Miedos en el embarazo

No tienes por qué sentir culpa si sientes miedo en el embarazo: aprende a lidiar con ello

Hemos de normalizar sentir miedo durante el embarazo, pues un alto porcentaje de mujeres hacen frente a ello en los nueve meses de gestación. ¡No te sientas culpable si alguna vez piensas que no serás capaz! Te enseñamos a lidiar con los miedos más comunes de la gestación.

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Estás viviendo una de las experiencias más importantes en la vida de una mujer, y también una de las más duras. Conviene decirlo desde el principio. Nuestro cuerpo registra cambios desconcertantes, sentimos una gran responsabilidad por la vida que albergamos y, para colmo, se nos exige que seamos felices. Y lo somos, pero al mismo tiempo nos sentimos invadidas por miedos. Los temores reales se mezclan con los que no lo son y los miedos que teníamos antes de la gestación se unen a los derivados del nuevo estado.

¡Dios mío, qué he hecho!

No es extraño que la noticia del embarazo nos tome más o menos por sorpresa. Y que al echar cuentas, recordemos que ya estábamos embarazadas cuando hicimos cosas que no hubiéramos hecho en el caso de saberlo, como rayos UVA. Y surge el primero de los miedos: ¿afectarán al feto?

El doctor Gerardo Ventura Serrano, ginecólogo, señala que “aunque en general no tiene por qué haber repercusiones si la mujer ha tomado una copa o una sesión de rayos UVA, es el especialista quien debe evaluar la situación y, si lo considera necesario, ordenar los análisis y pruebas pertinentes”.

Lo fundamental es no perder el tiempo: si tenemos un retraso de una semana, hay que hacerse la prueba de embarazo, y si da positivo, acudir cuanto antes al ginecólogo. Y si da negativo, también, porque puede estar indicando algún problema que hay que diagnosticar.

¿Y si no viene bien?

Es lo que nos preguntamos una y otra vez sobre el bebé que estamos esperando. Lo mejor es salir de dudas cuanto antes.

Por fortuna, se cuenta con avanzados medios para el diagnóstico prenatal que hacen posible detectar si el bebé presenta algún tipo de alteración genética. Las ecografías permiten un completo examen físico del feto y detectan de un modo preciso malformaciones congénitas como labio leporino, anencefalia, defectos en los cierres de la columna, alteraciones en los riñones y posibles afecciones cardiacas.

Los exámenes para determinar si existe síndrome de Down o alteraciones del sistema nervioso son cada vez más precisos. Las estadísticas indican que este tipo de anomalías se encuentran en tres de cada 2.000 bebés. Esos datos no nos quitan el miedo, pero la amniocentesis y el llamado análisis prenatal no invasivo, sí. Ahora bien, es el médico quien aconseja hacerse o no este tipo de pruebas teniendo en cuenta los antecedentes familiares, la edad de la madre y el resultado de diferentes pruebas médicas. En última instancia es la madre quien decide si someterse o no a la amniocentesis.

¿Y si hago algo mal y lo pierdo?

Es el rey de los temores durante el primer trimestre, cuando la sensación de fragilidad e incluso de irrealidad es más fuerte porque aún no sentimos al bebé. Y es un temor con fundamento. Entre el 12 y el 20 % de los embarazos terminan en aborto espontáneo en las 20 primeras semanas.

Las causas en esta fase son múltiples, pero contamos con análisis y ecografías para comprobar que todo va bien y que el embarazo progresa. El seguimiento por parte del obstetra y nuestro sentido común deben bastar para que ese temor no sea un generador de estrés que acabe afectando al embarazo. Es mejor confiar en que todo va a salir bien porque ¡así va a ser!

¿Por qué me agobio tanto?

Hay que identificar cuáles son las causas del estrés para poder evitarlas por todos los medios.

