Ser Padres

Mi hijo pequeño quiere hacerlo todo por sí mismo: ¿hasta dónde debo dejarle?

Hacia los dos años, aproximadamente, los peques sienten la necesidad irrefrenable de ser autónomos en el día a día y quieren hacerlo todo sin ayuda de los adultos, que se debaten entre el ataque de nervios y la desesperación o dejarles hacer.

Hay un momento hacia los dos años, puede que un poquito más tarde, de repente tu hijo o hija sienta la necesidad imperiosa de hacerlo todo por sí mismo.
Esto les pasa a todos, pero no con la misma intensidad: hay casos en los que puede legar a generar muchos conflictos tanto en el peque, que se irrita y se enfada si no le dejan actuar con autonomía, como en los papás, que se debaten entre dejarles y la desesperación y la descomposición -el “me va a dar un ataque viéndote” que seguro te decían mucho a ti de pequeño- ante lo que puede ocurrir por darles dicha autonomía.
¿Hay alguna norma que diga qué es lo más recomendable? Norma como tal no la hay porque cada uno educa como considera dentro de los límites lógicos y legales, pero sí que es cierto que existe un consenso amplio al respecto entre los expertos: debemos dejar fomentar la autonomía en nuestros hijos pequeños.

Fomenta su autonomía

Esto implica un cambio de mentalidad que no es sencillo de acometer en muchos casos porque os retrasará en vuestros tiempos si estáis recogiendo, ensuciará más aquello que estéis limpiando y se manchará de arriba a abajo cuando coma. Son solo tres ejemplos, pero hay muchas más escenas rutinarias donde el peque querrá tomar la iniciativa y sin ayuda de un adulto.
Esta necesidad forma parte del desarrollo infantil y así debemos entenderlo e interpretarlo los padres por mucho que rocemos la desesperación y el ataque de nervios en más de una ocasión. Hay que controlarlo, hacer de tripas corazón y acompañarle; dale confianza porque es la mejor forma de que aprenda, se desarrolle, refuerce su autoestima, aprenda las virtudes del trabajo colaborativo y no tenga miedo a fallar o fracasar en el futuro, entre otros aspectos. Nos pasamos media vida pidiendo más empatía y más generosidad en los demás, ¿vas a rechazar las ganas intrínsecas de ayudar que tienen los niños y niñas tan pequeñitos?

¿Hay límites?

Sí los hay, lógicamente. El primero de ellos es el del tiempo: es posible que tengáis que llegar a un sitio a una determinada hora y el hecho de dejarle hacer todo solo, desde recoger el desayuno a asearse o vestirse, os retrasa demasiado. En este caso, tratad de explicarle que es importante que esta vez se deje ayudar. No queda otra que tirar de comunicación y paciencia.
El segundo límite lo marca el riesgo. Hay situaciones que debemos supervisar con especial atención y en algunos casos concretos limitar. Por ejemplo, cuando recogen la mesa y hay platos de cerámica o vasos de vidrio. También cuando quieren bajar solos determinadas escaleras o dar un salto desde una altura demasiado elevada para el desarrollo psicomotor y físico que tienen. O cuando se empeñan en utilizar tijeras porque ven a sus hermanos mayores.
Estos son algunos ejemplos concretos para explicar en qué tipo de situaciones debemos actuar para evitar que el peque se haga daño por ese deseo y ese ímpetu tan positivo que muestran de querer ser autónomos en el día a día. El sentido común encenderá tu “sistema de alerta de madre/padre” a tiempo, tranquilo.

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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