Posparto

Cómo recuperarse de un desgarro vaginal en casa después del parto

Los desgarros vaginales son muy comunes en los primeros partos, debido principalmente a que el tejido vaginal y perineal no está tan flexible como en los siguientes nacimientos. Aunque son muy habituales, es necesario seguir una serie de consejos básicos para recuperarse en casa.

Una de la consecuencia casi segura de los primeros partos vaginales es el desgarro. Se convierte en una de las partes más desagradables del parto, y dado que es tremendamente frecuente, es de vital importancia intentar normalizarlo, en lugar de temerlo. Esto es lo que opinan la mayoría de médicos, fundamentalmente porque se calcula que las mamás primerizas tienden a tener entre un 90 a un 95 por ciento de probabilidades de experimentar algún tipo de desgarro durante el parto, debido a que el tejido vaginal es mucho menos flexible.

Por tanto, las posibilidades de sufrir un desgarro vaginal son bastante elevadas, especialmente si se trata del primer parto. No obstante, también existen otros factores a tener en cuenta, como tener un parto rápido (dado que el tejido posee menos tiempo para adaptarse y estirarse a medida que el bebé desciende), el sobrepeso o la posición que tenga el bebé.

En cualquier caso, un desgarro vaginal consiste en una laceración en el perineo, que es el área situada entre la vagina y el recto, el cual ocurre habitualmente cuando se empuja al bebé, durante el parto. Son espontáneas, lo que significa que el médico no llevó a cabo ningún tipo de corte (debemos diferenciarlos, por ejemplo, de la episiotomía). 

Dependiendo de la gravedad del desgarro, los médicos suelen clasificarlos como de primer a cuarto grado. Los desgarros de primer grado son los más pequeños, y afectan únicamente a la piel situada alrededor de la abertura vaginal, o a la piel perineal. No siempre requieren puntos de sutura, y pueden acabar sanándose por sí solos. 

Los desgarros de segundo grado, sin embargo, sí afectan a los músculos perineales, que son los que encontramos situados entre la vagina y el ano. Los desgarros de tercer grado involucran principalmente al área desde los músculos perineales hasta los músculos alrededor del ano, y pueden requerir una intervención quirúrgica con la finalidad de reparar el daño.

En último lugar nos encontramos con los desgarros de cuarto grado, que son considerados como las más graves. Involucran principalmente a los músculos perineales, el tejido situado alrededor del recto y el esfínter anal. Y, en la mayoría de las ocasiones, requieren reparación quirúrgica.

Aunque es cierto que todos los desgarros vaginales pueden ser dolorosos, algunos sí requieren de la realización de varios puntos de sutura después del nacimiento, o incluso alguna intervención quirúrgica, especialmente en aquellos desgarros severos en los que el esfínter anal se ve afectado.

La recuperación dependerá directamente del tipo de desgarro vaginal que se haya producido. En el caso, por ejemplo, de los desgarros vaginales de primer o segundo grado, es común que el proceso de curación sea más simple y sencillo, aunque es normal que se sienta cierta incomodidad a lo largo de una semana, especialmente cuando la mamá se encuentra sentada con la espalda recta.

La curación de los desgarros y laceraciones de tercer y cuarto grado, sin embargo, llevan más tiempo.

Cómo recuperarse de los desgarros vaginales en casa

Después del parto, y sobre todo cuando se ha producido un desgarro vaginal, es normal sentir molestias y dolor, además de hinchazón y sangrado. Por suerte, existen algunas formas de aliviar estas molestias y dolores, además de fomentar el proceso de curación.

Limpio y seco

Los baños de asiento pueden ser útiles para mantener el área perineal afectada húmeda y limpia después del parto. Consisten en baños tibios y pocos profundos que ayudan a limpiar el perineo, pudiendo además ser de mucha utilidad a la hora de aliviar el dolor y la picazón en esta área.

Para realizarlos bastará con una pequeña tina de plástico, la cual se coloca sobre la taza del inodoro, o bien llenar el baño con agua tibia, y sentarse durante unos minutos para limpiar la piel. En caso de no hacer un baño de asiento, también es útil limpiar el área rociando agua tibia durante y después de ir al baño, con la ayuda de una botella.

Luego, es fundamental secar la zona suavemente, siempre con una toalla limpia y seca (sin frotar, solo dando suaves palmaditas para no lastimar más la zona). También es posible hacerlo con gasas o con toallitas de papel sanitarias.

Paquetes y compras de hielo

Aplicar compresas y paquetitos de hielo en la zona afectada puede ser de mucha ayuda a la hora de reducir la hinchazón. En las farmacias, por ejemplo, se venden bolsas de hielo sanitarias útiles para ser usadas sobre la piel con la finalidad de calmar la inflamación, pero sin causar los efectos secundarios relacionados (como el riesgo de quemar la piel). Bastará con aplicarla entre 10 a 20 minutos.

En caso de utilizar una bolsa de hielo, es imprescindible cubrirla con un paño o una toalla limpia, para proteger con ella la piel del frío, y evitar problemas innecesarios. Por otro lado, no se aconseja aplicar la bolsa de hielo durante más de 20 minutos.

La importancia de descansar

El descanso es fundamental, aunque es cierto que cuando se tiene un recién nacido, lo complicado es encontrar momentos para poder calmarse y dejar que el desgarro se cure. La clave está en evitar el ejercicio extenuante, lo que puede acabar siendo de mucha ayuda.

La mayoría de los médicos recomiendan evitar actividades extenuantes durante al menos entre dos a tres semanas tras el parto, tiempo que dependerá directamente de la gravedad de la laceración. 

Tampoco es aconsejable evitar las actividades que puedan causar tensión, no permaneciendo sentada o de pie durante períodos prolongados, ya que podría aumentar el dolor perineal.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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