Ser Padres

¿Qué descubren cuando se bajan de la silla?

La silla de paseo es muy cómoda, pero a partir del año debe reducirse su uso porque el bebé tiene que empezar a desplazarse por sí mismo.

Autor: Luz Bartivas
Desde ese lugar privilegiado, donde se siente cómodo y seguro, el niño entra en contacto con el medio que le rodea y empieza a conocer el mundo. Si nunca dejamos que el niño se baje del carrito, se perderá un montón de cosas importantes.
Cuando los bebés empiezan a caminar descubren que donde ponen el pensamiento pueden llevar su cuerpo, lo que les proporciona una autonomía que antes no tenían. Por eso, a partir del año la utilidad de la silla no debe ser mayor que la de transportar al niño cuando haga falta.

Necesita moverse aunque no sepa andar

Un bebé de un año es muy activo. Aunque no sabe caminar, necesita moverse gateando. Es muy bueno animarle a que practique poquito a poco, sin forzarle, por supuesto. Bajarle de la silla a ratitos llevándole de la mano por una superficie llana:

Aprender de la vida con los pies en el suelo

Cuando un niño se baja de su silla pone en funcionamiento sus sentidos al cien por cien. Poco a poco, comprueba por sí mismo los conocimientos que se ha formado desde la silla experimentando directamente en el entorno que le rodea.
Mirando, oliendo, tocando y explorando, verifica toda la información que almacena en su pequeño cerebro. Y eso le ayuda a aprender cosas nuevas que permiten que su sistema neurológico y cognitivo madure más rápidamente.

Las nuevas relaciones, hacer amigos

La socialización de los bebés comienza un poco más adelante, pero al dejarle acercarse a otros niños se sientan las bases. Todavía no jugará con ellos, pero sí a su lado.
Al darse cuenta de que hay más gente, también aprenderá a buscar a sus padres y a llamarlos, ya que, estando en la silla no les pierde de vista en ningún momento.

Usar todos los sentidos

Fuera del carrito puede coger una piedrita o dirigirse a por una flor. Atado al carrito no ejercita tanto sus cinco sentidos.

¡Tú puedes!

La confianza y la autoestima de un bebé se va construyendo desde que nace. Al dejarle explorar (supervisando que no corre peligro) le trasmitimos la idea de que confiamos en él y fortalecemos su autoestima. Si por comodidad o por temor, se le niega la oportunidad de demostrar lo que puede hacer, no le estamos haciendo ningún favor.
Todos sus pequeños logros y nuestra reacción ante ellos: 'Qué bien, cariño, has conseguido subir a ese escalón tú solo', afectan a su confianza. Proporcionarle amor, cariño y seguridad refuerza su personalidad y le ayuda a superar pequeñas frustraciones, por los que tiene que pasar para aprender: cuando otro niño le quita la pala, cuando no le dejan montar en un columpio o cuando el ladrido de un perro le asustó.

Más tranquilos, más cariñosos

Cuando el niño disfruta lejos del carrito está realizando una extraordinaria actividad física. Correr un buen rato, aunque sea todavía con limitaciones, estimula su capacidad de concentración y la memoria, y sobre todo les tranquiliza.
Una tarde movida por el parque hará que regrese a casa cansado, con ganas de comer y dormir para reponer fuerzas. No se trata de agotarle para que duerma mejor, sino de proporcionarle una rutina saludable que incluya todos los aspectos básicos del desarrollo humano: actividad, estímulos, alimentación y sueño.
Haber realizado una excursión tan divertida lejos de la seguridad de su sillita y del control de mamá (eso es lo que cree él), le hará sentir la necesidad de reencontrarse con los seres con los que se siente más protegido, sus padres. Por eso, de vuelta a casa los achuchones y los abrazos están garantizados.

Seguridad, ante todo

Antes de soltar los arneses de seguridad de la silla debemos saber en qué entorno vamos a dejar que nuestro pequeño se mueva.

¿Y si solo quiere estar en la silla?

Si observamos que el bebé es quien pide estar siempre en la silla hay que estar alerta:
Asesor: Alejandro Amigo, psicólogo infantil.
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