Ser Padres

El motivo por el que tu hijo tiene ganas de hablar al entrar en la cama y no durante el día

Seguramente os preguntáis si esto es habitual en otros niños y niñas pequeños, y a qué se debe que incluso los más tímidos tengan ganas de hablar en el momento final del día.

Cuando completamos con nuestros peques la rutina previa al sueño: lavado de dientes, cuento y despedida, a menudo ocurre algo que llama nuestra atención. Se ponen a hablar como “loritos”. Nos cuentan anécdotas de su día, cosas que les emocionan que están por llegar –algún viaje, algún plan de ocio, su cumple o algo que van a hacer en el cole, por ejemplo–, nos preguntan, nos piden que les contemos alguna historia… Cualquier cosa que se les ocurra y les venga a la cabeza, la sueltan con tal de que no se haga el silencio.
Esto no es algo que solamente tus hijos e hijas pequeñas hagan. Lo hacen la inmensa mayoría. Incluso aquellos más tímidos o con mayor dificultad comunicativa se expresan mejor en este momento final del día, cuando ya no hay estímulos a su alrededor. Por no haberlos, de hecho, no los hay ni luminosos ni de ruidos. Y no es casualidad que sea en este momento cuando encuentran el clima ideal para expresarse y comunicarse con nosotros, de ahí que los psicólogos infantiles nos animen a aprovecharlo en caso de que nuestro hijo o hija tenga dificultad para contar cosas. Por ejemplo, podéis pedirle que despida el día compartiendo algo positivo que le haya ocurrido en su vida durante el día que llega a su fin.
Pero más allá de que sea normal que los niños y niñas pequeños hablen más cuando están a punto de dormir, lo que seguramente os resulte curioso es el motivo por el que ocurre. No lo entendéis, como adultos que sois, y lleváis tiempo intentando descubrir qué hay detrás de esta costumbre que ya sabéis, porque lo habéis puesto en común con otras familias cercanas, que es habitual en los más peques.

Sara Noguera, de Kimudi Crianza, lo explica en un vídeo explicativo reciente que ha compartido en redes sociales con sus miles de seguidores. “Cuando ya está en modo dormir, vuestro peque empieza a daros muchísima conversación, a preguntaros por vuestro día, a contaros alguna historia de su día, a haceros preguntas aleatorias, a intentar contar un cuento o una historia él o ella..:”, comienza diciendo la especialista en crianza respetuosa.
El motivo por el cual ocurre algo así justo después de apagar la última luz del día es porque “en el momento en el que los niños están ya tumbados en la cama y estamos con ellos, son conscientes de que nuestros sentidos están plenamente con ellos”, señala Noguera. La experta hace hincapié precisamente en la ausencia de estímulos externos como la clave de que se desencadenen las ganas de hablar en los peques: “No hay contaminación acústica porque no hay ruido, no hay contaminación lumínica porque no hay luz, estamos totalmente el uno para el otro”, apunta.
En opinión de la especialista en crianza respetuosa, este es el momento del día “en el que generalmente se sienten más seguros para poder interactuar, no porque no hayan tenido seguridad previamente, sino porque en ese momento de verdad son conscientes de que toda información que intercambiemos es entre nosotros”. Y por este motivo, añade Sara Noguera, es importante que las mamás y papás sepamos gestionar el deseo de comunicarse de nuestros peques.
Es importante saber que lo tienen, legitimarlo y gestionarlo de manera positiva: que sientan que les escuchamos y prestamos atención, pero que también entiendan que no es un momento que se pueda alargar mucho en el tiempo. Es ahí donde trucos como destacar algo positivo del día pueden funcionar para aportar el equilibrio justo a este momento final del día.
“Entiendo que hay muchas veces que estáis cansados y necesitáis que el pequeño se vaya a dormir, y que queréis que se vaya a dormir porque el peque es el primero que se beneficia de ello, pero tenemos que tener en cuenta que este momento es aquel en el que se quieren comunicar más porque es en el que de verdad están sintiendo que estamos el uno para el otro en comunicación, en atención, en afecto y en receptividad”, concluye Sara Noguera. 
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