Cuida el suelo pélvico

Masajes perineales, cómo hacerlos para preparar el parto

Ganar elasticidad en el periné para que el músculo se ablande y se distienda es el objetivo de estos masajes que tratan de evitar que haya desgarros o tenga que practicarse una episiotomía durante el parto vaginal. Te contamos todo sobre esta práctica que te ayudará a prepararte para el momento del expulsivo.

Masajes en el embarazo
Masajes en el embarazo (Foto: depositphotos)

Mantener el suelo pélvico en buenas condiciones es algo fundamental para la salud de la mujer porque ayudan a evitar la incontinencia urinaria, llevar una vida sexual placentera y, como no, a llegar bien preparada al momento del parto. Juegan un papel fundamental en este proceso y como tal hay que trabajar en su mejora con diferentes ejercicios de respiración y, de cara a la expulsión, también con los masajes perineales. Estos últimos no son más que una serie de movimientos suaves que se realizan con los dedos en el periné, la zona de los genitales externos y el ano, con los que la mujer aprende a reconocer la sensación de presión y estiramiento que se producirá con la llegada del bebé para tratar de prevenir algunos de los traumatismos posteriores propios de un parto vaginal.

El objetivo de estos masajes no es otro que lograr elasticidad en el periné para que el músculo se ablande, se distienda lo suficiente en el expulsivo y, por tanto, se evite que haya desgarros o tengan que practicar una episiotomía. Para ello, es recomendable que se realicen en la recta final del embarazo, alrededor de la semana 34, porque son un paso más de preparación al parto que ayuda a conseguir la sensación de relajación que se necesita para ese momento. Eso sí, siempre con la aprobación previa del ginecólogo y la matrona para evitar posibles contraindicaciones ya que no están recomendados si, por ejemplo, hay amenaza de parto prematuro, es un caso de placenta previa o sufres infección de orina.

La constancia es la clave

Ser constante es fundamental para que los masajes perineales resulten efectivos. Los expertos en la materia recomiendan por este motivo que se realice al menos un par de veces por semana, ya sea a manos de su pareja o que sea la propia embarazada quien se los practique a si misma. En cualquiera de los casos, lo mejor es tratar de buscar un momento del día tranquilo, situarse en un espacio cómodo y crear un ambiente relajado para llevarlo a cabo. Darse una ducha de agua caliente minutos antes puede ayudar a que los músculos estén ya más aliviados.

¿Cómo se hacen?

Con la vejiga vacía, la futura madre debe colocarse en cuclillas o semisentada y con las manos bien lavadas - y las uñas cortas para evitar arañazos- , aplicar un poco de aceite específico para la zona del periné, un lubricante con base acuosa o un poco de aceite de almendras en las yemas de los dedos para que estén bien lubricados y así introducirlos unos 3.4 centímetros en la vagina. Hay que tratar ejercer presión hacia abajo y hacia los dados para así estirar la zona con delicadeza e ir aumentando la presión poco a poco hasta notar una ligera sensación de escozor o quemazón. Trata también de colocar el pulgar, el dedo índice y el corazón por fuera a modo de pinza para realizar un suave vaivén, y un tercer movimiento importante es presionar durante un par de minutos con la yema de los dedos para que puedas familiarizarte con la sensación que aparecerá en el momento del parto cuando salga la cabeza del bebé.

Recuerda que es habitual que estés incómoda o sientas molestias, siempre y cuando estas aparezcan de un modo suave, pero en ningún caso los masajes perineales deben ser dolorosos, si es así, consulta con tu médico para ver dónde puede estar el problema.

Continúa leyendo