Ser Padres

Necesitan su objeto de consuelo

Un osito, una mantita, el pañuelo de mamá… Se convierte en su amigo favorito que le calma cuando no está mamá. No puede vivir sin él. No os agobies porque lo deje, él solo se irá despegando de él

Autor: Luz Bartivas
Debemos respetar esta dependencia porque le da seguridad aunque también hay que ayudar a nuestro hijo a separarse de su objeto de consuelo cuando llegue el momento.. No es el más bonito, ni el más grande; tampoco el más caro. Sin embargo, nuestro hijo lo adora y no puede vivir sin él. Se trata de su juguete favorito, del que no se separa ni a sol ni a sombra. Puede ser un osito, una muñeca, un cochecito, un peluche feísimo, la mantita de su cuna, la almohada o un pañuelo de mamá.
Lo reclama a la hora de comer, cuando está enfadado y cuando hay que irse a dormir. Y si por casualidad no se acuerda de dónde lo ha dejado y no lo encuentra, puede montarse una gran tragedia. Estamos hablando de los llamados " objetos de consuelo", aunque para ellos no son cualquier cosa, tienen nombre e identidad propia: "Tacho", "El Tete", "Ayuyá"...

El papel de los objetos de transición

También se denominan " objetos de transición", ya que para los pequeños son un importante apoyo emocional durante la etapa de despego de su madre, ese periodo en el que dejan de ser bebés para convertirse en personitas independientes (a partir del primer año de vida).

¿Por qué son tan necesarios los objetos de consuelo?

¿Puede interferir en su relación con otros niños?

Según los expertos, los objetos de consuelo ni son perjudiciales para su desarrollo afectivo, ni son una señal de debilidad o inmadurez. Al contrario: le ayudan a aprender a estar separado de mamá sin traumas. Además, mejoran la socialización y afectividad al compartir con el peluche o la mantita momentos agradables como la comida o el paseo, y al poder expresar libremente sus emociones, tanto cuando les abraza, como cuando les da algunos golpes si se enfada.
Todo ello forma parte del desarrollo normal del niño. Es un tremendo error pensar que el niño está demasiado apegado a su "amigo" y que es mejor quitárselo para que no se acostumbre o ridiculizarle porque es incapaz de separarse de él.

El chupete: el rey de los consuelos

Si tu hijo es adicto al chupete, es posible que no tenga un osito o un objeto especial a quien dedicarle su tiempo y afecto, porque el chupe ya cumple ese importante papel. El «tete» es mucho más manejable que otro objeto, incluso puede llevarlo consigo colgado de una cadenita, y aunque siempre hay uno favorito y especial, mamá puede disponer de un ejército de chupetes iguales que pueden sustituir al principal en caso de extravío.
Irá dejándolo a medida que crezca y aprenda a ser más independiente, sobre todo cuando comience el cole. No obstante, el chupete tiene la desventaja con respecto a un peluche de que si lo deja demasiado tarde puede dañar la dentadura. Pero si se lo quitamos demasiado pronto, puede chuparse el dedo, lo que tiene mayor riesgo para su dentición.
Asesor: Alejandro Amigo de Miguel, psicólogo infantil.
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