Se sabe que los niveles de progesterona, hormona esencial en el embarazo, se alteran a raíz de las emociones negativas y que el exceso de tensión emocional genera grandes cargas de la hormona liberadora de corticotropina, relacionada con el parto prematuro. En ocasiones, el estrés del entorno es más agobiante que el de la embarazada y se genera por la presión de la familia, la pareja, los amigos y el trabajo.

Hay que identificar y separar las causas de aquello que nos agobia para poder controlarlas. Las molestias propias del embarazo, por ejemplo, pueden generar nervios. Debemos asumir que esos síntomas son temporales y abandonar actividades innecesarias. También ayudará comer bien, descansar y realizar ejercicio regularmente.

¿Volveré a ser la misma de antes?

No, no seremos las mismas después del parto. La decisión de tener un hijo implica un cambio: perderemos parcelas de libertad, pero ganaremos muchísimo más.

Es lo que queríamos: un cambio en nuestras vidas. Y no hay por qué considerarlo negativo. Todas conocemos casos de mujeres que se organizaban fatal y que después de tener a su bebé se muestran más prácticas y eficaces porque no quieren renunciar a su vida privada ni descuidar a su hijo. No es fácil, pero se puede lograr. Y si el cambio que asusta es el de no recuperar nuestra figura, volver a caber en aquellos vaqueros depende de nosotras: hará falta ejercicio y voluntad, pero lo conseguiremos.

¿Puedo seguir teniendo sexo?

La pareja puede tener la frecuencia sexual que tenía antes, a excepción de los casos en los que el tocólogo detecte algún riesgo y lo prohíba. El sexo puede realizarse con normalidad mientras las condiciones lo permitan. Y tanto la disminución del deseo al inicio del embarazo como su incremento en el segundo trimestre son reacciones normales que no deben inquietarnos.

El doctor Ventura Serrano lo explica muy claramente: “Si una persona caminaba aproximadamente unos dos kilómetros al día, que lo siga haciendo, salvo que el médico recomiende lo contrario. Lo mismo vale para el sexo”.

Dicen que el segundo es fácil

Las veteranas también pasan por lo suyo. “Mi primer embarazo fue tan duro que cuando fuimos a por la niña estaba sufriendo desde el principio”, explica Cristina.

Sin embargo, esas expectativas negativas no se cumplieron: “Cuando quise darme cuenta, ya estaba en el sexto mes y casi sin padecer; así que decidí dejarme de temores y disfruté del tercer trimestre casi sin ansiedad”. En otros casos, como el de Claudia, ocurre lo contrario: “Mi primer embarazo fue una gozada: no sentí angustia ni miedos. Sin embargo, cuando me volví a quedar embarazada lo pasé fatal y me sentía como de cristal”. En el segundo Claudia sufrió molestias que no había conocido en el primero y para las que no estaba preparada.

Lo habitual es que aprendamos del primero para disfrutar más en el segundo.

¿Y si el parto se complica?

Venimos preparándonos para el parto desde que supimos que habíamos concebido, pero tenemos miedo. Miedo a que algo salga mal de repente, al dolor que algunas describen como insoportable, a entrar en un quirófano...

Si tememos que el parto pueda complicarse, hay que confiar en los profesionales, ellos saben lo que hay que hacer y manejan datos más que suficientes para prevenir posibles situaciones adversas.

En cuanto al dolor, la matrona Mónica Gutiérrez ha visto mujeres con formas diferentes de manejarlo, “pero las mejores son las que han seguido los cursos de preparación”. La matrona es clara: “Las contracciones duelen, pero estas madres saben que son necesarias y que tienen un ritmo y una finalidad, es decir, que acabarán antes si colaboran”.

Por otro lado, no hay que dejarse influenciar por las terribles narraciones de otras madres. No hay un parto igual a otro, ni siquiera en la misma mujer, y por eso nada asegura que el nuestro tenga que ser de los más duros.

Asistir a clases de relajación o de yoga para embarazadas, con permiso del ginecólogo, nos vendrá muy bien para preparar este momento y poder vivirlo con tranquilidad.

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