No siempre son graves

Convulsiones febriles en los niños: cómo actuar con rapidez

Son aparatosas y alarmantes pero no causan lesiones y tampoco dejan secuelas. Por eso no debemos asustarnos antes de tiempo si nuestro pequeño sufre una convulsión, sin embargo, debemos actuar con rapidez.

¿Cuáles son los síntomas?

Una convulsión es aquella situación en la que, de forma brusca, el niño empieza con movimientos musculares repetidos, anormales, acompañados, habitualmente, de pérdida de conciencia (no responde a la llamada o a estímulos).

Es una respuesta del cerebro ante la fiebre que se produce en algunos niños sanos entre los 6 meses y los 5 años de edad. Casi siempre ocurren durante el primer día de fiebre.

Esto quiere decir que si tu hijo las sufre perderá bruscamente la conciencia, el cuerpo se le pondrá rígido y comenzará con sacudidas o se quedará completamente flácido. También es frecuente que la boca esté morada, cerrada con fuerza, como encajada y la mirada perdida. Suele durar poco tiempo, generalmente menos de 5 minutos. Al final, el niño tiende a dormirse.

En los niños, la mayoría de las veces las convulsiones están desencadenadas por fiebre, que son a las que nos vamos a referir y las llamamos convulsiones febriles.

¿Cuáles son los síntomas de las convulsiones febriles?

El niño pierde la conciencia y empieza a sacudir su cuerpo, en especial los brazos y las piernas. Su mirada se queda fija y los labios pueden ponerse lívidos. En un tiempo variable que puede ser de entre unos segundos y más de diez minutos recupera la conciencia y entra en un sueño profundo del que se despierta solo al cabo de unos minutos.

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¿A qué se deben?

La temperatura se regula en un centro que está en el cerebro. En los bebés este centro está inmaduro y cuando su temperatura sube bruscamente, el cerebro reacciona de una forma anormal, provocando convulsiones. En algunos bebés éstas se producen incluso cuando la temperatura sube sólo unas décimas.

¿Cuánto duran?

Hay dos tipos de convulsiones febriles: simples y complejas. Las simples suelen durar menos de diez minutos, el periodo de sueño posterior es breve y la recuperación rápida. Las complejas duran más de 15 minutos, la recuperación es más lenta y pueden repetirse durante la misma enfermedad.

¿Cómo actuar?

Lo mejor que se puede hacer para ayudar al niño (y para mantener la calma) es lo siguiente:

  • Limpiarle la nariz, si tiene mocos, para que respire bien.
  • Tumbarle en el suelo o la cama, sobre un costado.
  • Aplicarle compresas de agua tibia en la frente y cuello o ponerle un supositorio de paracetamol, que le bajará la temperatura.
  • Si ya ha sufrido convulsiones antes, ponerle una cánula rectal de diacepan, que habrá recetado el doctor para estas ocasiones.

No se debe hacer

  • Introducir un pañuelo u otra cosa en la boca del niño: podríamos causarle una lesión sin querer.
  • Sujetarle, para tratar de detener las convulsiones.
  • Darle algo de beber o darle un antitérmico por la boca.
  • Tratar de despertarle del sueño profundo.

¿Hay que acudir al médico?

Sí, en la primera crisis es conveniente consultar con el doctor. Él explicará qué se debe hacer en caso de que la convulsión se repita y diagnosticará el proceso que ha provocado la fiebre (suele ser una gripe, un catarro, una otitis...). También se debe consultar si las convulsiones se repiten en lo sucesivo, porque el niño puede necesitar un tratamiento preventivo.

¿Va a sufrirlas toda la vida?

Algunos niños tienen una segunda convulsión o una tercera y ya no vuelven a sufrir más en su vida. Otros, los menos, tienen más episodios. La tendencia a padecer convulsiones suele desaparecer hacia los cinco años.

¿Pueden dejar secuelas?

No. Las convulsiones febriles nunca dejan secuelas de ningún tipo, a pesar de su aparatosidad.

¿Predisponen para la epilepsia?

No. Las convulsiones febriles no guardan ninguna relación con la epilepsia, que se produce por otros mecanismos diferentes. La posibilidad de que un niño que ha sufrido convulsiones febriles desarrolle una epilepsia en el futuro es remota (del 0,4 por ciento) y sólo se da en los pequeños que tienen antecedentes familiares de convulsiones complejas y recurrentes o antecedentes de epilepsia.

¿Cuándo acudir a urgencias?

  • Debemos acudir a urgencias si la convulsión dura más de diez minutos.
  • Si pasan más de 20 minutos desde que finaliza la crisis y el niño no se despierta (solo).
  • En caso de que la convulsión se repita durante el mismo proceso febril.
  • Cuando, pasada la crisis, el niño presenta somnolencia, náuseas, vómitos o sus movimientos o su comportamiento son anormales.

Conclusiones importantes

Las convulsiones febriles tienen buen pronóstico. Después de la convulsión el niño tendrá el mismo estado de salud que antes.

Cualquier infección banal (catarro, anginas, gastroenteritis) que curse con fiebre puede provocar una convulsión febril.

Son frecuentes (3-5% de los niños). Además, después del primer episodio, 1 de cada 3 niños volverá a tener otro. 

En la mayoría de las ocasiones, no se precisa ningún estudio especial.

Los niños con convulsiones febriles no necesitan un tratamiento para la fiebre diferente del que se administra a los demás niños. Utilice las dosis habituales de antitérmicos

 

 

Asesores: Dr.Florencio de Santiago y seup.org

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