¡Virus y bacterias por doquier! 4 formas de luchar

¡Anticuerpos al rescate! Cómo potenciar las defensas de mi hijo

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Desde el vientre materno, el organismo del bebé está preparado para enfrentarse a más virus y bacterias de lo que podría parecer a primera vista. ¿Qué está en nuestra mano?

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¡Virus y bacterias por doquier! Cómo potenciar las defensas de mi hijo

El sistema inmunológico nos protege del efecto de los gérmenes y sustancias desconocidas y los destruye. Esa respuesta inmune se inicia en el útero: en el último trimestre de gestación empieza la transmisión de anticuerpos de la madre al hijo a través de la placenta. Los anticuerpos maternos protegerán al recién nacido durante sus primeros seis meses de vida.

Los recién nacidos, protegidos desde el ‘minuto cero’

Las defensas de los recién nacidos son inmaduras, pero empiezan a generar respuestas de protección desde el mismo momento de su nacimiento, ya que tienen billones de células de su sistema inmune. Al generar una respuesta rápida a las bacterias que están en sus intestinos, por ejemplo, son capaces de evitar que estas invadan su torrente sanguíneo, lo que les causaría graves enfermedades. Esta capacidad es imprescindible para afrontar los peligros medioambientales a los que se verán sometidos en las primeras horas y días de su vida. Los recién nacidos salen del entorno estéril del útero para adentrarse en un mundo repleto de bacterias, virus y demás microorganismos.

En contacto con el medio

En condiciones normales, el sistema inmunológico del bebé no necesita ser fortalecido, ya que está programado para desarrollarse en el tiempo de forma adecuada. Eso sí, para que las defensas maduren correctamente es necesaria la interacción con los patógenos habituales del medio en el que vive el pequeño.

¿Cómo lo conseguimos?

En primer lugar, no se debe descuidar de ninguna manera la  administración de las vacunas en el momento establecido por las autoridades sanitarias en el calendario de vacunación infantil. Además, debemos lograr un equilibrio entre una higiene correcta, de manera que nuestros hijos no estén expuestos a infecciones graves, y cierto contacto con los microbios y patógenos más comunes. No se trata de no duchar al niño en dos semanas o consentir que se meta cualquier cosa en la boca, pero sí es recomendable dejarle un poco de libertad a la hora de jugar con objetos, gatear por el suelo o jugar con las mascotas de casa, si las tenemos y están correctamente vacunadas. Entre los niños de los países desarrollados han ido aumentando en los últimos años las enfermedades alérgicas, que no son más que una respuesta inadecuada del organismo a sustancias que habitualmente no suponen peligro.

Una de las teorías sobre aumento de las patologías alérgicas es que una mayor  higiene en los hogares y en general (o sea, menor exposición a gérmenes) ha hecho que disminuyan la tasa de enfermedades infecciosas, algo muy bueno a priori,  pero que también hace que el sistema inmune entre en un estado que podíamos llamar de «stand by». Y, al final, el peligro radica en que un sistema inmune que está programado para siempre estar alerta termina produciendo una respuesta no adecuada frente a estímulos que realmente no son peligrosos para el organismo.

Otra precaución importante es  no administrar antibióticos al niño sin la prescripción de pediatra y hacerlo en las cantidades y durante el tiempo que este recomiende, para evitar que el pequeño desarrolle resistencia a estos fármacos. Y, por supuesto, no está de más decirlo, no se debe fumar nunca delante de un bebé.

El papel de la lactancia

Durante el primer año de vida, las defensas del bebé no están completamente desarrolladas y dependen de las que su madre le ha pasado durante el último trimestre de gestación y de las que le transmite a través de la leche. Los problemas de causa inmunológica (alergias, asma, enfermedades intestinales) son menos frecuentes o aparecen más tarde en los niños alimentados con lactancia materna, especialmente durante los primeros tres o cuatro meses de vida. Se ha demostrado que la leche materna protege a los niños pequeños contra infecciones agudas gastrointestinales y respiratorias, debido en gran parte a la gran cantidad de factores inmunológicos, tanto específicos como no específicos que contiene, así como a las sustancias protectoras no inmunológicas que aporta.

El calostro (la leche de los primeros días) contiene gran cantidad de proteínas, vitaminas e inmunoglobulinas (defensas) que protegen al recién nacido frente a numerosas infecciones como diarrea, otitis, infecciones respiratorias (catarros, bronquiolitis, bronquitis, neumonía), etc.

Protege a tu hijo del estrés

Muchos estudios vinculan el  estrés y la inseguridad emocional con una respuesta inmunológica deficiente. Uno de los más conocidos es el publicado en la prestigiosa revista Nature Reviews Immunology en 2005. Por eso, parece razonable proporcionar al bebé un entorno estable, respetar sus rutinas cotidianas y transmitirle todo el amor del mundo mediante nuestra atención, la voz y el contacto físico (mimos, caricias, masajes...).

