Comer sano

Platos precocinados: manual de uso

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Los platos precocinados son una solución para esos días en los que mamá o papá no tienen tiempo de cocinar, pero no deben formar parte de la dieta.

platos precocinados

Te ha vuelto a pasar. Lo que iba a ser un paseo rápido con los peques se te ha ido de las manos. Te encontraste con alguien, ellos estaban disfrutando tanto que les dejaste un ratito más… El resultado es que llegas a casa mucho más tarde de lo previsto y es hora de cenar. Empieza la cuenta atrás y en pocos minutos se desatará el temido “¡tengo hambreeeee!”. No hay tiempo para planificar y cocinar la cena. ¿Solución? Un practiquísimo plato de comida precocinada.

El mundo de los platos precocinados ha cambiado mucho en los últimos tiempos: incluso podemos encontrar platos típicos de la dieta mediterránea, en algunos casos con estupendos resultados. Y es que ya no son sinónimo de comida basura y resultan un buen recurso para solucionar alguna comida ocasional. Eso sí: nunca pueden ser la base de una alimentación sana ya que, por su propio proceso de conservación y seguridad alimentaria, es necesario añadir conservantes y, en algunos casos, sacrifican parte de los nutrientes en el proceso.

¿Sopa, pizza o verduras?

Y no solo son útiles para recurrir a ellos cuando los niños no pueden esperar una hora para comer, también pueden simplificar alguno de los pasos más laboriosos de las comidas cuando mamá o papá no dispone de mucho tiempo para los fogones. Por ejemplo, ¿hace cuanto tiempo que no ofreces a tus hijos una sopa casera? Es necesaria una cocción muy lenta y además tienes que planear la compra de productos frescos con suficiente antelación. Normalmente es más fácil recurrir a las sopas deshidratadas o en tetrabrik.

Por eso, lo primero que debemos decidir es si necesitamos un producto terminado o simplemente queremos que nos faciliten la mitad de la tarea. En el primer caso buscamos un precocinado para calentar y listo, por ejemplo una pizza (que tanto gusta a los niños) o una conserva de garbanzos con tomate (para comer un sábado, en el que nos hemos entretenido demasiado en el parque, por ejemplo). Si buscas solo un atajo, elije un semielaborado, por ejemplo los preparados para tortilla (patatas y cebolla cocinada) a la que solo le tienes que añadir el huevo (¡más rápido imposible!) o los caldos a los que incorporar la pasta.

Y es que este mundo se ha diversificado tanto que puedes encontrar el mismo producto de mil maneras. Por ejemplo, si buscas espinacas, puedes elegir entre una bolsa de espinacas cortadas y limpias que encontrarás en la sección de frescos (con las que prepararás una ensalada en un santiamén), unas espinacas con bechamel en la sección de congelados (una buena solución para la cena) o una conserva de potaje de espinacas y garbanzos lista para comer. ¿Cuál es mejor? Es difícil contestar a esto, aunque a priori siempre es recomendable optar por los alimentos menos procesados. Un buen truco es prestar atención al tipo de preparación que requieren: siempre es mejor un plato para hornear que uno que requiera fritura, por ejemplo.

Un montón de opciones dónde elegir

Puedes encontrar comida precocinada en casi cualquier sección del súper agrupada en distintas gamas de alimentos, cada una con sus peculiaridades.
Posiblemente la más popular sea la conocida como segunda gama: las conservas. Son alimentos sometidos a procesos térmicos y entre sus ventajas destaca que se pueden conservar durante años. Aquí encontramos desde una clásica lata de atún a un tarro de fabada asturiana o unas albóndigas con tomate, por ejemplo. Son geniales para tener en el armario ya que no necesitan frío. Eso sí: elige las que sean “al natural” o tengan aceite de oliva o de girasol e intenta descartar las que dentro de su etiquetado señalen aceite de palma.

Los productos de tercera gama engloban los congelados y son los que más se acercan, nutricionalmente, a los productos frescos. Aquí podemos encontrar casi de todo: verduras salteadas, croquetas, arroz precocinado, pescados en salsa… Necesita que conservemos la cadena de frío por eso es importante que después de comprarlo vayamos directamente a casa. Si te vas a retrasar, utiliza una bolsa térmica.

En la sección de frescos, están los de la cuarta gama. Son los productos limpios y troceados listos para su consumo, por lo que están mínimamente procesados. A veces se envasan en atmósferas modificadas para reducir su concentración de oxigeno y alargar su conservación, aunque siempre es inferior a una semana. Son estupendos para solucionar, por ejemplo, una ensalada ya que puedes encontrar casi cualquier tipo de lechuga u hortalizas. ¡Algunas incluso vienen con salsas para condimentarlas y picatostes!

Finalmente están los productos de quinta gama. Son alimentos que se comercializan envasados y refrigerados. Están listos con solo calentarlos y puedes elegir preparaciones de lo más gourmet. Su fecha de caducidad es aproximadamente dos o tres meses. Y hay de todo, desde un exquisito caldo de marisco y pescado hasta una paella clásica.

Asesores: Jesús Román Martínez, presidente de la Fundación Alimentación Saludable, Gaspar Ros Berruezo, catedrático de Nutrición y Bromatología.

Etiquetas: cena para niños, cocina, comida nutritiva, dieta sana, nutrición infantil

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