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Flotadores de cuello

¡Mucho cuidado con los flotadores de cuello para niños y bebés!

En los últimos años los estamos viendo cada vez más de moda, pero los flotadores de cuello infantiles tienen más peligros que beneficios y, de no usarlos correctamente o descuidar al niño, podrían desencadenar consecuencias severas.

flotador
Fuente: Istock

La llegada del verano también supone temporada de baños y, sin duda, a los que más hay que proteger es a los peques. Y es que ellos, que todavía no se manejan con destreza en el agua pero que, sin embargo, adoran jugar con ella, podrían sufrir graves consecuencias para su salud si descuidamos el tiempo que pasen dentro del agua. De hecho, ¿sabías que cada año se producen en España entre 70 y 150 muertes infantiles por ahogamientos en playas, ríos, embalses y piscinas? Así lo confirma la Asociación Española de Pediatría.

Por eso, no está de más recordar que la principal medida para evitar cualquier problema con los niños o bebés dentro del agua sea la vigilancia constante por parte de un adulto con experiencia. Eso sí, existen algunos artículos que hacen más sencilla la vida a las familias. Hablamos de los famosos flotadores, manguitos y demás objetos para flotar y evitar que el niño se hunda. Pero, aunque todos los usamos, ¿son realmente seguros?

Ya te contamos el peligro de los flotadores y manguitos si se usan sin vigilancia y sin cuidado pero últimamente hemos visto una moda que se repite, incluso, en los spa para bebés: son los flotadores de cuello, unos aros inflables que se colocan alrededor del cuello del pequeño y que permiten que tengan su cuerpo libre dentro del agua y su cabeza por fuera sin riesgo de hundimiento.

Flotadores de cuello: más peligros que beneficios

Aunque a priori puede parecer una idea del todo apetitosa, lo cierto es que un mal uso de este tipo de flotadores podría ocasionar daños severos a la salud de los niños. De hecho, la Asociación Española de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría advierten que “no hay estudios que demuestren que la utilización de flotadores en el cuello produzca ningún beneficio en los bebés”.

A este respecto habla Emilio Rodríguez Ferrón, jefe del servicio de Pediatría de los Hospitales Vithas en Alicante: “el flotador de cuello obliga al bebé a mantenerse en vertical con el cuello erguido, posición contraria a la necesaria para aprender a nadar”. Además, completa diciendo que disminuye su interacción con el agua y con su entorno, a la vez que podría interferir con el adecuado desarrollo psicomotor del bebé.

Y los peligros no acaban aquí: al hablar de un artículo hinchable, podría pincharse o deshincharse, provocando la inmersión del bebé. “Si el tamaño no es exactamente el adecuado, pueden comprimir estructura anatómicas del cuello o, por el contrario, permitir que la cabeza del bebé resbale hacia abajo”, comenta el doctor.

Por eso, es tajante afirmando que este tipo de artículo proporcionan una falsa sensación de seguridad y esto es muy peligroso porque, tal y como él mismo nos cuenta, “hace que disminuya la atención y vigilancia del cuidador”.

Consejos de uso de los flotadores de cuello

Aunque el Doctor Rodríguez Ferrón prefiere no recomendar su uso en ningún caso, pide que las familias que se decanten por utilizarlo sigan una serie de consejos muy estrictos:

  • El flotador ha de ser de un material no tóxico y no hinchable para que no pueda pincharse ni deshincharse.
  • Debemos asegurarnos de que el tamaño es el adecuado: no comprime el cuello ni deja que el niño resbale hacia abajo
  • Sobre todo, se debe usar siempre bajo estricta y continua supervisión de un adulto y durante periodos de tiempo cortos
  • Nunca se debe utilizar en la playa porque las olas pueden provocar el ahogamiento del pequeño pese al flotador

¿Cómo debe ser la vigilancia dentro del agua?

“Nuestra recomendación a las familias es que cojan a su bebé en brazos y disfruten juntos en el agua”. Esta es, para Rodríguez Ferrón y para la Asociación Española de Pediatría, la medida de seguridad más eficaz de cara a introducir a los niños en el agua.

Esta última advierte que para que sea adecuada, la distancia al menor debería ser inferior a la longitud del brazo del cuidador y nunca se debería relajar la guardia.

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