Ser Padres

Errores que todos los padres cometemos cuando nuestro hijo tiene una rabieta

Cuando los niños tienen una rabieta, la paciencia d los padres puede llegar a límites que nos hacen cometer estos errores tan frecuentes (y que se pueden solucionar).

Pegar azotes, castigar, dejar de hablar, insultar o ‘tirar la chancleta’ hemos dejado claro que no sirven para educar, aunque todavía haya alguien relegado por el mundo que siga utilizando estos métodos de castigo que hacen más daño que beneficio al niño.
Niño que está llorando teniendo una rabieta

Niño que está llorando teniendo una rabietaGetty Images

También sabemos que, cuando llega una rabieta infantil, todas las alarmas de un padre o una madre se encienden y empiezan a descarrilar: ‘¿qué hago?’ ‘¿Qué le pasa?’ ‘¿Cómo me enfrento a su chantaje emocional?’ Y empiezan a sacarse de la manga intentos de poner en práctica todos los consejos que leen en redes sociales y en internet. Pero al final, sin saber cómo, terminan haciendo gala de su instinto más primitivo: gritando, imponiendo su posición de adulto sobre la del niño, castigándolo o, simplemente, espetando un ‘cuando te calmes, hablamos’.
No significa que seamos peores padres o madres que aquellos que saben hacerse siempre con las rabietas y lo hacen con calma y sin gritos. Al igual que ocurre con los errores más frecuentes a la hora de intentar no gritar a nuestros hijos, hay errores muy comunes que todos (o casi todos) los padres hemos cometido alguna vez a la hora de enfrentarnos a una rabieta infantil.
Errores que hacen que esa gestión de la rabieta esté cargada de ira y de desesperación.
No te preocupes si los cometes, hay infinitas formas de ponerlos solución. Eso sí, de acuerdo a algunos psicólogos infantiles, algunas familias necesitan incluso mucha terapia para lograr reconducir la situación y lograr que el momento rabietas deje de ser un auténtico calvario.

No entender por qué tienen una rabieta

Para poder afrontar una rabieta con buen pie lo primero es validar las emociones que está sintiendo el niño y no pensar que la está montando a propósito o porque es un egoísta y está pretendiendo chantajearnos mediante el llanto y los gritos.
Las rabietas son necesarias de cara a una correcta gestión emocional: ocurren cuando el niño siente una emoción que no puede controlar (frustración, rabia, ira) porque no tiene las herramientas suficientes. Así que, tira de lo que sabe: llorar, gritar y patalear.
Entender que no llora porque nos quiera desafiar, sino porque no sabe hacer otra cosa, es el primer paso para afrontar una rabieta.

Ceder ante la rabieta

En ocasiones, nos vemos tan cansados y sin opciones que, para que se calle, terminamos dándole aquello que reclama. En definitiva: cedemos ante la rabieta.
Suele ocurrir en rabietas en público, cuando nos da vergüenza el qué dirán de los demás. Sin embargo, si hemos aprendido bien el punto anterior, entenderemos que ceder ante la rabieta no es la solución y que esta pasa por ayudar al niño a pasar el mal trago de la mejor de las maneras.
Si cedemos continuamente a sus berrinches, criaremos un niño con muy baja tolerancia a la frustración que, bajo cualquier concepto, querrá salirse siempre con la suya.

Dejar de hablar al niño

“Cuando se te pase, hablamos”, “Hasta que no se te pase no te voy a hacer caso”, “Me has hecho pasar mucha vergüenza, a mí no me hables”. ¿Te suena alguna de estas expresiones? Muy probablemente sí, porque son muy típicas a la hora de enfrentarse a una rabieta.
Los niños necesitan a un adulto al lado que los ayude a regular esa emoción que se ha desbordado: no son capaces de hacerlo solos. Necesitan que su figura de apego les ayude a volver a la calma cuando están tan desbordados emocionalmente.

Castigar al niño

Caso parecido al anterior es el de castigar al niño mandándolo a su habitación, diciéndole que si no deja de portarse así se quedará sin ir al parque,… Las rabietas tienen lugar entre los 2 y los 3 años de edad y, en esta ventana, los niños no tienen la capacidad de entender por qué se les está castigando o qué significa una amenaza de este tipo. Así que, da igual que lo castigues: cuando vuelva a sentirse desbordado, tendrá otra rabieta.

Ignorar el berrinche

De igual manera hay padres y familias que prefieren mirar para otro lado ignorando por completo la rabieta y esperando a que pase el chaparrón sin ser partícipes de él. De nuevo, algo que ocurre a menudo cuando esta se da en público.

Intentar que el niño razone (aunque sea con buenas palabras)

Cuando un niño está desbordado emocionalmente es imposible que razone, por muy buenas palabras que usemos en el intento. Lo mismo ocurre con intentar explicar las cosas: para esto será mejor esperar a que se calme y, mientras se está produciendo la rabieta, centrar los esfuerzos en ayudar al niño a que pase lo antes posible.

Obligarle a darte un abrazo

Los expertos en Educación en Positivo insisten en la necesidad de dejar libertad al niño para que se calme como él considere. Dentro de esa libertad está la posibilidad de ofrecer un abrazo, pues está demostrado que es reconfortante, pero bajo ningún concepto podemos obligar a un niño a abrazar a la fuerza. Si no quiere dárnoslo y prefiere ir al rincón de la calma, lo dejaremos actuar.

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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