¿Es saludable?

Todo lo que debes saber sobre el consumo de miel en niños

No es un producto saludable y además está totalmente desaconsejado antes del primer año de vida, pero tampoco después es saludable introducirlo en la dieta de los peques.

Aunque se relacione como tal de forma habitual, la miel no es un producto saludable. La miel es un edulcorante. Puede ser natural o refinada, industrial, pero es un edulcorante en cualquier caso. De hecho, no es un alimento recomendado para los lactantes y tampoco está recomendada por los nutricionistas y demás expertos en alimentación saludable.

Tendemos a creer que sí lo es porque se asocia a remedios caseros y naturales y porque con ella podemos sustituir al azúcar. Y sobre todo tiene una imagen positiva la miel natural, la producida “en el campo” o “del pueblo”, como solemos recibirla. No hay duda de que está muy rica, pero eso no quiere decir que sea beneficiosa para la salud ni de los peques ni de los adultos. Sí es mejor que el azúcar refinado, pero eso no quiere decir que un producto sea bueno. 

Para entender por qué la miel no es saludable basta con conocer su composición: alrededor de un 80% de azúcares de distintos tipos y un 17% de agua. Por lo tanto, la miel es, fundamentalmente, azúcar

Los expertos no la recomiendan en ningún caso para los bebés lactantes porque puede provocar botulismo, una enfermedad poco habitual pero que afecta sobre todo a los recién nacidos y que está provocada por esporas que se pueden encontrar en la tierra y en alimentos como la miel y algunos almíbares de maíz

En el caso de los cereales con miel, al estar tratados a altas temperaturas, las esporas que pueden causar botulismo desaparecen, por lo que no existe tal riesgo. Pero tal y como advierte la Asociación Española de Pediatría, “Se recomienda evitar los azúcares libres en la dieta de los lactantes. Por ello, si se consumen cereales en polvo u otros productos específicos para lactantes, hay que desaconsejar aquellos que contengan miel o azúcares añadidos en su composición”.

Además, a partir del año de vida tampoco es recomendable por su composición en sí misma, rica en azúcar como hemos visto. En todo caso, de utilizarla como alternativa natural al azúcar refinado, la recomendación es limitar al máximo su uso, utilizando siempre cantidades muy moderadas. 

En definitiva, la miel es un producto que tanto natural como industrial no se recomienda introducir en la dieta de los niños. En el primer año de vida, bajo ningún concepto, y después, en todo caso con moderación. Lo dice, a modo de conclusión, la Asociación Española de Pediatría, que en su guía sobre alimentación complementaria agrupa a la miel junto con el azúcar, la bollería, las galletas y demás alimentos superfluos. “Cuanto más tarde y en menor cantidad mejor (siempre a partir de los 12 meses)”, concluye al respecto. 

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