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El niño dice NO a todo: ¿cómo gestionarlo con paciencia?

El significado de NO es una de las primeras cosas que aprenden los niños cuando empiezan a hablar. Tanto es así que llega un momento en el que responderá ‘NO’ a todo. ¿Qué podemos hacer para enseñarle?

Una de las primeras palabras que aprenden a decir y a utilizar los niños es el ‘No’ (y también el Sí). Pero centrémonos en el primero. Aunque entienden lo que significa y, más o menos, saben utilizarla en contexto, su madurez emocional les impide utilizarla correctamente al 100%.
Por eso, existe lo que se conoce como ‘Etapa del no’. Una etapa que llega alrededor del año y medio y los dos años y que se caracteriza porque el niño dirá que ‘No’ prácticamente a cualquier cosa que le sugiramos o que le pidamos. ¿Significa esto que nos está desafiando? Ni muchísimo menos. En algún momento puede resultar gracioso pero, llegado a cierto punto, puede ser una fuente de agobio para los padres. Por eso, vamos a enseñarte a gestionar correctamente esa negativa a todo que suelen tener los niños.
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El niño dice NO a todo: ¿cómo gestionarlo con paciencia?Fuente: iStock

Dicho esto, aún debemos darnos cuenta de que los niños no siempre comprenden la realidad de los adultos. Así, mientras que los niños viven en un mundo donde el placer está a la vanguardia, los adultos vivimos en nuestra propia realidad, con la propia noción del tiempo, varias obligaciones y muchas rutinas a seguir.
Como decimos, cuando el niño tiene entre uno y tres años de edad, es muy común que tienda a responder “no”, independientemente de lo que sugieran sus padres. Cuando esto es muy común, lo más probable es que se estén produciendo cambios en su psicología. Conocida como la fase de “oposición” (o “negativismo”), marca los primeros pasos del niño hacia su propia identidad.

La fase de “oposición” es también una forma de afirmarse

Al principio de su vida, el bebé hace todo lo que sus padres le piden que haga. Es lo que se conoce como período de “fusión”. Pero el bebé crece y, de repente, llega el día en el que empieza a decir “no”. Y, a su vez, llega el momento en el que acaba diciendo “no” a todo.
Aunque pueda causar mucha frustración en los padres, en realidad nos encontramos ante un día muy importante. Y es que el “no” del niño es ante todo una forma de decir “soy yo”. A partir de ese momento, el pequeño tiene acceso a la posibilidad de decir “yo, yo…”, lo que se opone a “yo no”.
Precisamente, es en este momento de su existencia cuando nos encontramos ante el establecimiento de un proceso psicológico que durará todo el resto de su vida. En este momento de desarrollo el niño busca oponerse a quien quiera imponerle su deseo, independientemente de quién sea.

Oponerse no es un capricho

No es recomendable que los padres adopten el punto de vista opuesto, y traten de insistir siempre. Como padres, debemos comprender que nos encontramos ante una etapa más del desarrollo normal del niño. Por tanto, cuando el pequeño dice “no” no se trata de un capricho en absoluto.
Además, se trata de una etapa algo complicada, puesto que la situación puede atascarse rápidamente porque el adulto querrá tener la última palabra, lo que lleva a su vez a que el pequeño se sienta triste por no ser comprendido. Porque renunciar a su “no” para obedecer (o agradar al papá o la mamá) sería para él como negar su propia identidad.
La clave, por tanto, está en comprender que se trata de una etapa que pasará. Y es posible decir que el niño/a que “sostiene” su oposición al deseo del adulto sería un ejemplo de buena salud.
Y es que, como manifiestan los expertos, no solo es absolutamente necesario dejar que el niño diga “no”, sino, además, no ofenderse por sus oposiciones. Principalmente porque, a esta edad, incluso aunque el pequeño diga “no” al final hará lo que sus padres le piden.

¿Cómo pueden los padres gestionar esta etapa?

Es fundamental no enfadarse y tener mucha paciencia. También es conveniente tener en cuenta otro aspecto imprescindible: por lo general, el niño que en un primer momento responde con un “no”, al final acabará asintiendo unos minutos más tarde.
Es más, incluso puede terminar oponiéndose a las cosas que le interesan, ya que la mayoría de las ocasiones no se trata de un rechazo real, sino una forma de demostrar que tiene algo que decir. Como si el “no” se tratara de una forma de preguntarse qué le preguntamos y qué piensa. O que, al final, “no lo hago porque me preguntas”, pero luego “sí lo hago, porque quiero hacerlo yo”.
Al tratarse de un momento realmente importante para el niño, simplemente no podemos enfadarnos o contestar nada. Al contrario, es conveniente señalarle que lo estamos escuchando, respetando siempre su posición.

La responsable de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo. Es graduada en Periodismo y en Publicidad y Relaciones Públicas con máster en Marketing Digital, Comunicación y redes sociales.

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