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Una Madre Molona: ''Los padres debemos convertirnos en el adulto que hubiéramos necesitado tener cerca cuando fuimos niños''

¿Es posible educar sin gritos? ¿Y enfrentarse a las rabietas sin perder la calma? Isabel Cuesta, más conocida como Una Madre Molona en Instagram, sabe a ciencia cierta que sí. Y nos ha contado sus secretos.

Cuando Isabel Cuesta y Daniel Pérez se conocieron, no se podían imaginar todo lo que estaba por venir. Lo primero es que crearían una estupenda familia de la mano de sus tres pequeños: Claudia, Alonso y Vega. Lo segundo, que crearían una comunidad enorme de padres a los que ayudar y que, en redes sociales, se les dejaría de conocer por sus nombres para pasar a conocerles como Una Madre Molona y Marido, tal y como se denominan en su perfil de Instagram.
Fuente: Hotmart

una madre molonaFuente: Hotmart

Y lo tercero, pero lo más importante, es que encontrarían en la Disciplina Positiva la solución a sus quebraderos de cabeza en casa.
Y es que, cansados de gritar y de buscar soluciones a las rabietas y al comportamiento de sus pequeños (sobre todo, tras la llegada del segundo), se certificaron en Disciplina Positiva de Familia y de Aula y todo eso que aprendieron les vino tan, pero tan bien, que ahora son ellos los que enseñan a otras familias a beneficiarse de la educación sin gritos, sin castigos, con buenas palabras y con límites respetuosos para todos.
En sus talleres presenciales, en sus cursos online (que imparten, entre otros, en Hotmart) y en sus cuentos (Cuentos Molones para educar en positivo I Y II) enseñan a las familias que no es difícil mantener la calma en momentos de rabieta, de insomnio o cuando los peques no traen buenas notas a casa.
Nosotros hemos hablado con ellos y nos han contado cómo de importante es no gritar, cómo lo hacen ellos y, lo más importante, cómo influye eso que aprendimos inconscientemente de pequeños en la educación que daremos a nuestros hijos.

¿Isabel Cuesta o Daniel Pérez gritan a sus hijos en algún momento?

Antes de conocer la Disciplina Positiva sí gritábamos, sentíamos que hasta que no dábamos un grito no nos escuchaban. Después de llevar años integrando esta filosofía de vida en nuestra familia, podemos decir que el día que se nos escapa un grito es una excepción.

¿Qué pasa después de un grito?

Si gritamos cualquiera de nosotros, los adultos, pedimos disculpas y buscamos la forma de encontrar calma antes de buscar soluciones. Si gritan nuestros hijos, les pedimos que repitan el mensaje en un tono más bajo.

¿Qué pasa si en vuestra casa hay un mal comportamiento?

Primero observamos con mucha atención. Intentamos entender el origen de ese comportamiento para actuar de raíz. Saber llegar a la causa del comportamiento te da la capacidad de empatizar y conectar con tus hijos. Cuando cambia la interpretación, la emoción que estás sintiendo también cambia.
No es lo mismo pensar que mi hijo pega a su hermana para hacerle daño, lo cual despierta en mí enfado e ira, que interpretar que puede estar sintiendo celos de ella, lo que despierta en mí una emoción de compasión y la capacidad de empatizar para reconducir esa conducta.

¿Qué hay detrás de una rabieta?

La rabia es una emoción que nos ha ayudado a sobrevivir a lo largo de la historia de la humanidad. Entender que las rabietas no son algo personal, sino que nuestros hijos están desbordados cuando están atravesando una, que necesitan que seamos la calma que a ellos les falta en ese momento, nos ayuda a saber sostener esa emoción.
Sostener y acompañar nada tiene que ver con intentar desesperadamente que deje de sentir esa emoción en base a darle una pantalla, una chuche o comprarle un juguete. Los niños no necesitan ser entrenados para evadirse de las emociones, sino todo lo contrario. Necesitan que pongamos nombre a la emoción, la permitamos y les apoyemos con nuestra comprensión.

Son muchos los padres que aseguran que, cuando hay una rabieta, se olvida toda la teoría sobre no gritar, no castigar, no hablar mal… ¿es cierto eso o se puede controlar?

En nuestro cerebro habitan lo que los científicos han denominado como neuronas espejo. Estas son las encargadas de que a ti se te contagie la emoción de la persona que tienes delante. Realmente juegan un papel muy importante, por ejemplo, para ayudarnos a sentir empatía. Pero, es cierto también, que en los momentos difíciles hemos de ser conscientes de que las neuronas espejo van a hacer que nos contagiemos de la emoción de nuestros hijos. Con la información de la mano, llega el más difícil todavía, ser conscientes y entender que desde nuestro papel de adultos, con cerebros más maduros, hemos de mantener la calma.
Si somos la paz que necesitan cuando están nerviosos, no te preocupes que las neuronas espejo harán su trabajo y tu peque se irá calmando poco a poco.
También podemos ofrecer un abrazo. La ciencia ha demostrado que los abrazos de más de 8 segundos nos ayudan a segregar oxitocina que nos ayuda a rebajar los niveles de cortisol, responsable del estrés que sentimos.  Eso sí, no obliguemos nunca a recibir un abrazo en esos momentos, podemos ofrecerlo, pero si no lo quieren, lo mejor será respetar su espacio.

