Vídeo de la semana

Parto

Desgarro vaginal durante el parto: esto es todo lo que necesitas saber

El desgarro vaginal es tremendamente común durante el parto, tanto que se estima que al menos la mitad de las embarazadas tendrán uno. Las probabilidades son todavía mayores en las mamás primerizas, de manera que en los segundos y terceros embarazos las posibilidades tienden a bajar muchísimo.

Un parto vaginal requiere que la vagina se estire lo suficiente como para permitir la salida del bebé en el momento del parto. Todas las mujeres que dan a luz por vía vaginal, y también -en ocasiones- quienes tienen un trabajo de parto prolongado antes de una cesárea, pueden sufrir cierto dolor perineal después del nacimiento del pequeño.

Y como consecuencia de la presión que ejerce la cabeza del bebé cuando empuja en el momento del nacimiento, es normal experimentar desgarros y laceraciones en el perineo, que es el área situada entre la vagina y en el ano. Incluso es posible que estos desgarros también ocurran en el cuello uterino.

No en vano, es tan común que se estima que más de la mitad de las mujeres embarazadas sufrirán al menos un pequeño desgarro después del parto. 

En lo que a los desgarros vaginales se refiere, es cierto que tiende a ser más comunes en los primeros partos vaginales. Y como opinan muchos expertos, es fundamental normalizar la noción del desgarro vaginal y no acudir al parto temiéndolo, porque en realidad suele ocurrir con bastante frecuencia (más de la que se piensa en un primer momento). Por tanto, conocer por qué ocurre es esencial, sobre todo a la hora de saber qué esperar tanto en el momento en que pueda producirse como después del nacimiento del bebé.

¿Qué es y en qué consiste un desgarro vaginal?

Un desgarro vaginal consiste en una laceración que se produce en el perineo cuando el bebé empuja para nacer. El perineo es el área situada entre la vagina y el recto, y cuando se produce, ocurre de forma espontánea, lo que significa que el médico no realizó ningún tipo de corte con la finalidad de ayudar al pequeño a salir al exterior.

Debemos tener en cuenta que, durante el parto, la vagina se estira lo suficiente como para permitir que el bebé la atraviese, cuya cabeza es de aproximadamente el tamaño de un melón. Con suerte, la vagina conseguirá estirarse lo suficiente como para no desgarrarse o romperse, pero a menudo ocurre lo inevitable, y se forma un desgarro.

¿Cuáles son las probabilidades de que se produzca al menos un desgarro vaginal?

A diferencia de lo que podría llegar a pensarse en un primer momento, la realidad es que las posibilidades de que se pueda producir un desgarro en el momento del parto vaginal son bastante elevadas, especialmente entre las embarazadas primerizas. No en vano, se calcula que en torno a un 95 por ciento de las mamás embarazadas por primera vez tienden a experimentar algún tipo de desgarro durante el parto, fundamentalmente porque el tejido se caracteriza por tener una menor flexibilidad.

No obstante, también existen otros factores que pueden contribuir a que las probabilidades de que se produzca un desgarro aumenten. Por ejemplo, un parto rápido o el sobrepeso suelen ser otros dos factores directamente relacionados, dado que el tejido no es tan capaz de estirarse cuando el bebé desciende, y tiene menos tiempo para poder adaptarse.

También se sabe que los bebés situados boca arriba suelen ejercer una presión adicional en la parte inferior de la vagina, mientras que tener un parto asistido por un fórceps o una ventosa, o incluso un trabajo de parto especialmente largo igualmente pueden acabar influyendo, ya que originan una hinchazón vaginal severa que aumenta las probabilidades.

Por suerte, hay buenas noticias. Y es que después de un primer parto vaginal, el tejido se vuelve bastante más flexible, por lo que en un próximo embarazo las probabilidades de que se rompa de nuevo son bastante más bajas. Dicho de otra forma: los desgarros vaginales son tremendamente comunes en el primer parto, pero no en los siguientes.

¿Cómo tratar el desgarro vaginal?

Aunque todos los desgarros vaginales son dolorosos, algunos necesitan de varios puntos después del nacimiento del bebé. Sin embargo, los desgarros más severos pueden acabar afectando al esfínter anal, por lo que es esencial seguir los consejos indicados por el médico para conseguir que el proceso de cicatrización y curación sea el más adecuado posible.

Si se experimenta un desgarro de primer o segundo grado, es normal sentir cierta incomodidad, sobre todo cuando la mamá permanece sentada con la espalda recta. Estas molestias suelen durar alrededor de una semana aproximadamente. Y también puede sentirse dolor al hacer cualquier cosa que origine un aumento de la presión en esa zona, como estornudar, toser o al realizar alguna evacuación intestinal. No obstante, a partir de la segunda semana lo más habitual es que el desgarro se haya curado casi del todo, y los puntos se hayan disuelto.

Sin embargo, los nervios y la fuerza total de los músculos podrían tardar varias semanas en tardar por completo.

No ocurre lo mismo con los desgarros de tercer y cuarto grado, dado que el proceso de curación suele llevar más tiempo. En estos casos, es común sentir dolor y molestias durante dos o tres semanas, a la vez que las molestias por realizar alguna evacuación intestinal, o incluso por mantener relaciones sexuales, pueden llegar a durar varios meses.

Una opción útil a la hora de aliviar las molestias es preparar y aplicar compresas frías, o baños de asiento a base de hierbas, al igual que las almohadillas frías con hamamelis. Los baños de asiento tibios durante 20 minutos, tres veces al día, pueden también ayudar a calmar el malestar.

Aunque es necesario saber cómo cuidar la herida para conseguir que los puntos puedan absorberse con el tiempo, previniendo infecciones y promoviendo la curación. 

Es fundamental limpiar el área con un poco de agua tibia durante y después de ir al baño, así como secar la zona con gasas o con toallitas de papel, pero siempre mediante suaves palmaditas, sin frotar. 

También te puede interesar:
Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

Continúa leyendo