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¿Cómo ayudar a un niño a tolerar su frustración?

La frustración es un sentimiento que se presenta recurrentemente en niños pequeños y, a menudo, no saben cómo controlarla. Así puedes ayudarle.

La Real Academia Española define la palabra frustración como “sentimiento de insatisfacción o fracaso”. Un sentimiento que tiene lugar en todas las etapas de la vida pero que, como casi todas, empieza a desarrollarse en la infancia.
De hecho, podemos decir que de los dos a los cuatro años los niños experimentarán en más de una ocasión el sentimiento de la frustración. A medida que vayan madurando emocionalmente, se encontrarán ante sentimientos nuevos para ellos y sin las herramientas necesarias para afrontarlos de manera calmada y pausada. Aquí aparecerán las rabietas o pataletas, entre otros, por esa intolerancia o frustración a no saber gestionar lo que están sintiendo.
Si desde pequeños los niños aprenden a tolerar la frustración, podrán afrontar de manera positiva los diferentes retos y dificultades a los que se tendrán que enfrentar a lo largo de su vida. Y, para ello, el papel de los padres es fundamental.
No hay una manera o un método mágico para evitar que aparezca la frustración en la infancia, pero sí muchos consejos que los progenitores y los cuidadores podéis tomar al pie de la letra para ayudar a los peques a manejarla en caso de que aparezca.

¿Cuándo puede aparecer frustración en un niño?

La frustración puede aparecer en momentos que para nosotros son poco importantes. Hablamos, por ejemplo, del momento en el que pierden un juego, en el que no queremos comprar algo que les apetece o que les gusta mucho, cuando no quieren montar en el coche, cuando tienen inapetencia o, simplemente, cuando algo no sale como ellos esperaban.
Descubriremos rápido que estamos ante un episodio de frustración porque tiene los mismos síntomas que una rabieta: pataleta, gritos, llanto, insultos, enfados y, en definitiva, un aumento de la agresividad.
Es algo normal entre los dos y los cuatro años (coincidiendo con la etapa de máximo apogeo de rabietas). Aunque cada niño tiene su propio ritmo y pueden alargarse algo más, lo cierto es que si no desaparecen podríamos estar ante un caso de baja tolerancia a la frustración desencadenados, entre otros, por una baja autoestima del menor, por ser un niño tirano o por tener unos padres demasiado permisivos.

El ‘no’ es necesario para los niños

Uno de los escenarios más propicios para que aparezca un episodio de frustración infantil es cuando les ofrecemos una negativa como respuesta a algo que les apetece mucho tener o hacer. Pero, tal y como decía Maribel Martínez, recibir un ‘no’ como respuesta es necesario para aprender a tolerar las emociones. Ármate de paciencia.
Eso sí, debes alejarte del ‘porque no’ o ‘porque lo digo yo’. Los peques necesitan una justificación lógica, contextualizada y argumentada, preferiblemente si está adaptada a su nivel de entendimiento. Quizás no toleren bien esa negativa pero, con el tiempo, aprenderán a regularse a sí mismos y, además, les ayudará a entender que es necesario cumplir con las normas y los límites.

¿Cómo ayudar a un niño a tolerar la frustración?

Para manejar la frustración podemos utilizar las mismas estrategias que para manejar las rabietas pues, en definitiva, estas están ocasionadas por una baja tolerancia a la frustración.
Pero, además de estas, estará bien dar ejemplo, tal y como argumentan desde el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona: “Sé su modelo, que vea cómo afrontas problemas y dificultades cotidianas”.
Además, es necesario que ayudes al pequeño a identificar cada emoción que sienta y a ponerle nombre, sobre todo. De esta manera, aprenderá mejor cómo gestionar cada una cuando aparezca, también en el caso de la frustración.
Desde Awen Psicología argumentan que es necesario que el niño experimente la frustración, así que es necesario no evitar que aparezca: “Aprender a tolerar la frustración es básicamente superar las cosas difíciles antes de abandonar pero, si nunca la experimentan, ¿cómo van a no agobiarse con ella?”.
Por último, te recomendamos que ofrezcas un abrazo a tu hijo si está experimentando un episodio de frustración. O que se lo aceptes en caso de que te lo pida: “A veces, los niños más enrabietados piden que sus padres le tomen en brazos y sus padres les niegan el abrazo pensando que es otro capricho que no se merecen hasta que estén más calmados. Sin embargo, es una petición de socorro para intentar unir los cables que la rabieta ha cortocircuitado y, si el niño lo pide o se deja, es tremendamente útil”, argumenta Álvaro Bilbao en su blog.

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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