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Por qué el frío es un enemigo de la piel atópica y cómo podemos combatirlo

En invierno el ambiente es más seco y esto tiene consecuencias directas sobre la humedad de la piel, que al resecarse, en caso de ser atópica, sufre las consecuencias del clima.

Piel afectada por el frío
Piel afectada por el frío (Foto: iStock)

Que el clima afecta en el estado de ánimo y en la salud no es algo de ahora. Llevamos años huyendo de la lluvia británica o abrazando los climas templados de la orilla mediterránea para evitar la dureza del invierno de la meseta, por ejemplo. Pero esto no tiene únicamente que ver con el gusto personal mayoritario de la gente, sino que también puede tener consecuencias sanitarias. Por ejemplo, el frío es un enemigo de la dermatitis atópica, una patología que incide sobre todo en los niños pequeños. 

Qué es la dermatitis atópica y por qué aparece

La dermatitis atópica, según definen las dos expertas médicas que firman este artículo de la AEPED, Mercedes Escarrer Jaume y Mª Teresa Guerra Pérez, “es un proceso inflamatorio de la piel caracterizado por intenso prurito y piel seca, que presenta una evolución crónica y cursa en forma de brotes. Se puede presentar en sujetos de todas las edades, pero es mucho más frecuente en niños; el 50% de los casos se diagnostica durante el primer año de vida”.

La genética influye en la aparición de la dermatitis atópica, de la hay distintos grados, y tiene relación con alergias alimentarias e inhalantes porque suelen sufrirlas también los pacientes con piel atópica. Se cura en muchos casos en la vida adulta, pero la ciencia dicta que en torno a un 7% de los casos no se cura al llegar a dicha etapa.

Síntomas más comunes

Los síntomas varían en función de la gravedad, tal y como explica en este artículo el dermatólogo Eduardo Fonseca Capdevila. Van desde la piel seca, la pitiriasis alba -”manchas blanquecinas, con una fina descamación, en general redondeadas u ovaladas y de varios centímetros de diámetro”, explica el doctor-,  o el prurigo atópico, “una erupción de pápulas muy pruriginosas, que como consecuencia del rascamiento evolucionan a excoriaciones y ulceraciones en sacabocados, formación de costras y cicatrices, entre otras”, hasta la más grave de todas las dermatitis atópica, la eritrodemia, que “se produce un enrojecimiento generalizado de la piel, con intenso prurito, edema, exudación y descamación”, según argumenta el doctor Fonseca en el artículo mencionado. 

En cualquiera de los casos, los síntomas suelen ir a más en invierno, con la llegada del frío, aunque la explicación real a por qué ocurre así radica principalmente en el ambiente seco y en menor medida en la temperatura. Y es que, aunque muchas personas creen que el frío conlleva más humedad, lo cierto es que en verano la humedad es mayor, por no hablar de los climas templados, donde la influencia marítima garantiza porcentajes altos de humedad y temperaturas moderadas. El ambiente seco reseca la piel ya que se reduce su humedad también, y esto implica la aparición de brotes en las pieles atópicas.

Según la Dra. Cristina García Millán, dermatóloga del Hospital Ramón y Cajal y colaboradora de Bioderma, “el frío es un enemigo, por dos motivos; en el interior de las casas, escuela, etc. El ambiente es cálido y seco por la calefacción y empeora la dermatitis; y las bajas temperaturas alteran la barrera de la piel. Por ello hay que intensificar la hidratación durante el invierno”, explica. Por eso la dermatitis atópica empeora en invierno en un altísimo porcentaje de casos. 

Cómo ponerle remedio

Para ponerle remedio, dado que no todos los enfermos tienen la posibilidad de mudarse a la orilla del mar, se pueden hacer varias cosas. Una de ellas es utilizar ropa adecuada, fabricada en materiales orgánicos de calidad, que no agraven más los síntomas. Otra, que el niño lleve siempre las uñas limpias y bien cortadas porque el picor es un síntoma muy habitual de la dermatitis atópica y el rascado, sobre todo por la noche, cuando es involuntario, puede provocar heridas.

Una tercera es educar a las familias de los niños y a los propios enfermos, que han de entender que esta es una patología crónica, que no tiene curación, pero que sí mejora con la edad y que también se puede tratar para que se pueda convivir mejor con ella. 

Para esto, las doctoras  Escarrer y Guerra explican en su artículo que “Deben evitarse todas aquellas situaciones que puedan alterar la barrera cutánea”, entre las que citan como ejemplos “bañar al niño muy frecuentemente sin aplicar cremas hidratantes o emolientes después del baño, ambientes con poca humedad, estrés, piel seca, sudoración abundante, uso de suavizantes y detergentes”. Además, añaden que el tratamiento también busca “restaurar la barrera cutánea e hidratación abundante de la piel”, y que en casos en los que es necesario, se describe y ejecuta el tratamiento de las infecciones cutáneas e inflamatorias. Hay productos farmacológicos para ello, pero deben ser recetados exclusivamente por los expertos sanitarios que diagnostiquen la enfermedad y hagan el seguimiento del paciente. 

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