La fecundación

Así se inicia la vida

La fecundación de un bebé es un proceso meticuloso y sorprendente. Descubre cómo fue el origen de tu hijo.

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Para que se forme la vida humana es necesario que un óvulo y un espermatozoide se encuentren y se fusionen y que después hallen un lugar confortable en el organismo femenino donde alojarse y nutrirse para desarrollarse adecuadamente: el útero.
La fecundación es un proceso sorprendente, una auténtica obra de ingienería que nueve meses mas tarde da como fruto un precioso niño.

Para que entiendas mejor cómo se produce, vamos a explicar antes cómo crean las células sexuales en el hombre y en la mujer.


El óvulo

Al llegar a la pubertad, el cuerpo femenino empieza a experimentar muchos cambios. Probablemente, el más importante es el inicio del ciclo menstrual, que indica que el cuerpo ya está preparado para concebir un hijo. La regla es, en realidad, la descamación del recubrimiento del útero (endometrio), que aumenta de grosor tras la ovulación para recibir un óvulo fecundado que finalmente no ha llegado.

El ciclo menstrual dura 28 días:

En la primera mitad, la hormona luteinizante (LH) madura el óvulo. Hacia el día 14, lo libera del ovario hacia las trompas de Falopio (conducto que conecta el ovario con el útero), donde permanecerá entre 12 y 24 horas. Se está produciendo la ovulación: el periodo propicio para concebir.

En cuanto el óvulo abandona el ovario, este comienza a segregar hormona progesterona, que prepara al útero para recibir al embrión si hubiera embarazo. Si no lo hay, la hormona deja de producirse a los 10 días y el endometrio se descama y aparece la regla. Si se produce la fecundación, la progesterona impedirá que se formen nuevos óvulos.


El espermatozoide

Cuando el varón alcanza la pubertad, sus testículos empiezan a segregar testosterona, una hormona que estimula la producción y maduración de los espermatozoides, que se almacenan en un conducto anexo a los testículos.
Durante la relación sexual, los espermatozoides salen diluidos en un líquido(el semen) segregado por las próstata y las vesículas seminales, que los nutre y facilita su transporte.

Los espermatozoides se fabrican continuamente (hasta varios millones al día). El semen que expulsa el hombre al eyacular puede contener entre 200 y 500 millones de espermatozoides.

El espermatozoide está formado por una cabeza, donde se encuentran el núcleo con la carga genética y una especie de cola (flagelo), que le sirve para desplazarse. Mide cinco centésimas de milímetro y avanza de dos a tres milímetros por minuto. Es, posiblemente, la célula más pequeña del cuerpo humano.


El encuentro

Durante el coito, los espermatozoides penetran en la vagina. Como no les gusta el medio ácido de esta, emigran hacia el cuello del útero (que tiene medio alcalino más favorable), atraviesan el útero y, en un par de horas, llegan a las trompas de Falopio (donde también va a parar el óvulo tras la ovulación). Allí pueden sobrevivir de 48 a 72 horas (fuera de la mujer viven menos de 24 horas). Es decir, la fecundación puede producirse dos o tres días después del encuentro sexual.


De los cientos de millones de espermatozoides que contiene el semen, apenas un centenar consiguen llegar hasta el óvulo y solo uno de ellos logrará penetrar en su interior y fecundarlo. Cuando ocurre, la membrana del óvulo, hasta entonces permeable, altera su estructura química y cierra el paso a los demás espermatozoides.


Al unirse con el óvulo, el espermatozoide pierde la cola y fusiona su núcleo (que aumenta de tamaño) con el del óvulo. De esta simbiosis, nace la primera célula del bebé: el huevo fecundado o cigoto, que contiene una información genética propia y única: desde el color e los ojos hasta la estatura aproximada que tendrá el nuevo ser humano.


Camino del útero


Empujado por los impulsos musculares de la trompa de Falopio,  el huevo fecundado se encamina hacia el útero, donde se implantará. Horas más tarde, se divide en dos células y en el camino experimenta nuevas divisiones celulares hasta convertirse en una especie de mora (mórula) y posteriormente en un conjunto celular complejo formado por una parte líquida y un grupo de células, llamado blastocito del que saldrá el embrión (nombre que recibe el futuro bebé durante los tres primeros meses de embarazo).


El viaje por las trompas dura tres o cuatro días. Cuando llega al útero el huevo permanece libre al menos dos o tres días antes de implantarse en el endometrio.


La nidación

La nidación tiene lugar siete días después de la fecundación, es decir 21 o 22 días después del comienzo de la última regla. El huevo se sitúa sobre el endometrio y luego se adhiere fuertemente a ella, como una ventosa.

La capa exterior excava una especie de nido en el endometrio y forma el trofoblasto, una membrana que más adelante dará origen a la placenta que nutrirá al bebe durante su estancia en el útero.
A partir de ese momento, el desarrollo del futuro bebé es constante y los cambios se suceden hora a hora hasta el día del parto.


¿Estaré embarazada?

Una o dos semanas después de la nidación, las hormonas comienzan a mandar señales que sugieren a la mujer que algo ha cambiado: naúseas, cierta fragilidad emocional, mayor sensibilidad... Estos primeros síntomas de embarazo, que llenan de alegría a muchas parejas, en realidad solo son un pequeño reflejo de la increíble transformación que ha empezado a acusar el organismo femenino.

Etiquetas: bebé, ciclo menstrual, embarazo, embrión, espermatozoide, fecundación, hormonas, ovarios, ovulación embarazo, placenta, regla, óvulo

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