La clave está en el respeto

Cómo comportarse en la consulta del pediatra

Mantener una buena relación con el pediatra de nuestro hijo favorece al niño, a los padres y al médico. Para que sea un éxito, hay que organizar la visita, intentar que el pequeño no sufra y no presionar al médico.

1. En la sala de espera

1. En la sala de espera

  • Muchos niños corren y juegan en la sala de espera.
  • Aunque es lógico, conviene advertirles de que no griten ni hagan demasiado ruido, porque molesta a otros niños enfermos y a los que están intentando hablar dentro de la consulta.
  • Es importante quitarles ropa cuando están jugando. Da mucha pena ver a un niño con la camiseta térmica empapada en sudor, tras haber estado corriendo por una sala caldeada.

2. Llevar una lista de dudas

  • No hay que tener reparo en llevar las preguntas anotadas en un papel.
  • Si la lista resulta muy larga, hay que repasarla y comprobar si de verdad son problemas médicos o si son cuestiones prácticas que sería mejor consultar en otro lado.

3. Evitar que llore

  • Los pediatras no quieren que los niños lloren: les gustan los niños y el llanto dificulta su trabajo.
  • La madre conoce mejor a su hijo, y sabe qué cosas pueden hacerle llorar. Es importante hacer todo lo posible para evitar el llanto:
  • Puede desvestirle sobre sus rodillas; el pediatra preferirá auscultarlo en brazos de su madre a tenerlo llorando en la camilla.
  • Si se sabe que alguna parte de la exploración (el palito en la boca, quitarle el pañal...) es molesta para el niño, conviene advertir al médico para que pueda dejarla para el final (o saltársela, si es posible).
  • Hay que evitar enfrentamientos, descalificaciones y amenazas: «¡Qué vergüenza, un niño tan grande y llorando!», «el doctor va a pensar que eres un llorón», «si lloras, mamá se va»...

4. ¿Es necesario ir al médico?

  • Comprendemos la inseguridad de las madres primerizas con bebés de aspecto frágil. Pero, llegado cierto momento, hay que irse dando cuenta de que el resfriado común (tos, mocos, fiebre) no tiene cura.
  • Cuando un niño tiene tos y mocos, cuando no tiene fiebre o tiene poca y con el antitérmico se pone a correr y a saltar, se trata de un resfriado común. No tiene tratamiento, y se cura por sí solo en unos días.
  • Si el niño se encuentra fatal, apagado, con fiebre alta, y a pesar del antitérmico no mejora su estado general, no salta ni corre ni juega, hay que llevarlo al médico porque a lo mejor tiene otra cosa más grave.
  • También si le cuesta respirar, si cuando respira se oyen pitos, también, no vaya a ser una pulmonía o un ataque de asma.

5. Pedir cita para cada niño

  • Los médicos, sobre todo en la Seguridad Social, suelen estar sobrecargados de trabajo, con una visita cada pocos minutos. Cualquier consulta para otro de los hermanos, aunque sea una simple gestión como extender una receta, aunque el niño no esté físicamente presente, contribuye a aumentar los retrasos.
  • Es importante, si hay que consultar por dos niños, pedir hora para los dos.

6. No pedir medicamentos

  • Muchos pacientes (¡y muchos padres de pacientes!) no conciben salir de la consulta sin una receta que enseñar como premio a sus desvelos.
  • Exigen su receta, no siempre educadamente y casi todos los médicos ceden, aunque el malestar del niño no necesite tratamiento.
  • La mayoría de los médicos se pondrán muy contentos si un paciente les dice: «Si no es realmente necesario, prefiero que no me recete nada». Los padres podrían ahorrarse así mucho dinero, y los niños podrían evitarse muchos malos tragos (nunca mejor dicho) y algún efecto secundario.

7. No amenazar al niño con el pediatra

  • Hay quien recurre al pediatra como amenaza: «Si te portas mal, te pinchará», «si no te lo comes todo, la doctora te pondrá una inyección» («sí, una inyección de pan con tomate», como decía cierto profesor).
  • Con eso solo se consigue que el niño llore de terror en la siguiente visita.

8. Los médicos no son adivinos

  • Un niño que ha vomitado una vez o que lleva dos horas con fiebre puede tener cientos de cosas. En algunas enfermedades, los síntomas característicos tardan dos o tres días en aparecer. En otras, no hay síntomas típicos y los niños se recuperan por sí mismos.
  • En muchos casos lo más práctico, prudente y honesto para el pediatra es decir: «No sé lo que tiene el niño. Si sigue igual, vuélvalo a traer mañana».
  • Si no aceptamos que el médico no lo sabe todo, si respondemos de mala manera o llevamos al niño a urgencias a los cinco minutos de salir del consultorio, lo único que conseguimos es que algunos médicos, agobiados y presionados, opten por inventarse un diagnóstico para salir del paso.

9. Respetar los sentimientos del niño

  • En ocasiones, tanto los padres como los pediatras olvidan los sentimientos de los niños. Hablan de ellos, en su presencia, como si no pudieran entenderlos, y desvelan ante extraños sus problemas más íntimos, a veces en términos muy poco compasivos. Sobran comentarios del tipo “mi hija es una perezosa o hace ascos a todas las comidas”.
  • El respeto al niño, al médico y a uno mismo es básico en cualquier relación.

Etiquetas: bebé, carlos gonzález, pediatra, salud, salud del bebé

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