Salud de los bebés

Cómo lidiar de forma efectiva con los mocos de los bebés

Durante el invierno, los mocos son los protagonistas indiscutibles de las consultas de pediatría. Descubre cómo deshacerte de ellos de forma eficaz.

pie bebé
Fuente: Canva

Otra vez, y como todos los años, poco a poco va llegando el invierno y con él, el frío, el ingrediente perfecto para la proliferación de los virus y las bacterias causantes de las enfermedades respiratorias. La incidencia de este tipo de afecciones es más elevada en los niños, ya que su sistema respiratorio todavía es inmaduro, y este tipo de afecciones cursan en ellos con bastante sintomatología. Por eso, durante los meses de temperaturas más bajas las preguntas que reinan en las consultas de pediatría tienen unos protagonistas indiscutibles: los mocos.

Los mocos, esa sustancia pegajosa y viscosa en realidad, no es más que una respuesta defensiva del organismo ante procesos infecciosos. Es decir, no son el enemigo, sino el ejército dispuesto a luchar contra cualquier germen. Por eso, a pesar de que siempre están presentes en el sistema respiratorio, solo se hacen evidentes cuando una amenaza infecciosa favorece la fabricación en exceso de esa mucosidad, algo muy común en las infecciones de vías altas a las que pueden ser tan propensos los niños.

Aunque por muy dispuestos que estén a proteger el organismo, son un incordio. No dejan ni descansar ni comer con normalidad a los menores, quienes muchas veces se ven sobrepasados por la dificultad para respirar que les causan. Según van creciendo, podrán deshacerse de ellos sonándose o escupiendo, tal y como hacen los adultos, pero… ¿cómo se puede ayudar a los más pequeños?


En ocasiones, simplemente no haciendo nada. Habría que esperar que el proceso siguiera su curso, que lentamente fuera tragando esos mocos y que desaparecieran al cabo de unos días. Pero, si son muy molestos y pesados, les quitan el apetito o les provocan tos, es posible facilitarles su eliminación favoreciendo una buena hidratación, que evitará que aumenten su espesor y, por tanto, su acumulación. 

A veces, este recurso no es suficiente y es necesario recurrir a los lavados nasales para tratar de desobstruir las vías colapsadas. Silvia Carrasco, fisioterapeuta infantil especializada en fisioterapia respiratoria, aconseja realizar este tipo de maniobras con el bebé sentado, en la medida de lo posible y una vez ya aguante la cabeza por sí mismo. Esta posición ayuda a prevenir otitis y permite realizar una limpieza más completa. 

Los mejores consejos desde la fisioterapia

“Quizás la fisioterapia respiratoria sea una de las herramientas más desconocidas a la hora de lidiar con los mocos, a pesar de que es bastante beneficiosa y efectiva”, explica Carrasco. “La mayoría de las veces, el único tratamiento que se pauta es la medicación. Por eso, es importante conocer que existen terapias más sencillas, menos agresivas y más eficaces para ellos. La fisioterapia es un método terapéutico inocuo, sin efectos tóxicos o secundarios que además ha demostrado ser muy efectivo en el tratamiento de las bronquitis, bronquiolitis, gripes y catarros tan comunes en los niños”.


Estas técnicas de fisioterapia respiratoria consisten en una serie de masajes, técnicas y ejercicios para ayudar a que el bebé o niño expulse las secreciones mucosas y expectore de forma más eficaz. De este modo mejorará su ventilación, el intercambio gaseoso y dormirá y comerá mucho mejor. En este aspecto, Carrasco también resalta la importancia que tiene la prevención a la hora de evitar mayores problemas a través de estos cinco consejos que se pueden aplicar en el hogar:

 

1. Usar el mejor mucolítico: el agua

“Ningún fármaco ha demostrado ser efectivo para los mocos”, apunta la fisioterapeuta. Con el agua, lo que se hace es fluidificar las secreciones, es decir, las vuelve más líquidas y a los bebés les resulta más fácil expulsarlas. “Pero cuando están con lactancia materna exclusiva no se les puede dar agua, por lo que lo ideal es seguir con este método de alimentación a demanda”, indica tras puntualizar que en los que ya coman de manera complementaria es importante aumentar el consumo de agua, por ejemplo a través de zumos o sopas, para mejorar la hidratación.

2. No abusar del suero

Las soluciones de agua de mar son preferibles al suero fisiológico estándar. ¿Por qué? Porque favorecen la funcionalidad de la mucosa y ayudan a reestablecer su equilibrio. Aun así, lo recomendable es utilizarlo solo un par de veces al día: por la mañana y por la noche.


3. Mantener los entornos ventilados

Abrir las ventanas de par en par durante una hora al día ayudará a mantener los espacios aireados, lo que sumado a una buena limpieza, evitará que los gérmenes sigan presentes en las estancias. “Eso sí”, puntualiza Silvia Carrasco, “es muy importante que no se limpie en presencia de los menores”. También recomienda no dejarles jugar en el suelo durante unos días, especialmente si se tienen alfombras, y meter sus peluches en el congelador durante al menos una noche para acabar con cualquier germen que pudiera esconderse en ellos. Respecto a los humidificadores la fisioterapeuta lo tiene claro: “el ambiente ideal tiene entre un 40-70% de humedad, si abusamos de ellos, lo que hacemos es vehiculizar los gérmenes ambientales y probablemente aumentar la secreción de mocos.”


4. Incorporar ligeramente al bebé para comer o dormir

“La horizontalidad dificulta la función respiratoria cuando se tienen muchos mocos”, señala la fisioterapeuta pediátrica. Cuando están inclinados es probable que estén más cómodos y no tengan tantos problemas para inspirar y espirar. Además, muchos bebés tienen reflujo y cuando se asocia a la mucosidad puede complicarse y resultarles muy molesto. Por lo que lo adecuado es elevar su cabeza por encima del cuerpo, aproximadamente unos treinta grados, a la hora de alimentarse para que no aumente la irritación y fraccionar las comidas si fuera necesario. Para descansar, es suficiente con incorporarle ligeramente.


5. Evitar entornos de mucha afluencia

La bronquiolitis, una infección vírica en el tracto respiratorio inferior, es la enfermedad respiratoria más frecuente en los lactantes. En niños menores de dos años pueden presentarse entre seis y ocho infecciones al año, muchas de las cuales, afectan a las vías bajas y suponen una de las causas más frecuentes de hospitalización. Normalmente, los niños que acuden a escuelas infantiles tienen un riesgo mayor de padecer este tipo de afecciones que los que no. 

 

 

 

mocos
La fisioterapia respiratoria es efectiva e inocua

Sabiendo que los mocos son una respuesta normal del organismo, parece complicado distinguir una señal de alerta. La pregunta es clara, ¿entonces cuándo se debe acudir al pediatra? Cuando se reconozcan en el bebé síntomas como alta temperatura, tos sin secreciones, dificultades para dormir o comer, cambios en la coloración de la piel “o una agitación o esfuerzo respiratorio que se puede distinguir por sibilancias, aleteo nasal o tiraje intercostal o subcostal”, señala Carrasco.

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Laura Mora

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