Protagonista de ELLOS ENCANTADOS

Los niños tableta

Las tabletas...esas tecnologías a las que los niños se pasan el día pegados y traen a padres y abuelos por la calle de la amargura...hoy Carmen Encantada nos habla de su nieto y su inseparable tableta.

Me dice mi nieto Leo: Abuela, no sé qué les pasa a mis pies, se me rompen todos los calcetines. Doy fe de que no es por las uñas, porque se las corto yo y va siempre muy aseadito mi niño, pero es verdad que lleva a menudo el dedo gordo al aire. Me lo suelen dejar los miércoles por la tarde, mientras su hermana va a clase de báminton, y la verdad es que lo pasamos de miedo, es nuestro ratito semanal, porque mi Leo es más dulce y más sensible que su hermana y yo sé que le gusta tenerme a su disposición una tarde entera. Cada vez que llega a mi casa se descalza como si se fuera a tirar a una piscina, lanza las zapatillas al aire y sale corriendo por el pasillo para instalarse en el sofá, como un rey. Bueno, antes busca la tableta, que a veces no me acuerdo dónde la he puesto y mi pobre niño sufre muchísimo buscándola ansioso por toda la casa como si fuera un cerdito buscando trufas.

Su madre (mi hija Lourdes) les tiene prohibido usar la táblet más de una hora al día, porque ha leído que no es bueno para el desarrollo cognitivo. Pero yo no puedo negarle a mi nieto su tabletita, que la coge con una fruición, como si se la fueran a robar... Le quita de un golpe la funda de ganchillo y salta al sofá con una sonrisa de oreja a oreja. Me da un gusto verle tan contento, tan menudito como es, que no ocupa ni un cojín de la cheslón, jugando y entretenido… Al rato me dice: ¡Abuelaaa! ¡¡Quiero merendar!! Sin levantar la carita ni nada.

No os penséis que yo le dejo ahí enganchado como un matrix toda la tarde, que después de prepararle la merienda me siento con él y hablamos de nuestros temas cibernéticos. Me ha enseñado a jugar al Candicrás, que es el mismo que usaba Celia Villalobos en el Congreso, y es buenísimo para ejercitar los reflejos. Yo le digo a veces que no le cuente a mi hija nada de esto, porque mi hija Lourdes no lleva bien que no se haga siempre exactamente lo que ella dice. Pero es que si tuviera que retirarle la tableta a Leo sería como ponerme en la puerta de toriles un siete de julio en Pamplona. Que mi nieto Leo es un niño adorable, ya ves, cinco añitos que tiene, pero lo de los aparatos le cambia el carácter, si se los intentas quitar monta en cólera. La última vez casi acaba con el conjunto de Yadró que tengo en el aparador, y yo a eso no me puedo arriesgar.

Digo yo que tendrá el dispositivo asociado a sus padres, pobrecito mío. Porque cuando nos los dejan para irse de viaje, suelen llamar una vez al día por Escais. Claro, es que es lo que aconsejan los pedagogos, por el tema del apego. Mi marido dice que es para descargar la culpa de dejar tirados a los niños cada dos por tres. Dice que luego los enchufan al móvil en los restaurantes para que dejen de molestar y que, claro, con esa falta supina de coherencia, cómo no van a querer los niños el cacharrito después. Quizá en eso tenga razón. Yo le digo, bueno Rafa, cada uno tiene sus aficiones, tú fumas dos paquetes diarios de Ducados, que es parecido pero huele mucho peor.

A mí todo lo moderno me interesa porque yo soy muy de mi tiempo. Sin ir más lejos, tengo Feisbouque. Pero hay cosas que no entiendo. Por ejemplo, otra cosa que me ha enseñado Leo es Nétflix. Es como una colección de cromos digitales, a cada cual más jeroglífico y casi todos en inglés. Lo pulsas y te sale un largometraje. He visto que tienen una especie de marca blanca; o sea, es como un Mercadona de la ficción, hay productos de otras casas, pero la mayoría de las películas son marca Hacendado. Y yo, perdonadme, pero encuentro que muchas son de baja calidad, que casi prefiero las alemanas de Antena 3, que aunque está siempre nublado son más, no sé, elaboradas. Yo soy más de ficción europea, donde estén Montalbano y Rex, el perrito de Viena, que me dejen de Nétflix.