El niño llora: ¿qué hacer y qué no hacer?

Intenta contemplar la escena con perspectiva. Procura imaginar que te está pidiendo ayuda “estoy desbordado, sentir está emoción me sobrepasa y no sé cómo manejar esta situación, ¡ayuda!”
Podemos ofrecer nuestra calma, no hablar más de la cuenta, mostrar presencia, comprensión, cariño… No digamos lo que no puede hacer, sino indiquemos lo que sí puede hacer.

¿De qué manera puede cambiar una familia que aplica la Disciplina Positiva en su hogar?

Los cambios que han experimentado las familias que se han puesto en nuestras manos han sido notables. Hubo una familia que nos comentó que sus vecinos se pensaban que se habían mudado porque ya no oían gritos y discusiones. Pero en lo que todas coinciden es que entender a sus hijos y entenderse a ellos mismos, les ha cambiado la vida. Conectar con nuestros hijos nos permite que exista un ambiente más sano, dejamos las guerras y luchas de poder de lado y por fin la familia funciona como un equipo.
Los retos y conflictos no desaparecen, es nuestra manera de afrontarlos y abordarlos lo que supone el gran cambio.

Uno de los mantras de la Disciplina Positiva es el de ser firme y amable a la vez, ¿cómo se consigue esto?

De la misma manera que somos firmes y amables con un compañero de trabajo cuando nos pide que hagamos algo que no es justo. Entiendo que quieras que termine este trabajo por ti porque quieres salir de viaje con tu familia y lo siento, pero yo hoy no puedo quedarme más tiempo porque tengo que recoger a mis hijos a las 17:00 h.

¿Es cierto que para ser padre o madre hay que estar preparado?

Tener hijos es de las experiencias que más nos remueven por dentro. Yo siempre digo que, si lo vemos como una oportunidad, puede ser el camino más fascinante de crecimiento personal.
Cuando ves que tus peques repiten e imitan tus comportamientos, es como si te pusieran frente a frente con un espejo y te dijeran: “He aquí tus defectos y virtudes”. Podemos ser presas del miedo y actuar con inseguridad o bien dar el paso, participar en una formación y conocimientos en mano ponernos a practicar una y otra vez, hasta conseguir actuar en los momentos difíciles como nos gustaría que nuestros hijos actúen el día de mañana cuando sean adultos.

¿Deberíamos aprender a ser padres antes de que nazca nuestro hijo?

Ese sería el ideal… pero, por experiencia, las madres y los padres vienen cuando la situación es insostenible, cuando ven que nada de lo que hacen les funciona, cuando realmente hay sufrimiento y malestar. El ser humano es así, buscamos soluciones cuando duele.

¿Cómo influye la educación que nos dieron en la que nosotros daremos a nuestros hijos?

Muchísimo, pero influye, no determina. Esto es algo muy importante para que las familias sientan que el cambio es posible. Nuestro cerebro optimiza ciertas tareas para no gastar tanta energía. Gracias a estos patrones adquiridos, hacemos muchas tareas en piloto automático.
Muchas veces no somos conscientes de que repetimos patrones que adquirimos en la infancia. Pero, si tenemos presente lo que no nos gustó y tenemos miedo a repetir los mismos errores que cometieron nuestros padres, corremos el riesgo de pasarnos de frenada y acabamos haciendo justo lo contrario.
Ni autoritarios, ni permisivos, la clave está en entrenarnos para educar desde ese equilibrio que propone la Disciplina Positiva.

¿Los niños necesitan más comprensión y menos ‘adulticracia’?

Los niños necesitan ser niños. Y los niños están en un periodo de aprendizaje brutal. Cuando te sacas el carnet de conducir, indicas que estás aprendiendo con una L. Es una forma de comunicar al resto de conductores que puedes cometer errores y que actúen con cuidado y delicadeza.
Imaginemos que nuestros hijos llevan una L puesta. No podemos pretender que los niños actúen como adultos, porque nunca lo han sido. Sin embargo, nosotros sí podemos hacer el esfuerzo de entender a los niños, porque nosotros sí lo hemos sido, aunque se nos ha olvidado.

¿Creéis que todos los padres deberíamos volver a ser niños a la hora de educar?

No creo que nuestro papel sea volver a ser niños. Para empezar nuestro cerebro ya está maduro y nos corresponde la responsabilidad de guiar el camino. Pero no de hacer el camino por ellos, ya que la infancia es una preparación para la vida.
Es cierto eso que dicen que ser padres despierta a nuestro niño interior. Existen situaciones que vivimos con nuestros hijos que nos hacen revivir emociones que vivimos en nuestra infancia. Pero es nuestra responsabilidad trabajar en nosotros para ser los guías que nuestros hijos necesitan.
Nuestro papel no es volver a ser niños, es convertirnos en el adulto que hubiéramos necesitado tener cerca cuando fuimos niños.

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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