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Dar a luz a un niño sin vida: la muerte en el útero

Aunque se puede practicar por vía farmacológica y quirúrgica, la interrupción médica del embarazo generalmente implica dar a luz por vía vaginal, lo que puede hacer el proceso aún más doloroso y difícil.

De acuerdo a la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la muerte fetal corresponde a la “muerte acaecida a las 28 semanas de gestación o después, antes de la expulsión completa o extracción del cuerpo de la madre del producto de la concepción, cualquiera que haya sido la duración de la gestación”.
Además, “la muerte se señala por el hecho de que el feto no respira o no muestra cualquier otro signo de vida, tal como el latido cardíaco, la pulsación del cordón umbilical o el movimiento efectivo de músculos voluntarios”.
En todo caso, hablamos de muerte fetal intrauterina cuando se observa la muerte del feto o bebé antes del inicio del trabajo de parto, en contraposición a la muerte per partum, que es aquella que ocurre durante el trabajo de parto.

¿Cuáles son las causas que pueden influir en la muerte del feto?

En un intento por definir la causa de la muerte fetal en el útero, se tiende a llevar a cabo una evaluación médica, incluyendo una serie de análisis, exámenes y pruebas médicas, como un examen histológico de la placenta, la autopsia del feto (después del consentimiento de la mujer) o una prueba de Kleihauer, entre otros.
Pero, ¿cuáles tienden a ser las causas que se encuentran con mayor frecuencia?:
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El duelo perinatalFoto: Istock

  • Anomalías vasculoplacentarioa. Preeclampsia, eclampsia, síndrome de Hellp, hemorragias materno-fetales, placenta previa, toxemia, hematoma retroplacentario u otras anomalías de la inserción placentaria.
  • Patologías con los anexos. Problemas con el cordón umbilical (prolapso de cordón, cordón alrededor del cuello del bebé, nudo, inserción velamentosa), o con el líquido amniótico (oligoamnios, polihidramnios o ruptura de las membranas).
  • Retraso del crecimiento intrauterino.
  • Anomalías fetales. Anomalía congénita o edema de hidropesía autoinmune, entre otros.
  • Causas infecciosas. Toxoplasmosis, citomegalovirus o corioamniótico.
  • Patologías y enfermedades maternas. Como la diabetes preexistente no estabilizada, hipertensión arterial esencial, lupus, síndrome antifosfolípido, colestasis del embarazo o determinadas patologías uterinas (malformaciones o antecedentes de ruptura uterina).
  • Trauma externo durante el embarazo.
  • Trauma o asfixia durante el parto.
Sin embargo, a pesar de todas estas causas comunes, se estima que en el 46 por ciento de los casos la muerte fetal permanece sin explicación.

El duelo perinatal

Si los abortos espontáneos pueden llegar a ser tremendamente dolorosos y difíciles, especialmente cuando la mujer sabía que estaba embarazada, la muerte del feto del bebé en el útero puede acabar siendo aún más desgarradora y terrible.
No obstante, parece algo tan inconcebible que es normal que algunos padres opten por protegerse, negándose a hablar de ello o minimizando su impacto. De ahí que el duelo perinatal continúe siendo un tema tabú para muchas parejas, y originalmente poco reconocido socialmente en España.
A pesar de ello, se trata, en realidad, de una situación relativamente frecuente, especialmente si sabemos que casi uno de cada cuatro embarazos acaba sin éxito. Y afecta no solo a los padres, sino también a quienes lo rodean.
Perder un hijo es algo impensable, va en contra del orden natural de las cosas. Y esto es aún más cierto en todo lo que rodea al duelo perinatal, ya que se trata de una muerte que precede a la vida, y los padres deben llorar por ese futuro que no llegó.
De hecho, el feto o bebé que muere en el útero, que nace muerto o que ha vivido unos pocos días, no tiene “existencia social”. A los ojos del mundo exterior, deja pocos rastros de su paso. Y, como indican los especialistas, aparte de los padres que, según el término, podían sentir sus movimientos o verlo en las ecografías, nadie lo conocía. Por lo tanto, los padres pueden tener la sensación de ser los únicos afligidos en su entorno.
A esta soledad, además, podría sumarse la culpa y la vergüenza de no haber llevado a término el embarazo; especialmente en las mujeres.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta lo más importante: cada viaje de duelo perinatal es único, y cuando ocurre, se inicia un largo y doloroso proceso de duelo. No hay una forma correcta o incorrecta de llorar. Algunas personas precisan la necesidad de apoyo inmediatamente, y otros esperarán meses o incluso años.
Sea como fuere, es importante buscar ayuda profesional siempre que sea preciso. Y no sentirse culpable por necesitarla.

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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