Ser Padres

¿Cómo afecta la crisis de los 40 a las mujeres?

Los cambios físicos y vitales que se producen cuando uno deja la treintena atrás tienen consecuencias siempre, pero hay formas de gestionar la situación en positivo.

La crisis de los 40 es más famosa que el crack del 29, pero realmente hay poca gente que sepa qué pasa exactamente en el cuerpo y la mente a esa edad para que hable con tanta ligereza y asiduidad de crisis. Y lo cierto es que sí coinciden ciertos cambios alrededor de esta edad, y no solo en los hombres, también en las mujeres.
En la mujer se producen grandes cambios hormonales que tienen un impacto físico y mental. No tienen consecuencias pero sí deben ser normalizados, y mientras eso ocurre pueden ayuda a crear cierta desestabilidad emocional.
Es muy habitual además que a los 40 invada una sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esta es una etapa en la que la nostalgia tiene mucho poder, y no siempre en clave positiva: ya no te ves joven porque has dejado atrás los 30, tus padres se hacen mayores, tus hijos poco a poco son más autónomos y no te necesitan tanto, recuerdas lo mucho que disfrutaste en el pasado, sientes el peso de la responsabilidad de la vida que llevas… Se podría escribir una larga lista de factores que fomentan este pensamiento negativo en torno a los 40, que en algunas ocasiones deriva en un sentimiento de frustración por haber llegado al límite.

¿Por qué ocurre?

Es como si esa vida no diera para más, estás cansada y aburrida, y sientes que es momento de dar un giro. Encima, puede ser mucho peor en caso de que te arrepientas de no haber tomado determinados caminos en el pasado, porque el peso de haber perdido oportunidades solo puede hacer que el estado de ánimo empeore.
Y para colmo hay que añadir a todo lo descrito los dolores físicos, que hasta la fecha no habían hecho acto de presencia. Que si la espalda, que si no duermo del tirón, que si he cogido unos kilos, por citar tres ejemplos típicos.
Pero esta etapa no se debe ver bajo un prisma apocalíptico. Hay una explicación profunda no tan negativa que indica por qué todo te afecta más: te paras a pensar mucho más que en el pasado. Las preguntas existenciales fluyen por tu cerebro cuando antes no había rastro de ellas. Es normal. Y esto, en la mayoría de casos, es bueno porque te permitirá construir aquello que desees afrontar. Tanto si escoges seguir por el mismo camino como si prefieres introducir cambios en tu vida. En ambos casos será una decisión meditada.

¿Cómo superarla?

A partir de esta reflexión profunda, y añadiendo algunos “ingredientes” más a la base, se puede capear con éxito la crisis de los 40 en caso de que aparezca; incluso se puede extraer una lectura muy positiva de esta etapa. Es fundamental, eso sí, ser amable y paciente contigo misma, y mantener la calma. Hacer hincapié en todo lo bueno que tiene estar donde estás, que hay mucho aunque tú creas no verlo -lo mucho que te queda por delante, la salud, la felicidad que producen los recuerdos, que tienen también una enorme carga positiva, etcétera-, es el siguiente paso para poder crecer ante esta adversidad emocional, pero no siempre se puede hacer por sí mismo así que no dudes en pedir ayuda psicológica si sientes que no estás pudiendo gestionar la situación. Es algo muy saludable hacerlo y también muy habitual.
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