecuencias que tiene variar la rutina habitual del pequeño. 

En esta caso concreto, por ejemplo, no hay más remedio que hacerlo, pero se debe evitar todo lo posible romper su dinámica de sueños y comidas porque así que es como las horas de descanso serán más provechosas. De lo contrario, si por ejemplo pierde la siesta de la mañana, es probable que concilie mucho peor el sueño en la siesta de la tarde e incluso por la noche. 

La comida y el descanso, los grandes perjudicados

Esto, a su vez, tiene consecuencias a la hora de comer. Estará agitado, puede que sin apetito, y mucho más nervioso de lo habitual. Y como todo el proceso va encadenado, al comer intranquilo, hay más probabilidades de que las digestiones sean peores. Esto sería una consecuencia indirecta del cambio de rutina.

De lo que no hay duda es de que el recién nacido estará más irritado que de costumbre. Esto es así en la gran mayoría de los casos cuando hay un cambio de rutina de por medio. Es verdad que, como bien advierten los expertos, no afectan a todos los niños por igual porque no hay dos temperamentos iguales, pero es mejor ponerse en lo peor, que la irritabilidad hará acto de presencia, y si luego el niño se adapta bien. esa alegría que te llevas. Si te pilla por sorpresa o no preparada para tener un día complicado, la irritabilidad también se apoderará de ti.

Cambios drásticos

Todas estas consecuencias derivadas de un cambio de rutina en un bebé se magnifican si en vez de un día esporádico dentro de su mismo uso horario se producen por un cambio de horario. Dos pueden ser las causas: el retraso o adelanto de la hora, y los viajes

En el primer caso no es muy complicado que se adapte a la nueva situación. Basta con ayudarle a que lo haga de forma progresiva -ajustando el sueño con cambios imperceptibles para él de 15 minutos antes o después según convenga- y no de golpe, y ayudarle a que se oriente en base a la luz solar, que es algo que a los niños les ayuda mucho a situarse cuando van creciendo y todavía no dominan el concepto de tiempo. 

Más difícil es si el motivo del cambio de rutina es un viaje que conlleva cambio de uso horario también. De nuevo, es útil darle pistas de cuándo es de día y cuándo es de noche (si tiene ya edad para entenderlo). Además, lo más aconsejable es establecer una rutina lo antes posible con el nuevo contexto y guiarle en el proceso con naturalidad.

Un consejo que suele acelerar la adaptación es priorizar que el bebé pueda disfrutar de sus siestas siempre en un horario similar y en el mismo lugar. Es decir, que no duerma un día en el carrito, otro en la cama y mañana en la playa, por ejemplo. Seguramente, le llevará varios días adaptarse por completo, pero será mucho más difícil que lo haga si los horarios y las rutinas son caóticas. 

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