Siempre se hizo así

Le duelen los oídos, ¿tendrá otitis?

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Los dolores de oído son muy frecuentes en la infancia, suelen aparecer de noche, como los traidores y los ladrones. ¿Qué podemos hacer para aliviar al bebé?

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Otitis

Los niños se tocan la oreja, sobre todo cuando son muy pequeños, aunque no la ven se la descubren, y les llama la atención su textura y carnosidad y ese agujerillo por el que cabe su diminuto dedo. La oreja es un elemento a explorar, eso no significa que les duela o les moleste, solo están investigando. Lo digo porque es muy frecuente que, en la consulta, los padres muestren preocupación, y al observar el conducto confirmamos que no hay problemas.

Los dolores de oído son muy frecuentes en la infancia, casi un 80% antes de los cinco años habrá sufrido el temible síntoma llamado otalgia. Suele aparecer de noche, como los traidores y los ladrones. El pequeño se despierta llorando con un llanto intenso que no se calma fácilmente y suele buscar el calor, por eso es habitual que apoye el lado que le duele contra el pecho de la madre. El calor alivia momentáneamente, aunque a la larga no quita el dolor, pero mientras hace efecto el ibuprofeno, cualquier cosa es buena para consolar al niño.

Empezaremos por lo que más preocupa de este asunto. Ver a un niño con dolor, llorando y muy incómodo, nos rompe el corazón y a muchos lo que os apetece es salir corriendo a urgencias para que el médico recete el remedio mágico que solucione el problema. Así me encuentro en la puerta de la consulta a niños sin cita llorando porque su mamá no sabe qué hacer. ¿Me molesta? Sí, porque no es de recibo que un niño esté esperando en un grito de dolor cuando en casa tenemos el remedio que todo lo cura: un calmante. Un paracetamol o un ibuprofeno le quitará el dolor y ya habrá tiempo para consultar, o no, con su médico.

No siempre necesita antibiótico

Ante un dolor, lo primero que hay que hacer es calmar al niño, el peque no tiene por qué sufrir. («No, si es para que usted vea que es verdad, que le duele»... Yo, y cualquier pediatra, os creo, no os preocupéis). Quitad el dolor y ya se verá a qué se debe, hay tiempo para iniciar un tratamiento. No todo dolor de oídos es síntoma de otitis ni necesita antibiótico siempre, y menos rápidamente.

Vayamos por partes: primero están las otitis de verano, las de piscina. Suelen ser externas y afectan al conducto auditivo, no al oído. Se suelen tratar aplicando gotas localmente y se previenen manteniendo seco el conducto al salir del agua. No solo debemos secarnos el cuerpo con la toalla, con la punta también debemos repasar la oreja para que no acumule agua, porque humedad y calor son un caldo de cultivo para cualquier germen que habite en la piscina.

Por otro lado, están los dolores que aparecen cuando el niño tiene un catarro invernal, en este caso, solemos decir que los mocos se han ido al oído. Esa mucosidad ejerce presión sobre la pequeña caja timpánica y puede provocar una molestia muy intensa. Si como consecuencia de esa presión el tímpano se abre, esa mucosidad sale fuera y el dolor desaparece al comenzar la supuración. Cuando este moco es transparente, la otitis se solucionará sin tratamiento ninguno –aunque la supuración puede durar unos días– en todo caso, con ayuda de nuestro querido ibuprofeno.

Pero si el dolor persiste y el niño tiene fiebre alta o si la supuración es maloliente y purulenta, entonces es muy posible que haya una infección, vírica o bacteriana; si esta es por virus no necesitará tratamiento antibiótico; si es bacteriana sí.

Resumiendo, solo un pequeño porcentaje de dolores de oído están causados por infecciones. De esas infecciones solo un grupo pequeño requerirá medicación con antibiótico y, afortunadamente, a día de hoy muchas de ellas curarán aún sin antibiótico, pero no vamos a arriesgarnos, se pone su tratamiento y el pequeño como nuevo. No hace falta que le vea un médico rápidamente, un niño con dolor de oídos lo que necesita es un calmante, y cuanto antes lo tome mejor.

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