¡Basta ya!

10 cosas que no se deberían decir a una madre (aunque lleve toda la vida escuchádolas)

No somos conscientes del daño y las molestias que podemos causar con determinados comentarios que, incluso hechos sin mala fe, son realmente contraproducentes.

Madre y bebé
Madre y bebé (Foto: depositphotos)

Hay veces, muchas en realidad, en las que es un ejercicio muy positivo ponerse delante del espejo y hacer examen de conciencia. Y eso es lo que vamos a hacer en las siguientes líneas, señalando en voz alta diez de las peores cosas que se le puede decir a una madre, especialmente cuando lo ha sido hace no mucho tiempo. 

Todos, en mayor o menor medida, hemos caído en este tipo de errores que deberíamos evitar a toda costa porque los consejos, al menos en esto de la maternidad, se dan cuando alguien lo pide, nada más. Ser padre o madre no da derecho a poder opinar de lo que hacen los demás, y mucho menos a expresarlo con el lenguaje equivocado con el que muchos abuelos, tíos, amigos y un largo etcétera, lo hacen. Cuida el tono, por favor. 

¿Estás preparado para leerlos, pensar en cuántos de ellos has caído y asumir que igual no hiciste bien en decirle algo así a otra persona?

“Si le coges tanto en brazos se va a acostumbrar”

Empezamos suave la lista con un clásico propio de los abuelos, que insisten en ello sin mala intención pero no por ello hacen bien en decirlo. Más que nada porque no es verdad, ya no solo porque pueda molestar a la mamá de la criatura, que lo único que quiere es darle todo el cariño y protección del mundo a su pequeño.

“No le dejes dormir en tu cama porque no saldrá nunca de ella”

Este comentario se ha dicho tanto que se ha asimilado como verdad por un porcentaje amplio de la población. A todos ellos les recordamos que los niños tienen memoria de pez, así que igual que se acostumbran a un hábito como el colecho pueden hacerlo a otro. Además, ellos solo quieren la protección de saber que sus padres están cerca, así que deberíamos empezar por legitimar que quieran dormir a su lado y que estos lo acepten encantados.

“¡Uy, este niño no se parece en nada a ti!”

Más allá de lo absurdo que es no dejar de buscar comparaciones familiares por inevitable que sea, no hay nada peor que hacerle un comentario así a una madre que probablemente esté pasando por una etapa con el autoestima tocado. A veces el silencio es la mejor forma de aportar cosas positivas.

“Ese niño lo que tiene es hambre (o sueño), por eso llora”

Una madre pasa horas y horas junto a su pequeño recién nacido, así que le conocen mejor que nadie y mucho antes que el resto también. Puede llegar a ser desesperante que te digan una y otra vez lo que le pasa cuando llora si como madre sabes perfectamente lo que ocurre. Y es muy probable que en algún momento esta salte, con toda la razón del mundo.

¡Parece que te han dejado al niño dentro!

Pocos comentarios más hirientes que este, y lo peor de todo es que se escuchan a menudo. Hay un millón de bromas para escoger en esas primeras visitas a la mamá y al recién nacido como para tener que elegir justo esta, que lo único que va a conseguir es el disgusto de la mamá, que sabe que su cuerpo todavía no está como antes. 

“Prepárate para no dormir”

Quizá no duela tanto como otros comentarios, pero en según qué contextos, también sobra decirle a una madre que no va a dormir y que se va a aburrir cuando toque dar de comer al pequeño. Está claro que la maternidad tiene momentos delicados y algunas consecuencias dura de sobrellevar, pero también tiene muchos aspectos bonitos, así que mejor no especular con algo que todavía no se sabe cómo será. Si llegado el caso el niño no duerme bien, seguro que tendréis horas y horas para comentarlo. 

“Vengo a ver al bebé”

Si nadie te ha invitado, no está de más preguntar primero si se puede acudir de visita. Eso por un lado, porque este punto tiene segunda parte: si vas de visita, intenta que no se note más de la cuenta que solo quieres ver al pequeño y no a la mamá, que seguramente necesita bastante más amor que el niño, al que sus papás se lo dan sin descanso. 

“¿Cómo llevas así al bebé, tan poco abrigado?”

No podía faltar en la lista otro de los grandes clásicos. Los niños no tienen que ir como cebollas, y además, si de algo va a pecar una mamá primeriza es de llevar al niño demasiado abrigado, no de lo contrario. Y en tres días sabrá si su pequeño va a gusto o no porque de eso trata el vínculo entre madre e hijo, que es único e intransferible. 

“Ese niño lo que necesita es un buen azote a tiempo”

Suena tan feo como es este comentario, pero se sigue escuchando a menudo en espacios privados… y también en públicos, como los parques o restaurantes. Y no siempre salen de la boca de los más mayores. No hace falta explicar a estas alturas por qué educar en base a la agresividad física y verbal no es una decisión correcta. 

“Pues bien que te comías tú los dulces de pequeño…”

Hay muchos papás y mamás que hacen verdaderos esfuerzos porque sus hijos coman sano y variado, limitando los dulces y los ultraprocesados. No quiere decir que los prohíban, que también está bien si alguien lo hace, sino de evitar que formen parte de la dieta diaria. Y en vez de valorar el esfuerzo de forma positiva, los demás ponemos trabas a su decisión con comentarios como este. Sí, efectivamente antes comíamos mucho más dulce, y ahora sabemos lo malo que eso era...

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