Ser Padres

No consigo quedarme embarazada: y ahora, ¿qué?

No, no todas las mujeres tienen la misma facilidad para conseguir quedarse embarazadas. La experiencia de esta mujer, que no lo lograba, servirá de apoyo para mujeres que estén en su situación.

Autor: Macarena Orte
"De joven siempre me rayaba cuando no me venía la regla. Y ahora cada vez que me baja es un drama". Con estas palabras explica la ilustradora Marta Puig, más conocida como Lyona, el desgaste emocional que puede producir no ser madre cuando lo intentas una y otra vez sin éxito.
En su libro-cómic Madr¿eh?, explica por todas las vicisitudes que tuvo que pasar hasta que consiguió quedarse embarazada con 40 años. Un duro proceso que, en muchas ocasiones, se vive en soledad para no tener que dar tantas explicaciones a amigos y familiares. “Tienes que tener contacto con bebés, así le darás ganas a tu útero”, “Yo hasta que no dejé de pensar en ello no me quedé”,“Conozco a una chica que se quedó en cuanto adoptó”, “Ya verás, en cuanto te relajes te quedarás embarazada”. Son algunas de las frases que señala Marta en su libro y que, seguramente, oyen la mayoría de las mujeres a las que les cuesta tener niños.

Un largo proceso lleno de baches

Cuando un hombre o una mujer tienen problemas de fertilidad, es muy frecuente acudir a técnicas de fecundación in vitro. Si nunca has tenido que pasar por una para quedarte embarazada, es normal que desconozcas en qué consisten y la cantidad de pruebas y visitas médicas que conlleva muchas veces. Se trata de un proceso largo en ocasiones (no todas consiguen quedarse embarazadas al primer intento), que puede llevar consigo un considerable impacto económico y emocional. “Los presupuestos son bastante similares en casi todas las clínicas de reproducción asistida. Cada FIV cuesta unos 5.000 euros”, explica la ilustradora.
Para Marta Puig, Lyona, el proceso de una FIV es “un muro psicólogico donde cada etapa superada te lleva a un pico más alto” y en donde la espera de cada resultado puede vivirse con muchos nervios y ansiedad. Describe así las fases:
  • Estimulación ovárica (inyección de hormonas): puede causar cambios de humor.
  • Controles para determinar el número de folículos que se tiene, un pequeño elemento que se encuentra dentro del ovario y que determina la reserva ovárica.
  • Extracción de óvulos: se realiza por vía vaginal, mediante una punción guiada por ecografía, realizada siempre en quirófano bajo sedación.
  • Muestra de esperma: un análisis de semen, que mide la cantidad y la calidad del semen y los espermatozoides de un hombre.
  • Fecundación in vitro: consiste en la unión de los óvulos de mejor calidad con un espermatozoide en el laboratorio – in vitro–, con el fin de obtener embriones de buena calidad que puedan, tras su transferencia al útero materno, dar lugar a un embarazo.
  • Análisis PGT: detecta alteraciones genéticas y cromosómicas en los embriones antes de su transferencia al útero y previene así la transmisión a la descendencia de enfermedades hereditarias graves y la transferencia de embriones que no podrían dar lugar a un bebé.
  • Transferencia embrionaria: se prepara previamente el útero de la mujer para que el endometrio (la capa interna del útero) tenga el grosor adecuado para recibir al embrión y facilitar el embarazo. Durante la transferencia, se introduce el mejor embrión en el útero con la ayuda de una cánula. Se realiza en quirófano.
  • Prueba de embarazo en sangre: suele realizarse 11 días después de la transferencia.

La infertilidad: ¿un problema público o privado?

“En un momento social en el que casi el 10 % de los niños de nuestro país nacen gracias a la reproducción asistida y en el que la natalidad sufre una caída imparable, en la Asociación Red Nacional de Infértiles (RNI) nos preguntamos si como sociedad estamos haciendo todo lo posible por acortar la brecha de la infertilidad y garantizar así el máximo de nacimientos”, explica la presidenta de RNI, Helena Fernández.
Los expertos en fertilidad reclaman un sistema de salud que pueda responder ante el nuevo modelo social en el que vivimos y que se ha recrudecido con la pandemia: casi el 10 % de los niños de nuestro país nacen gracias a la reproducción asistida, la natalidad no hace más que descender y la edad a la que se tiene el primer hijo, aumentar. Además, el acceso a los servicios de reproducción varía considerablemente de una comunidad a otra.

Necesitamos más educación

La edad maternal avanzada está asociada a la dificultad para concebir un recién nacido sano. Y a pesar de que las mujeres y hombres que más demoran la maternidad se les presupone bien formados culturalmente, muchas parejas no son conscientes de la caducidad de su fertilidad ni de los aspectos que pueden afectar a su salud reproductiva.
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