Salud mental

¿Cuentan los profesionales que asisten los partos con recursos suficientes para cuidar su salud mental?

El riesgo a enfrentarse a episodios traumáticos durante el parto y el nacimiento del bebé aumenta la posibilidad de que médicos y enfermeros padezcan patologías mentales. El cuidado de su salud mental en estos casos es fundamental.

Uno de los grandes retos al que se deben enfrentar aquellos que se dedican a la medicina y enfermería es saber cómo gestionar sus emociones ante episodios traumáticos que se derivan de su ejercicio profesional en el que la vida de sus pacientes está en juego

Varias investigaciones dan constancia de que estos profesionales se arriesgan en mayor medida al padecimiento de patologías mentales como la ansiedad, la depresión o el consumo de alcohol y tóxicos, consecuencia del desarrollo de su trabajo en el que existe la posibilidad de producirse complicaciones.

Además, las personas que trabajan en el ámbito de la medicina y enfermería se exponen a una mayor probabilidad de sufrir el síndrome de burnout, que ha sido reconocido por la OMS como enfermedad este mismo año. Este síndrome se basa en un agotamiento físico y mental derivado del estrés laboral al que se ven sometidos estos profesionales y que afecta de forma seria a su autoestima. Por otra parte, una reciente investigación australiana revela que los obstetras y ginecólogos son los que más riesgos tienen de sufrir burnout. Asimismo, los partos traumáticos son causantes en muchas ocasiones de enfermedades psíquicas en las matronas.

Blanca Herrera Cabrerizo, matrona en el Hospital Campus de la Salud de Granada y coautora de la Guía Práctica de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad, considera que “cuidar a los profesionales que acompañamos al parto y el nacimiento es una prioridad en la atención perinatal actual y repercutiría positivamente en la calidad de la atención que se presta a las madres y bebés”.

Tal y como manifiesta la profesional, el parto y el nacimiento es un cuadro en el que se deben tener en cuenta muchas variantes de conflicto y estrés. Pueden surgir situaciones de duelo como consecuencia de, por ejemplo, una pérdida perinatal (fallecimiento del recién nacido), de partos no respetados o partos traumáticos.

Para que los profesionales de la salud puedan abordar estos escenarios de dolor, Blanca Herrera sostiene que es “fundamental” que sepan prepararse emocionalmente, no solo por sí mismos, sino también a través de una ayuda externa que les sepa blindar en todo momento un apoyo psicológico. En esta línea, es “importantísimo” que la institución en la que trabajen sepa contar con los recursos suficientes “para validar los estados emocionales de los profesionales como un elemento valioso para atender mejor” sus necesidades. Por ejemplo, que estas personas dispongan de tiempos de recuperación tras vivir experiencias traumáticas.

No obstante, la experta lamenta que no es habitual que los médicos y enfermeros cuenten con las herramientas capaces de minimizar el riesgo a sufrir patologías mentales como consecuencia de atender partos que no salen de la forma esperada. Esta falta de recursos deriva en consecuencias no del todo convenientes.

Así, existe la probabilidad de que se produzca una “distancia terapéutica extrema” en la que los profesionales pueden parecer personas distantes y frías aunque en el fondo están sufriendo muchísimo. Por el contrario, existe la “implicación extrema”, por la que se difuminan las fronteras entre el ámbito laboral y personal, convirtiéndose en uno solo y llevando a los profesionales a “hipotecar su vida y su salud”.

Herrera Cabrerizo alude a la importancia de hacer saber a los profesionales que primero deben sentirse ellos bien para poder acompañar mejor durante el parto y nacimiento del bebé. “Para ello hemos de trabajar nuestro equilibrio y nuestra salud emocional, lo que implica trabajar también en el autoconocimiento, en la compasión hacia una misma y en la autocrítica y la humildad”, concluye.

Continúa leyendo