Sal de dudas

Contracciones: aprende a diferenciar las falsas de las de parto

Si no tienes referencias de embarazos previos, las dudas no terminarán de disiparse en todo el embarazo, pero es relativamente sencillo saber cuándo aparecen las de parto atendiendo a detalles como el ritmo, la frecuencia y la duración de las mismas.

Contracciones en el embarazo
Contracciones en el embarazo (Foto: depositphotos)

La mente de una mujer embarazada, y más en el caso de las primerizas, está en permanente ebullición. Las dudas, los miedos y la incertidumbre se entremezclan con sensaciones maravillosas como la de escuchar por primera vez el latido del embrión, sentir al pequeño por primera vez o simplemente imaginar cómo será el día en el que pueda ver la cara de su hijo y sostenerle. Pero el embarazo se hace largo en la mayoría de los casos, y esto es algo completamente normal por mucho que haya quien alardee de lo contrario. Y justo en el tramo donde el cansancio acumulado y las ganas de que llegue el esperadísimo desenlace, aparecen las contracciones con mayor intensidad, un nuevo desestabilizador que añadir a la situación por la confusión que genera cómo saber si son falsas o las de parto. 

Dependiendo de cómo sean las contracciones, se puede determinar si un parto ha comenzado o no. Esto es una de las cosas que se explica de forma insistente por las matronas en el curso de preparación al parto -si asistes-, donde también se enseña a diferenciar unas de otras, algo que depende fundamentalmente de la frecuencia, la intensidad y la duración de las mismas.   

Frecuencia, duración e intesidad marcan la diferencia

Una de las dificultades a la hora de determinar si son de parto o falsas es que no aparecen igual en todos los embarazos. Hay casos en los que la mujer gestante las siente con muchísima antelación al parto, y otras que solo notan las que indican que el final del embarazo está a la vuelta de la esquina. A medio camino entre ambos límites se sitúan también otros muchos procesos de gestación en los que las contracciones aparecen de uno u otro modo. En todos los casos, eso sí, aparecen las contracciones de parto, porque es la manera en la que se apoya el cuello del útero para dilatar, proceso físico sin el cual no es posible que se produzca un parto vaginal

La clave para saber si las contracciones son de parto o son de Braxton Hicks, que es el médico inglés que describió por primera vez las contracciones falsas en el siglo XIX, es atender a su forma y también a los síntomas que las acompañan. Lo primero es la frecuencia constante en las de parto, de tres a cinco cada diez minutos, siempre rítmicas y regulares; y lo segundo, la duración y la intensidad, que van de la mano porque ambas deben ir en aumento si no son contracciones falsas. 

Niveles de dolor

La tercera característica de las de parto tiene que ver con el dolor que producen, que es muy intenso, nada que ver con las falsas. Este es un síntoma que parece difícil de medir porque el umbral del dolor no es igual en todas las personas, pero créenos cuando decimos que duelen y mucho las de parto. Y por último, el cuarto aspecto diferenciador, que tiene que ver con los anteriores, es el lugar en el que se sienten, ya que las de parto suelen nacer en la espalda, como si esta fuera el epicentro desde el que se expande la explosión de dolor.

Las contracciones falsas, por su parte, pueden generar molestias, quizá dolor a medida que se alcanza el final del embarazo, pero nunca en la misma intensidad que las de parto. Bien lo saben las madres que repiten experiencia, pero en las primerizas es un factor que despista al no tener referencias previas. En cambio, no lo son ni la duración, más corta, ni sobre la frecuencia, porque este tipo de contracciones son muchísimo más irregulares, no siguen ningún patrón claro. 

El momento decisivo

A veces, si es la fase final de la gestación, pueden aparecer en series de tres o cuatro contracciones en las que parecen ser rítmicas, pero se rompe enseguida esta linealidad, demostrando a la embarazada que todavía no ha llegado el momento del parto, si bien son también un indicativo de que el cuello del útero se está empezando a ablandar, paso previo necesario para que dilate cuando las contracciones ya sí sean de parto -si tienes dudas, para llevar un control no está de más apuntar el ritmo exacto con el que aparecen y la duración de las mismas-. 

Cuando esto ocurra, pueden aparecer también otros síntomas de que el parto ha comenzado además de las contracciones rítmicas, constantes e intensas. Es el caso de la expulsión del tapón mucoso, aunque puede ocurrir también antes de que desencadene el parto, y de la rotura de la bolsa amniótica, signo inequívoco de que el parto está en marcha. Ambos síntomas son fácilmente detectables por la embarazada, no así la mencionada dilatación del cuello uterino, que solo se detecta si ya ha alcanzado el mínimo para considerar que una gestante está de parto -3-4 centímetros-, cuando el profesional sanitario hace una exploración vaginal. De hecho, junto a las contracciones y las constantes vitales del feto, son los tres indicadores más potentes para los profesionales médicos que atienden la evolución de un parto. 

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