También está el tema del Fornai. De esto no os puedo hablar mucho porque no lo entiendo en absoluto. Creo que es algo de matar. Yo le pregunto a Leo: Mi vida, ¿no hay una cosa menos violenta? Pero no comprende lo que le digo, o no me oye, porque a veces está muy concentrado aporreando la pantalla. El otro día me dijo mi amiga Lali que los hijos del creador de Feisbouque no tienen tableta y que Bill Gates no tiene esmarfón. ¿Pero cómo es eso posible? Esto sí que me dio qué pensar. Es como si Bertín Osborne no comiera jamón o José Coronado tuviera colon irritable.

No sé. Yo, en general, reconozco que no me engancho demasiado a las tecnologías. Y me da un poco de miedo tanta virtualidad, yo sospecho que ya hay personas virtuales entre nosotros, como el presentador de Saber y Ganar y la del Telediario de la 1, que no envejecen. Mi marido dice que como se apague el satélite, a ver qué hace tanto descerebrado digital, que no van a saber ni dónde tienen la mano derecha, y que si por él fuera usaba la tableta para cortar chorizo.

Mi consuegra Lola, que también es muy vehemente, les dice a mis nietos: ¡levantad la cabeza! ¡Nunca agachéis la cabeza! Es un poco de Podemos, mi consuegra, todo lo dice así, en plan mitin, ya os hablaré de ella. Pero reconozco que en eso no se equivoca, porque Leo a veces también se lleva la tableta a la calle si bajamos a hacer algún recado y, claro, vamos en procesión, porque no puede andar muy rápido mientras mata cosas. El pobre mío se estrelló la otra tarde con la pérgola informativa de Más Madrid, que la ponen en la esquina de mi calle. Una señora antisistema muy amable le levantó del suelo. Por cierto, que las personas mayores han hecho una gran labor en las elecciones, son las que más folletos informativos reparten, al menos en Chamberí. Y de todos los partidos, no os creáis.

Total, a lo que voy, que quizá es cierto que hay que andarse con ojo con las tabletas y los móviles, pero yo empatizo con quien tiene adicciones porque en su día tuve un problemilla con el bingo (que ya está más que solucionado). Y, pues eso, que al fin y al cabo la vida es ilusión y los esmarfones y las táblets son como una fuente inagotable de micro ilusiones; es como si una planta echara flores efímeras cada treinta segundos, no podríamos dejar de mirarla. Y los niños, pobrecitos míos, es difícil que se conformen con una paleta de pimpón teniendo todos esos universos a su disposición. Desde luego, que me perdone mi hija, pero yo a mi nieto no le quito su táblet, porque si lo intento me la pone de sombrero o la lanza por los aires y yo tengo mucha reliquia familiar en el salón. Voy a ver si le convenzo para que me ponga una serie británica de la reina Isabel, que esas sí que me gustan, y así la vemos los dos juntitos, que a lo mejor lo único que necesita es un poco de compañía, mi niño.

Si estáis leyendo esto, no caminéis al mismo tiempo, cielos. Hasta el mes que viene. Os quiero.

¿Quién es Carmen Encantada?

Carmen es la abuela mártir de la novela ELLOS ENCANTADOS (¿QUÉ SERÍA DE TUS HIJOS SIN TUS PADRES?), de Pablo Dávila Castañeda, publicado por MUEVE TU LENGUA.

Más info:  

FACEBOOK CARMEN ENCANTADA 

MUEVE TU LENGUA 

Enlace libro 
https://www.muevetulengua.com/libros/libros/161-ellos-encantados-de-pablo-davila-castaneda.html 

firma Carmen Encantada

Carmen Encantada

Protagonista de ELLOS ENCANTADOS (¿QUÉ SERÍA DE TUS HIJOS SIN TUS PADRES?)" de Pablo Dávila Castañeda, publicado por MUEVE TU LENGUA.

Continúa leyendo