Fiebre del bebé

¿Tu hijo tiene fiebre y no le baja? ¿Sabes qué hacer y cuándo? Te lo contamos

Es un mecanismo de defensa del organismo y en la inmensa mayoría de las veces su origen es una infección. Sin embargo, la fiebre en los niños no siempre es sinónimo de salir corriendo a urgencias, ni siquiera aunque cueste bajarla. Lo importante es que el pequeño coma y duerma bien, y cuando esté despierto no esté adormilado ni sin fuerzas. Descubre cómo actuar y cuándo con la temperatura de tus hijos.

Al contrario de lo que muchos padres creen, no siempre que un niño tiene fiebre hay que llevarlo a un médico y mucho menos a urgencias. Incluso si la fiebre persiste y cuesta bajarla. Si bien es cierto que en los bebés de menos de tres meses es fundamental acudir a un centro médico en caso de que le suba la temperatura, a partir de esa edad, depende de cada caso.

Según ha explicado a Ser Padres Roi Piñeiro, miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), cuando un niño tiene fiebre “hay que tratar al niño, no al termómetro”. Incluso cuando esa fiebre no baje. “Debemos dejar el termómetro a un lado y fijarnos en el bebé, en si está contento, duerme como un bendito y realiza bien las tomas. El objetivo no debe ser que la fiebre desaparezca, sino que el pequeño se encuentre mejor”, sostiene el experto consultado.

Otra cosa es –matiza- tratar los síntomas que pueden aparecer cuando la temperatura corporal se eleva, como por ejemplo el malestar general o los escalofríos. Eso lo podemos conseguir con analgésicos tipo paracetamol, ibuprofeno o metamizol, conociendo que la máxima temperatura que se conseguirá descender es de aproximadamente un grado. Esto es, si tratamos a nuestro bebé cuando tiene 39° C, durante las próximas horas comprobemos que se encuentra mejor, no debemos obsesionarnos con que ‘le baje la fiebre’”.

¿Por qué? Porque aunque a la mayoría de las mamás y los papás se nos olvide, la fiebre es, según recuerda el experto consultado, “un mecanismo de defensa frente a las infecciones, que limita el crecimiento bacteriano y la replicación viral y, en definitiva, colabora en la resolución de los procesos infecciosos”.

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Cuándo acudir a un médico

Eso sí, independientemente de la fiebre que tenga, si el pequeño se encuentra adormilado, no tiene fuerzas o presenta una coloración pálida o grisácea sí hemos de solicitar atención pediátrica “urgente”, sostiene Roi Piñeiro. Y es que a su juicio “no importa la temperatura, sino el estado general del niño. Si tiene 37 grados pero se nota que está enfermo, incluso tras haber tomado analgésicos, entonces hay que ir a urgencias. Si tiene 38 ó 39 grados pero se encuentra feliz, sonríe, salta, corre y no parece que esté malo, entonces no hay motivo para correr. De hecho, acudir rápido al pediatra no asegurará ningún diagnóstico precoz. Solo conseguirá aumentar la inquietud de los padres, pues la exploración física será normal con casi toda seguridad, y no tendrán valor las pruebas complementarias”.

A la hora de analizar las causas de la fiebre, Roi Piñeiro sostiene que en más del 95% de los casos se trata de una infección, y de esas el 80% de los casos tendrá su origen en un virus para el que los antibióticos no tendrán ningún efecto. Además, en un porcentaje no desdeñable de casos, la temperatura corporal –apuntilla nuestro experto- puede verse elevada por exceso de abrigo. “No es raro que temperaturas de 38 grados en el domicilio desaparezcan por arte de magia en la sala de urgencias”, sostiene. 

Sea cual sea la causa, lo más habitual para tratar la fiebre es, según Roi Piñeiro, administrar a cualquier edad paracetamol, e ibuprofeno a los mayores de seis meses. Sea cual sea el fármaco administrado, nuestro experto recuerda que “una vez más, hay que olvidarse del termómetro. Si tras 60-120 minutos no han mejorado los síntomas y nuestro hijo sigue afectado, entonces sí es recomendable que sea valorado por un pediatra”. Además, a su juicio, es importante destacar que la vida media de los analgésicos es de 4-6 horas. Es decir, la fiebre volverá. No se asuste. No hay motivo. Tampoco les abrigue ni les desabrigue demasiado, ni les fuerce a comer. Lo que sí hay que hacer es animarles a beber para que se mantengan hidratados”, concluye.

 

 

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Gema Boiza

Madrileña de corazón, mamá de un bebé hispano-francés y periodista. Soy curiosa, amante de los viajes, de mi familia y de mis amigos. Me gusta descubrir personas, lugares y emociones, y contar a través de mi profesión todos esos descubrimientos. Desde Ser Padres espero poder contaros muchos de ellos!

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