Dudas frecuentes

¿Puedo hacerme un piercing si estoy embarazada?

Es un riesgo innecesario que los expertos desaconsejan tomar, sobre todo en las zonas más sensibles del cuerpo durante la gestación: ombligo, pezones y genitales.

Foto: iStock
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El piercing, que es la perforación para un pendiente, aro u otro elemento ornamental similar en una parte distinta del lóbulo de la oreja, sigue estando a la orden del día aunque ya hace tiempo que pasara aquel boom que tuvo a comienzos de este nuevo milenio.

Desde aquella época, como los tatuajes, es una opción más de estilo y, como tal, muchas mujeres se los hacen en los muchos centros especializados y homologados para ello. Pero, ¿qué pasa con ellos durante el embarazo?

En general, a toda persona que decida hacerse uno, los piercings presentan riesgos en un porcentaje bajo como las infecciones, transmisión de enfermedades, las alergias o la inflamación de la zona, y por supuesto hay que tener en cuenta las cicatrices si se elige un espacio visible. Estas no se aprecian mientras se mantenga en uso la perforación pero sí en caso de que algún día se cierre. 

Estos posibles contratiempos afectan a todas las personas, pero además en las embarazadas el riesgo es que pueda afectar al feto alguno de ellos, por ejemplo la transmisión de enfermedades. Por este motivo, aunque no está prohibido, la mayoría de los especialistas aconsejan a las mujeres gestantes que no se hagan piercings durante el tiempo que dura el embarazo, sobre todo en zonas delicadas del cuerpo que en este período sufren cambios.

En concreto, la American Pregnancy Association apunta especialmente a tres zonas del cuerpo como las más delicadas para perforar durante el embarazo: ombligo, pezones y genitales. “A medida que sus pechos y el estómago crecen, los agujeros no se curan por completo y, a menudo se hacen más grandes y más susceptibles a la infección”, explican desde dicha asociación, que desaconseja totalmente los piercings en estas tres localizaciones durante el embarazo. 

Menos riesgo conllevan los piercings en orejas, nariz o boca, por poner tres ejemplos que no tienen el mismo riesgo de complicarse por la gestación que los citados anteriormente, pero esto no implica que hacérselos no conlleve tomar riesgos genéricos como los enumerados al comienzo de la pieza. Por eso, es preferible no asumir riesgos innecesarios y evitar los piercings hasta después del parto.

¿Y los que ya tienes hechos?

Otra cosa muy distinta es si ya tienes piercings hechos en alguna de las tres zonas sensibles. Esto es, ombligo, genitales y pezones. Lógicamente, la decisión de mantenerlo o dejar de utilizarlo para que la perforación se cierre es una decisión exclusivamente individual. 

El problema más grave que puede ocurrir es que a medida que la piel que se estire el agujero se haga más grande y se convierta en algo molesto e incómodo para la embarazada. Pero, tal y como indica la American Pregnancy Association, si tienes una perforación que ha sanado por completo y te sientes cómoda, no hay razón médica para retirar el piercing. Eso sí, debes saber, alerta la asociación, que “A medida que tu vientre y pechos crezcan, puede que el pendiente que lleves se enganche en la ropa y otros materiales, tire o haga que te moleste la piel”.

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