Una habitación pintada con colores pastel, sin ruidos estridentes, con una luz agradable y bien ventilada, es decir, un entorno físico agradable y alejado del estrés, también contribuirá a su bienestar.

El sistema inmunológico del recién nacido sano es saludable, pero tardará unos meses en ser medianamente eficiente y años en funcionar a pleno rendimiento. Los padres pueden darle un empujoncito:

1. Lactancia, un empujón a sus defensas

lactancia

Por qué funciona. La leche materna está repleta de sustancias que potencian la inmunidad. Los bebés alimentados de
forma natural tienen menos posibilidades de padecer ciertas enfermedades (infecciones, alergias).

Lo que dice la ciencia. Solo en los primeros cuatro días de amamantamiento el recién nacido recibe 4 billones de glóbulos blancos. También obtiene linfocitos, que ayudan a que el sistema inmunológico trabaje, así como IgA, un anticuerpo que recubre las vías respiratorias y los intestinos y forma una barrera contra las bacterias. El recién nacido produce solo pequeñas cantidades de IgA y alcanza los niveles del adulto, en saliva, solo después de un año de edad. La leche materna humana tiene anticuerpos principalmente del tipo IgA y en menor proporción anticuerpos IgG e IgM.

Qué hacer. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Española de Pediatría recomienda alimentar a los bebés con leche materna hasta los seis meses y posteriormente continuar dándoles el pecho, combinado
con otros alimentos, hasta los dos años de edad o más.

2. La importancia de la comida saludable

sano

Por qué funciona. El bebé necesita vitaminas y minerales para que su  sistema inmunológico (y todo su organismo) se fortalezca. Pero nuestro cuerpo no puede generar la mayoría de los nutrientes, por lo que tenemos que recibirlos de los alimentos que tomamos.

Lo que dice la ciencia. Una vez se introducen otros alimentos en la dieta del niño, la dieta debe ser equilibrada e incluir patatas y zanahoria, que llevan vitamina A; kiwi y cítricos para la vitamina C, espinaca, que provee de vitamina E y cereales integrales como avena y cebada porque aportan distintos minerales, entre los que destacan sobre todo el hierro, el zinc, el selenio y el cobre.

Qué hacer. Hablar con el pediatra sobre las necesidades particulares de alimentación y sobre cuándo y cómo se pueden
empezar con la introducción de los sólidos. Un niño que sigue una dieta saludable no necesita suplementos vitamínicos.

3. El descanso de tu hijo aumenta su defensas

¡Virus y bacterias por doquier! Cómo potenciar las defensas de mi hijo

Por qué funciona. Provee una valiosa oportunidad al cuerpo del bebé para reparar problemas y revitalizarse, lo que reduce la cantidad de esfuerzo de su creciente, pero todavía delicado, sistema inmunológico.

Lo que dice la ciencia. Si el bebé no descansa tumbado lo suficiente producirá más hormonas del estrés, lo que
puede ralentizar o deteriorar tanto su curación como su crecimiento. También puede tener menos energía y menos ganas de hacer ejercicio.

Qué hacer. Es importante que duerma lo suficiente: entre 16 y 20 horas los recién nacidos y entre 14 y 15 horas los bebés de seis a doce meses, incluyendo las siestas. Si algo interfiere en su capacidad para  conciliar el sueño o dormir seguido, lo mejor es consultarlo al pediatra.

4. El ejercicio es clave para aumentar sus defensas

Por qué funciona. El ejercicio frecuente mejora la circulación, la digestión y el apetito del bebé, por lo que aumenta su capacidad de alimentarse convenientemente. Además, le ayuda a dormir mejor, y el reposo es crucial para el correcto funcionamiento del organismo.

Lo que dice la ciencia. La circulación mejorada ayuda a la linfa (un líquido que contiene muchas células que luchan contra las infecciones) a hacer su recorrido por el cuerpo. La actividad física disminuye la producción de hormonas del estrés, que pueden dañar el sistema inmunológico.

Qué hacer. Cuando el bebé pueda moverse, debemos asegurarnos de que dedica al menos media hora al día a hacer algún tipo de actividad física. No tiene por qué ser extenuante, puede ser tan simple y divertido como dar volteretas sobre una mantita o gatear detrás de una pelota. La natación es muy recomendable, aunque habría que esperar hasta los tres o  cuatro meses de vida del bebé para llevarle a una piscina que reúna las condiciones necesarias para esas edades.


Asesor: Dra. Elena Seoane Reula, especialista en Inmunología y en Alergología y Master en Pediatría, responsable del área de Inmuno-Pediatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Etiquetas: bronquiolitis, bronquitis, catarro, enfermedades, higiene infantil, lactancia, lactancia materna exclusiva, neumonía, salud del bebé, salud niños, virus

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