Síntomas que no hay que ignorar en los niños

¿Vamos a urgencias?

Los padres tendemos a angustiarnos cuando vemos a nuestros hijos enfermos. A veces, la preocupación está justificada.

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¿Tu hijo padece diarrea? ¿Tiene fiebre alta? ¿Tose con fuerza? ¿Vomita o sufre abatimiento? Son algunas de las molestias y enfermedades más comunes en los niños pequeños. Su edad y duración, junto con otros síntomas, indican a los padres si hay que llevarles o no al médico de inmediato.

Fiebre antes del 4º mes

La temperatura corporal puede variar según la hora del día, con el ejercicio, etc. En niños, se suele considerar fiebre a partir de 37,2º C (axilar) o 38º C (rectal).  

Cuando un bebé tiene fiebre antes de los tres meses, hay que llevarlo a urgencias de un hospital, y si la tiene durante el resto del primer año, también conviene llevarlo al médico.

En cambio, en niños mayores no hay tanta prisa. Cuando su estado general es bueno (si el niño juega y sonríe o si vuelve a jugar y sonreír en cuanto le hace efecto el antitérmico), es mejor esperar al día siguiente. En las primeras horas, muchas veces la enfermedad no da la cara y correr al pediatra al primer síntoma suele ser inútil.

Cuando la fiebre tiene una causa clara (como, por ejemplo, tos y mocos) y el niño está bien, ni siquiera hace falta ir al médico. En la mayor parte de los casos la fiebre desaparece por sí sola en uno o dos días, aunque la tos y los mocos pueden durar mucho más.

Tos continua y fuerte

La tos y los mocos son muy comunes en los niños. Se deben a algún virus sin importancia, y no tienen tratamiento, ni siquiera si los mocos son verdes (estos son tan normales como los de otros colores). Ahora bien, hace falta acudir al médico cuando se sospecha que el niño no tiene un simple resfriado sino algo más grave, como cuando le cuesta respirar o respira de forma muy acelerada o la tos es continua y muy fuerte.

Llanto inconsolable

Es normal que el bebé llore, el llanto es su forma de comunicarse. Pero a veces llora de dolor, cuya causa puede ser desde una simple otitis hasta una enfermedad importante. Y lo malo es que no puede decirnos dónde le duele.

El llanto de dolor suele ser más agudo y prolongado, difícil de consolar, y suele acompañarlo una expresión facial de sufrimiento. El bebé está irritable: si no llora, está como «a punto de llorar». Siempre que llora es importante cogerle en brazos y consolarle. Solo así se podrá ver si se calma rápidamente o si sigue llorando y llorando. En caso de llanto inconsolable, hay que acudir al médico.

Manchitas de sangre en la piel

Si sospechas que tu hijo tiene sarampiónvaricela o alguna enfermedad similar, es mejor que de entrada no lo lleves al médico, no vaya a contagiar a todos los que estén en la sala de espera. Llama a tu pediatra o a urgencias, explica la situación, envía por el móvil varias fotos de las manchitas y sigue sus instrucciones.

Las manchas de sangre, muy rojas y que no se blanquean al apretar, a veces pequeñitas (petequias), a veces más grandes, como hemorragias en la piel, pueden indicar una enfermedad grave: acude al hospital. Pero también puede haber petequias sin importancia en la cara, el cuello y el tórax en un niño que ha hecho mucha fuerza al toser o al vomitar.

Abatimiento

Es tal vez el síntoma más preocupante antes del primer cumpleaños, pero también el más difícil de apreciar para unos padres primerizos. Si un bebé, sobre todo un recién nacido, parece apagado, débil, flojo (hipotónico); si no se mueve como siempre; si rechaza el alimento o si su llanto parece débil y lastimero; si no está como siempre, no dudes en acudir al médico.

Diarrea abundante

Ante una diarrea de verdad, con varias deposiciones líquidas y abundantes, lo urgente no es ir al médico sino rehidratar al niño: darle el pecho, o el biberón, sin interrupción, seguir dándole dieta normal y sobre todo ofrecerle una solución de rehidratación oral (como Sueroral hiposódico®). Ahora bien, si la diarrea es abundante, acude a urgencias, pero no olvides ofrecerle el pecho, el biberón o la rehidratación oral por el camino.

Vómitos y mal estado

Todos los niños menores de un año regurgitan o vomitan un poco, y no tiene importancia. Solo debes acudir al médico si piensas que los vómitos son muy abundantes o si el bebé parece enfermo. El niño mayor puede tener vómitos aislados, por un exceso alimentario o por algún virus, luego normalmente sigue jugando: en ese caso, no hace falta hacer nada. Sobre todo, no le des medicamentos para cortar el vómito, porque pueden tener importantes efectos secundarios.

Etiquetas: bebé, fiebre, niño

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